Fernandito

Fernandito


H. Zitácuaro, Mich. – Fernando Pérez Esquivel, mejor conocido como Fernandito, se convirtió en uno de los personajes emblemáticos de la ciudad a lo largo de varios años, su sencillez, nobleza, alegría, dedicación y trabajo era algo que lo distinguían diariamente.
Su labor era vender periódicos, sin importar que fueran actuales o pasados, debido a problemas de salud se le dificultaba caminar en los últimos meses de vida.
Se le encontraba, desde hace algún tiempo, a un costado de la plaza principal, por la calle Lerdo de Tejada poniente, esperando la llegada de sus clientes y ofertar sus productos, periódicos impresos con noticias locales.
Ahí postrado, sobre los escalones de una tienda departamental, Fernandito tenía en sus manos algunos periódicos que los medios de comunicación le donaban, para luego hacer la venta de los mismos.
Debido a problemas de lenguaje, no podía pronunciar algunas palabras u oraciones de manera correcta, lo que le caracterizó en su forma de expresarse.
Su lenguaje parecía al de un niño, al igual que sus rasgos físicos, algunos más le decían “Fenano”. Gozaba de buena estima en el gremio de periodistas, reporteros, voceadores y sociedad en general.
Cuando recorría las calles se podía observar a una persona que le caracterizaba su entusiasmo, su sonrisa en los labios y esa chispa de querer salir adelante.
Fernandito siempre gozó del aprecio, respeto y cariño de su señora madre Delia, quien veía a su hijo como su gran amor, dedicándole todo su tiempo.
Su señora madre procuraba siempre atenderlo y cuidarlo como si fuera un menor de edad, pero al fin y al cabo así es el amor de una madre hacia sus hijos. Quienes conocieron de cerca su vida, podían apreciar a una madre preocupada cuando no llegaba temprano a su casa, por lo que salía a buscarlo.
Lo cierto es que “Fenano” iluminaba las calles con su alegría. Rápidamente se convirtió, al paso del tiempo, en uno de los personajes apreciados de la ciudad.
Fernando Pérez llegó a tener una especie de cangurera donde guardaba sus monedas, de tal manera que en la cosecha de su jornada laboral ahí tenía su “caja chica”.
“Fenano” llegaba a los talleres donde se imprimían los diarios y semanarios, ahí se le entregaba un compendio de ejemplares. De manera gustosa recibía determinado número de periódicos, algunos se los daban de manera gratuita y otros le pedían una comisión.
Quizás “Fernandito”, en sus buenos tiempos, llegó a ser uno de los líderes en ventas de periódico, ya que en la ciudad los medios escritos llegaron a ocupar un lugar privilegiado en los lectores.
Hoy en las plazas y calles se extraña al amigo “Fer”, aquel personaje de aspecto sonriente, entusiasta, que repartía periódicos o revistas, llenos de historias y anécdotas, de tarde o de mañana llegaba a consultorios, despachos y hogares, así como a cualquier persona que iba caminando.
El director de un periódico, a manera de chascarrillo, llegó a decir del amigo Fernando Pérez que, cuando estaba vendiendo ejemplares le decía a la gente: “se lo vendo o se lo leo”. De manera inmediata el encargado de ese medio soltó la carcajada cuando respondió el mismo, “mejor se lo compro”.
El pasado martes 8 de diciembre se dio a conocer, en las redes sociales, su partida física. Lo que dejó entrever la tristeza de familiares y amigos.
“El buen Fernando Descanse en Paz, ya está con su querida madre, la Güerita Sonriente, como yo le decía…. Son ángeles que nos enseñan sin duda alguna”.
“Triste la noticia de Fer y como dicen, nos daba los periódicos atrasados, arrugados y con su paso ya lento”.
“Descanse en paz Fer. Un día estaba yo dando clases y llegó a ofrecerme unas revistas, como yo estaba ocupado se las pague sin ver las revistas, le dije que las dejara en mi escritorio de la oficina y se fue muy contento. Cuando me desocupe vi las revistas y ya eran de 10 años antes”.
Escribieron cibernautas comentarios y vivencias personales en la plataforma de Facebook.

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