Leopoldo Martínez Ruiz

H. Zitácuaro, Mich.– Leopoldo Martínez Ruiz nació en la ciudad de Celaya, Guanajuato, el 15 de septiembre de 1940, hijo único del matrimonio del profesor Miguel Martínez y la señora Beatriz Ruiz. La familia Martínez Ruiz decidió cambiar de residencia, cuando apenas Leopoldo tenía 5 años de edad, eligiendo a la ciudad de Zitácuaro.

Cursó la primaria en la escuela Cristóbal Colón, institución privada en al que el profesor Miguel era director. Posteriormente finalizó su preparación en la escuela Josefa Ortiz de Domínguez. A la edad de 14 años muere su apreciado padre, por lo que se queda a cargo de la manutención y responsabilidad del hogar, junto con su madre Beatriz.

Por tal motivo inició su vida laboral en una imprenta, así como en una carpintería y poder sostener los gastos que apremiaban en casa. A pesar de limitantes, puso su mejor esfuerzo y dedicación, estudió la carrera de contador público en la Escuela Bancaria y Comercial por correspondencia.

Con ese ánimo y entusiasmo que le caracterizaban, aplicó para un empleo en la oficina federal de Hacienda, que había en ese tiempo en la ciudad, en la década de los sesentas. Su labor era de excelencia y por acuerdo de asamblea fue elegido delegado, en los años de 1965 a 1967.

Se unió en matrimonio con la señorita Ma. Soledad Morales Pallares en 1965, quien fue su compañera de toda la vida. Formando así un sólido y ejemplar matrimonio, mismo que duró 54 años, hasta el fallecimiento de su esposa en 2019. De ese matrimonio llegaron 4 hijos, Leopoldo, Beatriz, Soledad y Amalia.

En el período del 1962 a 1966 obtuvo la representación como interventor de la Compañía Películas Nacionales S. de R. L., en los cines de la ciudad, Cine México, Avenida y Reforma. Mientras que por las mañanas trabajaba en Hacienda, por las tardes y noches como interventor en los cines, así eran las jornadas de trabajo de Don Polo Martínez, quien también los fines de semana laboraba en una carpintería.

Su visión por alcanzar nuevos proyectos le llevó a crear un taller de habilitaciones de madera, mismo que con el paso del tiempo se convirtió en proveedor de mangos para herramientas y habilitación de “Brochas Perfect”, empresa con sede en la Ciudad de México.

Posteriormente inició un negocio de compra y venta de muebles y aparatos eléctricos. Así, en 1970 se convirtió en Marsol y Compañía. Su fama y popularidad creció en la región y muchos consumidores conocían al negocio como Polo Marsol.

Participó de manera honoraria en grupos, asociaciones, cámaras y clubes de servicio. Por varios años fue titular de la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo de Zitácuaro.

De 1982 a 1992 fue consejero regional en el Banco Bital, institución que se convirtió en HSBC. Otro tiempo fue para Banca Serfín.

Presidente de la Federación de Cámaras de Comercio en el Estado de Michoacán (Fecanaco), de 1996 a 1997.

Consejero Nacional en la Confederación Nacional de Cámaras de Comercio, Servicios y Turismo de Mexicano (Concanaco), en 2000.

Presidente del Club Rotario en los períodos 1974, 1975, 2010, acumulando 48 años de socio.

Dirigente de la Asociación Nacional de Aparatos Domésticos, A.C. en 2010 y 2011.

Fue presidente de las Asociaciones de Padres de Familia en varias instituciones, como la primaria Niños Héroes, Colegio Lumena y Secundaria Nicolás Romero.

Con su esposa Soledad Morales, ambos fueron presidentes del Movimiento Familiar Cristiano de Zitácuaro e integrantes del grupo católico Encuentro Matrimonial.

Al participar en la elección para elegir alcalde de Zitácuaro, ganó la contienda electoral y fue electo presidente de Zitácuaro en la administración 2005 2007.

Entre algunas de sus obras, se encuentra la construcción del edificio anexo de la presidencia municipal, ampliación a 4 carriles del Libramiento Francisco J. Múgica y la reconstrucción de la Casona de la Estación, sitio en el que, en la actualidad, permanece una máquina de tren, que se adquirió en ese entonces.

Se cuenta también el apoyo a las 13 tenencias del municipio con infraestructura y obra pública, entre otros.

A Don Leopoldo Martínez lo recuerda su familia y sociedad zitacuarense como un hombre íntegro, ejemplar padre, cariñoso esposo.

Le caracterizaba un semblante amable y sonrisa afable, un guionista de su propia vida, rodeado siempre de amigos y familia que le brindaban respeto y cariño.

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