López Rayón, insurgente mexicano

Zitácuaro, Mich.- Ignacio López Rayón, uno de los dirigentes políticos más importantes y notables durante la primera mitad del siglo XIX, nació en Tlalpujahua, Michoacán, en 1773. Estudió en la Universidad Nicolaíta y se graduó como abogado en el Colegio de San Ildefonso.

Al fallecer su padre regresa a su tierra de origen, donde trabaja en la minería. En septiembre de 1810 estalla la Guerra de Independencia y López Rayón muestra gran interés por participar en este movimiento. Logra tener la confianza y aprecio del sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla en Maravatío. Rayón acude con sus hermanos para convencerlos de unirse al movimiento.

Además de proponer la creación de una Junta de Gobierno en Guadalajara, se promueve y publica El Despertador Americano. Su nombre resuena en las batallas de Monte de las Cruces, Aculco y Puente de Calderón, donde logra rescatar 300 mil pesos que pertenecían al ejército.

Como pieza importante de Hidalgo y de los principales caudillos del norte, es nombrado jefe del ejército en Saltillo. Sufre la traición de Catita de Baján, por lo que se marcha a Zacateas para continuar su lucha.

Tras derrotar a tropas realistas regresa a Zitácuaro, Michoacán, donde organiza la Suprema Junta Nacional Americana en agosto de 1811, quedando como Presidente, nombrando como vocales a Sixto Verduzco y a José María Liceaga.

CARTA DE MORELOS A RAYÓN

A tal efecto y a fin de obtener la representación debida en la Junta, escribió a Morelos en carta fechada el día 13 de julio, de la cual se conserva la respuesta dada por Morelos, en la que señala a Rayón su anuencia en formar la Junta, señalando en su representación para asistir a ella al sacerdote José Sixto Verduzco:

[…] En cuanto a formar la Junta, parece que estábamos en un mismo pensamiento y muchos días ha que la he deseado para evitar tantos males por los que nada hemos progresado, y por ellos he padecido hambres y desnudeces hasta llegar el caso de vender mi ropa de uso, quedándome con lo encapillado por socorrer las tropas.

[…]

Por este rumbo no hay letrado que poder comisionar de mi parte, y aunque yo no lo soy, pudiera, asistiendo a la Junta, allanar algunas dificultades por algunas experiencias; pero no pudiendo separarme un instante sin riesgo de perder, desde luego nombro en mi lugar al Dr. D. Sixto Berdusco, (sic) cura de Tuzantla, para que representando mi persona, concurra en la Junta a dictar lo conveniente a la causa para cortar el desorden y anarquía que amenaza, no haciéndolo en la persona de V.E., porque debiendo ser uno de los miembros de la Junta, no se diga que lo ha querido ser todo.

 

Expide Rayón leyes, reglamentos y proclamas, sin embargo deja la plaza de Zitácuaro ante el asedio de Calleja. Tiene sus diferencias con los otros miembros de la Junta y a pesar de ello forma parte del Congreso Constituyente instalado por José María Morelos en 1812.

Tiempo después, en compañía de su hermano Ramón, traslada el Congreso a Cóporo, Michoacán, pero es declarado traidor por negarse a reconocer la Junta instaurada por Agustín de Iturbide. Posteriormente es arrestado por Nicolás Bravo y puesto en las manos de los realistas. A pesar de recibir sentencia de muerte no se lleva a cabo su ejecución y es hasta 1820 cuando recibe su liberación junto con otros presos políticos.

Tras ocupar varios puestos en el gobierno alcanza el grado de General de División. Decide ir a radicar a Tacuba, donde años después fallece en 1832.

INSCRITO CON LETRAS DE ORO EN EL SALON DE LA CAMARA DE DIPUTADOS

Considerando que el general de división D. Ignacio López Rayón fue uno de los primeros y más ilustres caudillos de la Independencia, desde que se proclamó en 1810; luego de prisión y muerte de los beneméritos Hidalgo, Allende, Aldama, Abasolo y Jiménez, fue el que conservó el fuego sagrado que animó a los mexicanos para sostener la lucha.

Además de ser el primero que estableció un gobierno nacional en la Villa de San Juan Zitácuaro, se caracterizó siempre fiel a sus juramentos, con una constancia heroica y que hecho prisionero sufrió duros tratamientos y que hasta su muerte jamás desmintió sus generosos y patrióticos principios. El nombre del general López Rayón fue inscrito con letras de oro en la Cámara de Diputados.

EN TLALPUJAHUA SE TIENE EL MUSEO HERMANOS LÓPEZ RAYÓN

Hubo un tiempo en que la gente suspiraba por el oro, como pedacitos de sol escondidos en las entrañas de este suelo, un metal tan preciado y tan ajeno al sufrimiento del minero, que en su diario afán desgarró su existencia para extraerlo. Ahí en ese pueblo minero de Tlalpujahua se encontraba el señor Alfonso Morales, quien hizo todo lo que estuvo a su alcance, incluso el hablar con el presidente de la república, Adolfo López Mateos.

El presidente representó el último peldaño a escalar para rescatar el ayer de lo que fue el emporio minero de Dos Estrellas, sin embargo el fin de la minería había llegado.

Había tenido que regresar a la tierra donde construyó su infancia, en una casa de montaña y de ahí contemplar el parpadeo de las estrellas, un manto estelar que cubría a Tlalpujahua y desde ahí le nació el querer construir un Museo de Minería. Sus ideales y sus sueños lo llevaron a tocar puertas, muchas de ellas que se cerraron, pero la búsqueda de alcanzar ese ideal creció.

Se construyó un museo con un peso histórico, ahí en una finca semi destruida pero en pie, donde todavía se podía tener presente el recuerdo y el deambular de los hermanos López Rayón, aquellos antiguos dueños que preparaban las monturas para espolear los canceles e ir en pos de la libertad.

Hoy este mítico lugar se convirtió en un museo, que abrió al público en 1973 y en su interior hay grandes tesoros recogidos por aquí y por allá, algunos fueron donados, otros más fueron adquiridos; ahí se pueden encontrar también fotografías, maquetas, planos, aparatos, utensilios, archivos y cartas, algunas de ellas refieren a la actividad minera.

Gracias por leernos amigos y asiduos lectores de este semanario El Despertar, hasta la próxima.

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