Mario Coria, el primer floricultor mexicano en Nueva York

Tuxpan, Mich.- Mario Coria Álvarez se convirtió de agricultor en albañil en la Ciudad de México, pero su suerte cambiaría al conocer a un par de norteamericanos que lo invitaron a trabajar a los Estados Unidos y a pesar de su poca preparación académica y de no conocer el idioma extranjero supo superar esas adversidades, hasta convertirse en el pionero de la botánica, con el paso de los años llegó a formar una comunidad de trabajadores hispanos en Nueva York; es decir, un pequeño Tuxpan en la ciudad de los Rascacielos.

Los ojos de los americanos empezaron a ver el trabajo que realizaba Mario Coria en sus jardines de varias hectáreas y un día, en una fiesta, un reportero de la prestigiosa revista Times, que se edita en Estados Unidos, preguntó quien había sido el pionero de embellecer los jardines en esa ciudad y fue así que escribió un relato sobre migrantes mexicanos.

Cuando al reportero americano preguntó por el nombre del pionero, le respondieron que su nombre era Mario Coria y volvió a preguntar que dónde se encontraba, le dijeron que se encontraba en Tuxpan, Michoacán. Tiempo después llegaría a la calle Juárez, en la casa marcada con el 291. Ahí el reportero se entrevistó con Mario, con quien tardó varios días para escribir esta fascinante historia.  El Despertar pudo conocer de cerca a Mario Coria, con quien compartió este relato.

ALBAÑIL EN LA CIUDAD DE MÉXICO

“Cuando yo vivía en mi pueblo (Tuxpan), hasta los 11 años, desde muy pequeño, apenas me acuerdo, mi mamá me mandaba, para eso yo todos los días me levantaba a las 5 de la mañana a bajar los animales, las vacas, los becerros de mi padrastro, de mi abuelo y de un vecino, trabajaba en el campo. Yo trabajaba la gladiola, haba, chícharo, maíz, frijol. Mientras estaba de vacaciones o saliendo de la escuela tenía que irme a trabajar a la parcela de mi padrastro”, relató.

TENÍA QUE SUBIR HASTA CUATRO PISOS LA GRAVA Y EL CEMENTO

“Así fui creciendo, hasta los 11 años de edad que me fui a la ciudad de México, llegué y trabajé con los albañiles. De albañil trabajé 10 años. Fue pesado para mí, porque yo era una persona muy delgada, no bien alimentada, sin embargo tenía que subir el material. En ese tiempo se estaba empezando a construir Ciudad Tlatelolco, estoy hablando de 1961, se estaban empezando a construir los edificios de Tlatelolco, entonces yo tenía que subir la arena, la grava y el cemento cuatro pisos arriba. Sin embargo yo no tenía la suficiente fuerza, pero así lo hice. Ya después fui creciendo y el trabajo se me hizo menos pesado, pero al principio si fue un poco difícil”, agregó.

POCOS TIENEN LA BELLEZA DE TUXPAN

-¿Qué es lo que le atrae de este pueblo?- “Es un pueblo chiquito, pero hermoso donde abunda la naturaleza”. –y respondió-. “Eso precisamente, pocos pueblos tienen la belleza que tiene Tuxpan, porque parece que las montañas las podemos tocar con la mano. Es un valle hermoso, con unas montañas increíbles. Tenemos varios andadores. Yo subo a caminar por las tardes, acá por arriba subo y paso al pie de las montañas, paso a contemplar todo el valle y paso a contemplar la belleza de las montañas. Es un pueblo que (es) para mi único. Cuando venimos entrando de Zitácuaro o de Ciudad Hidalgo vemos el valle y las montañas”, subrayó.

-¿Le falta explotarlo más en cuanto a lo turístico?- respondió. “No hay gobernantes, ni a nivel pueblo ni a nivel estado, que les interese crear; porque Tuxpan tiene mucho, que si hubiera un gobernante responsable y deseoso de ver progresar a su pueblo lo haría y hay muchas actividades, pero estamos dormidos en nuestra apatía y pues no podemos”.

TUXPAN FUE PUEBLO MÁGICO

Recordó que hace muchos años “Tuxpan tenía sus calles empedradas, era un pueblo mágico,  todas sus casas de adobe y de teja, teníamos mesones, eso era algo especial; pero no hubo un gobierno que detuviera las construcciones modernas, pues todo mundo llegaba a gobernar y se salió de control. (Tuxpan) no es ni moderno ni colonial”.

EL RESPETO Y EL AGRADECIMIENTO, VALORES QUE VAN DE LA MANO

“A mi me quedó bien claro cuando me vine de los Estados Unidos, a mi mis patrones me hicieron una fiesta muy grande de despedida, no querían que me viniera, y no porque yo sea una persona excepcional, pero sí me ha gustado siempre respetar, agradecer. Son dos valores que van de la mano, el respeto y la gratitud, los cuales se han perdido, porque ya los padres no se preocupan porque los niños, desde pequeños, sean respetuosos y sean agradecidos, al pedir las cosas por favor y dar las gracias”, anotó.

“Yo tengo un sobrinito nieto de tres años, estuvo conmigo tres años y de aquí se fue pidiendo todo por favor y gracias, saludando a la gente correctamente, despidiéndose correctamente y me di cuenta de tantas cosas que puede uno crear en los niños, buenos o malos, pero depende de nosotros, de los valores que tengamos”.

Esta es la primer parte que les ofrecemos a nuestros asiduos lectores de El Despertar, de esta fascinante historia, recordando que Mario Coria ha sido el primer floricultor mexicano en trabajar en residencias de la ciudad de Nueva York. Gracias a que invitó a mas paisanos a trabajar, se calcula que hay una comunidad de 3 mil tuxpeños en East Hampton, Nueva York.

Ello ocurrió gracias a una pareja de extranjeros, que se los había encontrado un fin de semana en la Alameda de la ciudad de México, de esta manera entabló una maravillosa, larga y duradera amistad. Amistad que continúa hasta la actualidad, pero de ello les comentaremos en nuestra siguiente edición. Hasta pronto y muchas gracias.

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