Personaje de la Semana

Emelia Vázquez Salvador

H. Zitácuaro, Mich. – Emelia Vázquez Salvador, mejor conocida como “Melí”, nació en la comunidad de Crescencio Morales, en la manzana del Rincón.  Forma parte de una red de abogadas indígenas y promotoras de derechos en el estado. Además, es miembro de otras organizaciones que están en favor de los derechos de las mujeres.

Nació el día 24 de junio de 1970, es la sexta de diez hermanos, siete hombres y tres mujeres. Cuando tenía seis meses de nacida su familia decidió emigrar a la Ciudad de México, ahí su madre lavaba y planchaba ropa, así mismo bordaba servilletas para obtener el ingreso familiar.

Junto a sus padres y sus hermanos vivían en la colonia Santa Cruz Atoyac, frente a la delegación Benito Juárez, donde también vivían varias familias mazahuas.

Sus hermanos mayores se hacían cargo de los hermanos pequeños. Ellos vendían periódico y boleaban zapatos, para ayudar a la casa. Su madre se encargó de mandar a todos a la escuela a cursar su educación básica.

Con la ayuda de sus hijos, la madre de Emelia fue dando mensualidades para su casa de interés social, en la unidad habitacional Vicente Guerrero, en Iztapalapa.

Emelia entró a la escuela, también le tocó cuidar a los hermanos más pequeños, así como a ella la cuidaron los mayores. En ese entonces su hermano se recibió de doctor, fue un ejemplo para ella.

Fueron objeto de discriminación en la colonia y les decían indias, por lo cual dejaron de utilizar su vestimenta mazahua, ya que su madre sabía confeccionar ropa. Su padre, en ese tiempo, les prohibió hablar y vestirse como acostumbraban.

No obstante, dentro de la casa la madre del hogar seguía moliendo en metate, utilizando todavía muchas costumbres de sus comunidades de origen.

A la edad de diez años Emelia no sólo ayudaba en los quehaceres del hogar, también aportaba al sustento familiar, planchando y lavando ajeno. Con ese apoyo evitó que la “sacaran” de la escuela. Incluso, les decía a sus padres: “yo quiero estudiar, quiero tener otra vida”. Ir a la escuela era su gran sueño y lo demostró en sus calificaciones.

Con muchos esfuerzos llegó a la universidad, cursó el segundo semestre de contabilidad en la ESCA del Casco de Santo Tomás, del IPN.

Sólo la enfermedad pudo detener su compromiso y propósito de estudiante. Su hermano, que es doctor, se percató de que tenía un tumor, la operaron y después de dos años de recuperación decidió regresar a la escuela, pero no la aceptaron.

Tiempo más tarde su madre enfermó, comenzó a tener complicaciones de salud y a retener líquidos. La situación médica de su madre era muy delicada y no tenía más remedio que regresar a Crescencio Morales, ya le quedaba poco tiempo de vida a su progenitora. Además de que sus hermanos mayores, todos casados, no podían cuidar a su madre.

Para ayudar y cooperar con los gastos de la casa, Emelia entró como maestra en el INEA. Simultáneamente, también trabajaba en la clínica con el doctor de la comunidad, impartiendo talleres.

Más tarde se convirtió en la representante legal de la Asociación, conocida como Fundación Mazahua Otomí, Mazot, que conformaron dicho grupo doce mujeres. Tiempo después se construyó la Casa de la Mujer Indígena.

Se encargó de realizar pláticas y talleres en distintos temas, dirigidos a mujeres, como salud sexual y reproductiva, derechos de la mujer y derechos indígenas.

Impartía clases en el INEA para la comunidad jñatjo, para quienes quisieran terminar su primaria y secundaria. Formó parte del comité de fiesta,  con el propósito de recuperar y difundir la cultura mazahua.

Al ser parte de la Red de Abogadas y Promotoras en Derechos Indígenas, la motivó para estudiar y ser abogada, y poder ayudar a las mujeres.

Recuerda que su abuela, cuando vivía en la Vicente Guerrero (CDMX), ella recibía y ayudaba a quienes llegaban a trabajar a la Ciudad de México y les conseguía trabajo.

El alcoholismo en su padre también marcó su vida, considera que es importante ayudar a las mujeres que están en situación de violencia doméstica, como la experiencia que pasó su madre, ahora explica que ayudar a otras mujeres es una manera de sanarse así misma.

Actualmente Emelia Vázquez pertenece a la Red de Abogadas Indígenas y Promotoras de Derechos de Michoacán, forma parte de la Asamblea Nacional Política de Mujeres Indígenas, miembro de las “Leonas de la Corregidora”, que es una asociación de mujeres que trabaja en favor de los derechos de las féminas.

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