Ramón Morales, “Monchito”

H. Zitácuaro, Mich. – Ni es “superhéroe”, ni la gente puede contar con su astucia. Tampoco es el “Chapulín Colorado”, simplemente es “Monchito”. Un personaje de Zitácuaro, que a lo largo de muchos años se ha caracterizado por recorrer las calles de la ciudad, en busca de ofrecer sus servicios como repartidor de periódicos, revistas y hasta discos compactos.

Tampoco su escudo es un corazón, ni nada por el estilo, Ramón Morales, mejor conocido como “Món”, se ha ganado el cariño y respeto de la sociedad zitacuarense.

Tiene un lenguaje muy particular, dialoga con todo mundo a pesar de sus deficiencias en materia de comunicación, se comunica a través de señas y algunas palabras entrecortadas.

“Monchito” nació en esta población, un 25 de marzo de 1956 y empezó a trabajar a temprana edad en el comercio informal, vendiendo chicles y dulces. La desigualdad social en la que vivió lo obligó a desempeñarse como ayudante de limpieza en cantinas, otras veces vendía jugos, refrescos y tortas.

Estos han sido algunos ejemplos en los que su esfuerzo y tenacidad lo llevaban siempre a seguir adelante, luego a terminar de convertirse en uno de los principales protagonistas en la venta del periódico impreso.

Algunos burócratas o empleados de oficina o bancarios veían a Ramón como una persona eficiente, inteligente y trabajadora, por lo que lo enviaban a “mandados”, para traerles su periódico o revistas de su preferencia. De tal manera que este ha sido uno de sus oficios principales, caminar decenas de calles, llegar a los hogares o negocios para hacer sus entregas.

Sobre sus estudios académicos “Monchito” llegó en su niñez o juventud a la escuela primaria “Benito Juárez”, la cual se localiza en céntricas calles de la ciudad, para tomar clases, en horario matutino, con el único propósito de aprender a leer y escribir.

Hoy en día se le observa al “voceador” con periódicos, revistas y hasta discos compactos de música o películas, con el único fin de obtener su propio sueldo, ganado con el sudor de su frente, y de ahí costear sus servicios.

Por ejemplo, en la actualidad no vive en casa propia, por lo que tiene que sufragar con su remuneración el pago por el alojamiento.

Hay ocasiones que se levanta a las 5 o 6 de la mañana y para saber la hora en la que tiene que iniciar su jornada laboral, observa un reloj de gran tamaño en la pared.

Cuando finaliza su trabajo, llega a su casa, prende la televisión y observa con detenimiento aquella pantalla chica conectada a la luz y con los canales que ofrece la televisión gratuita, no de paga, como de la empresa “Telecable”.

En materia de cupido, “Ramoncito” también tiene su corazoncito y al preguntarle a uno de sus interlocutores, en un puesto de revistas, sobre si se ha enamorado, la respuesta es contundente, con una gran carcajada y sonrisa dibujada en su rostro.

“Monchito” se ha ganado un lugar preferencial en los zitacuarenses, muchos lo saludan, otros se detienen a dialogar con él, otros más le compran sus periódicos y revistas.

Lo cierto es que Ramón Morales se ha convertido en parte de la nostalgia urbana, aquel hombre que tiene una historia increíble y que lleva el periódico de papel para informar a los ciudadanos sobre los acontecimientos cotidianos.

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