Rodolfo Rojas “El Tarato” 

Por: Gabriel Gómez Rodríguez

H. Zitácuaro, Mich. – Rodolfo Rojas Pompa, mejor conocido como “El Tarato”, fue uno de los cantineros más populares de Zitácuaro. A lo largo de más de tres décadas atendió en su establecimiento ubicado en céntricas calles de la ciudad.Inicialmente tenía su negocio en la calle de 5 de Mayo sur, a media cuadra del jardín central, posteriormente se cambió a la calle de Doctor Emilio García sur, esquina con José Ma. Coss.

De acuerdo a la información proporcionada por uno de sus hijos, Rodolfo Rojas Servín, entrevistado por “El Despertar”,relató que su padre -hoy extinto- participó en los trabajos de la Presa del Bosque, posteriormente laboró para una empresa constructora de carreteras.

Con el tiempo la compañía tuvo que cerrar y se vio obligada a liquidar a los trabajadores. Del dinero que obtuvo de ese finiquito, “El Tarato” puso una cantina en la casa de su mamá, la cual estaba en la calle de 5 de Mayo No. 19.

Después falleció su madre y por cuestiones hereditarias se tuvo que vender la propiedad, entonces el bar se cambió a la calle de Doctor Emilio García sur, esquina con José. Ma. Coss poniente. Ese inmueble comercial llevaba el nombre de bar “La Escondida”, también la gente lo ubicaba como la cantina de “El Tarato”, ya que era muy conocido en la población.

Resulta que en una ocasión estaba él jugando billar, cuando alguien exclamó: “jíncale taratito, jíncale taratito”, de ahí surgió ese apodo, el cual llevó prácticamente toda su vida.

Un hecho curioso, es que, en esa manzana, en cada esquina había un bar, entre ellas: “Charas”, del señor Isidro Carranza; “El Infierno”, de Miguel Romo, “Lito” y “La Escondida”.

Por aquel tiempo había quienes tenían los recursos económicos y el tiempo para recorrer hasta los cuatro antros.

También se acostumbraba la hora de la botana o la hora del amigo, donde se ofrecían caldos y garnachas para que la gente acudiera a esos lugares, “La Escondida” llegaba a dar mojarras o pescados un día por semana.

Rojas Servín, hijo de “El Tarato”, también participaba en el trabajo cotidiano de ese lugar, lavando vasos, platos, traer el vino y estar al servicio de su padre.

Al propietario de “La Escondida” le gustaba ayudar a la gente cuando la situación lo ameritaba. Por ejemplo, había personas que no tenían recursos económicos y no lesalcanzaba para pagar una bebida, más cuando tenían una cruda física y moral.

A otros más les decía que si en ese momento no tenían para pagar, que regresaran después para que se pusieran al corriente. De tal manera que no cerraba su mano para ayudar al prójimo.

Un dato, es que Rojas Pompa en vida fue una persona honesta, cobraba lo justo a sus clientes y cuando había alguien que perdiera sus pertenencias en su establecimiento, ya fuera la cartera o el reloj, esos artículos eran entregados a sus dueños.

Al lugar siempre se permitía el acceso a los músicos, ahí tenían su fuente de trabajo, ya fuera mariachis, grupos de norteño, tríos, guitarristas y cantantes solistas. Lo mismo llegaban otras personas, como boleros o chicleros y todo mundo era bienvenido a ese bar.

Profesaba la religión católica y no realizaba su jornada laboral sin antes encomendarse a Dios, lo mismo daba gracias a Dios y a la Iglesia de Los Remedios. También acostumbraba a sacar copias de la Novena para dejarlas en el templo, para cuando la gente llegara a ocupar esas oraciones.

Una de sus estrategias como vendedor es que procuraba mejorar los precios de la competencia, además de que regalaba las botanas y tenía un trato preferencial por sus visitantes.

Rodolfo Rojas Pompa lo recuerdan también por sus frases conocidas, como: “si quieres tomar mucho y barato, ven con tu amigo El Tarato”, “Chivo pedido, chivo pagado”, entre otras.

Nació en Zitácuaro, Michoacán, y se conoció con Margarita Servín Almanza en la población de Salvatierra Guanajuato, de la cual ella es originaria.

Tiempo después se casaron en Zitácuaro y de ahí inició su vida matrimonial, procreando cuatro hijos, algunos de ellos profesionistas.

Uno de sus hijos continúa el legado de su padre, ese lugar está ubicado sobre la calle de Guillermo Prieto, a unos pasos de la Cruz Roja.

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