Sor María del Carmen

Zitácuaro, Mich., a 20 de marzo de 2017.- Sor María del Carmen Cruz Paniagua es originaria de Salvatierra, Guanajuato. A la edad de 15 años decidió poner su vida al servicio de Dios y se incorporó a la “Congregación Misioneras Hijas del Calvario”. Hoy cuenta con 76 años.

Luego de viajar por diferentes partes de la república mexicana fue comisionada por sus superiores para brindar sus servicios al internado para niños “Fray Manuel Ortiz”, de esta ciudad de Zitácuaro, hace aproximadamente seis años.

Sor María ha continuado la misión que ha venido realizado la Congregación de las Misioneras Hijas del Calvario, cuyas fundadoras, en su momento, ofrecieron su labor altruista, como María Ernestina y María Enriqueta Larrainzar, así como del padre fundador Fray Manuel Ortiz.

Dicha congregación llegó a Zitácuaro un 28 de enero de 1953, a petición del señor Cirilo Espinoza Sánchez, quien donó para este fin el terreno, con el objetivo de realizar una labor social y colaborar con las familias más necesitadas.

El objetivo de estas misioneras, igual que el de Sor María del Carmen, ha sido brindar atención, cariño y comprensión a niños pobres o de escasos recursos, a hijos de madres o padres solteros, niños desamparados en situación de alta vulnerabilidad, atendiendo sus necesidades de casa, vestido, alimentación, salud y educación, procurando siempre su desarrollo humano y espiritual a través de los principios cristianos que los lleve a ser mejores personas.

Sor María anteriormente radicaba en el estado de Durango, brindando asistencia social en un asilo de ancianos; entre las actividades que realizaba, era darles de comer a las personas de la tercera edad, llevarlos a dormir, en la mañana ir a cada habitación para despertarlos, realizarles la limpieza en sus dormitorios y luego asearlos, entre otros servicios. También en ocasiones les daba de comer a los adultos mayores en la boca, ya que algunos no podían ser autosuficientes.

En Celaya, Guanajuato, la religiosa pasó una etapa de su vida trabajando al servicio de una comunidad estudiantil, desarrollando su vocación de instruir a jóvenes.

Algunos días de la semana Sor María del Carmen sale a las calles, acompañada de niños de la casa hogar “Fray Manuel Ortiz” y acude a algunos establecimientos o mercados para recolectar víveres o incluso hasta aportaciones económicas.

“Me encargo de visitar algunas personas de buena voluntad, interesadas en ayudar al internado”, explicó Sor María, “yo veo que me respetan, me estiman, yo también los quiero, los respeto y pido a Dios por ellos para que los ayude y los socorra”.

“Yo les doy apoyo, según lo que yo veo ellos necesitan, al estar conviviendo con ellos, uno está viendo qué necesita cada uno de ellos. Por lo general se puede ver que hay niños que son de bajos recursos económicos y donde con frecuencia persiste la desintegración familiar”, subrayó.

“Servir a la sociedad es también servir a Dios”, resaltó Sor María del Carmen como uno de principios importantes para atender a los niños y ancianos que requieren apoyo y servicio.

“Los niños, si no tienen ese cariño del papá y la mamá, adolecen de amor y luego tienen muchas debilidades en todos los aspectos. Se han dado casos en que los niños han sufrido el abandono de ambos padres”, indicó.

En el internado se les otorga a los niños educación primaria, educación religiosa y además se les da catequesis, que es una enseñanza para recibir especialmente el bautismo o la primera comunión.

También llegan a la institución niños que han experimentado diversas situaciones personales difíciles; por ejemplo, niños que pasan varias horas en la calle, ya sea porque no está la mamá o porque no está el papá, careciendo la mayoría de alguno de ellos. “Tratamos de estar siempre con los niños y no los dejamos solos”, explicó la misionera.

“La satisfacción que uno va teniendo es el brindarles la confianza para que los niños se vayan acercando, que haya confianza, que platiquen sus inquietudes, lo que piensan y que ellos de alguna manera buscan a las madres para platicar, para desahogarse. Ellos aceptan los consejos, orientaciones. Cuando los niños avanzan es una satisfacción, que cada día van saliendo adelante, puesto que cada menor tiene su historia personal”.

Ha habido casos en que los menores son rechazados por sus propias madres o padres, pero han encontrado ese calor de hogar en el albergue, donde se les inculcan valores, como el amor, responsabilidad, disciplina, compañerismo, tolerancia, libertad, amistad, verdad, perdón, estudio, respeto y trabajo.

Sor María del Carmen se levanta todos los días con el mismo entusiasmo y alegría de siempre, haciendo esta labor humanitaria y social en favor de niños desamparados, a quienes los ha llevado por el buen camino, asistiéndoles con alimentación y orientación espiritual. Ella recibe a cambio la gran satisfacción de servir al prójimo, que es servir a Dios.

Hasta la próxima a nuestros asiduos lectores de El Despertar.

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