Política en lo oscurito

Los circos vuelven a las andadas

Don Cedano toda circunspección, apoltronado, despatarrado y contrahecho entre los mullidos cojines que llenan todos los vacíos de su enorme poltrona, despotricaba contra sus maltrechas carnes que, aun así, no se sentían satisfechas de estar echadas, tiradas sin un fin superior, elucubrando sobre si valía la pena tanta comodidad, sino era necesario estresarlas algo para que despertaran de ese letargo llamado modernidad. Las camas de piedra han quedado en el recuerdo, y hasta en la inquina con la que cantaba esa famosa canción era cosa del pasado, ahora la enorme poltrona es el regazo tibio donde mis noches de inspiración se vuelven letras.

 Así, en la comodidad ganada a la mente zafia que desea el dolor como redención, Don Cedano recordó sus años mozos, cuando leía con avidez las etiquetas de los cereales y el contenido del champú con la misma fruición con que leía a Carlos Fuentes o a Luis Spota… bueno, la comparación suena a sátira, ¿Pero… qué parte de la vida no lo es?

Así que Don Cedano apoltronado, mirando el infinito, a la espera que las diosas le mandaran las imágenes que necesitaba en ese momento para lograr, ahora sí y para siempre, el bombazo de su ingenio y saliera la mejor novela jamás escrita, y solo atinaba a ver la telenovela en lo que se convertía la política en México, con un presidente danzando al son de las críticas y sus actores secundarios aplaudiendo sin identificar a que. Con esa imagen recordé un buen libro, escrito por un gringo que pareciese sabía más de México que Don Cedano, ese gringo escribió el libro llamado “Azteca”, se llama Gary Jennings.

 Dije el Azteca, porque es el más famoso, pero el que me llegó a la memoria es el que se titula “Lentejuelas”, publicado en 1987 y Don Cedano lo leyó por allá en 1993 o 1994, realmente nuevecito, tomando en cuenta que en aquellos tiempos era difícil conseguirlos, era mucha burocracia, que nos hacía deleitarlos con harta emoción, y ¿Por qué ese y no otro? ¡Ah! Porqué la política es un circo, donde los trapecistas son los protagonistas, junto con el dueño del circo… pero hablábamos de que Don Cedano había leído una novela llamada “Lentejuelas”, esta transcurría en el mundo del circo, la única que Don Cedano ha leído relacionada a ese trabajo y no cree encontrar otra mejor… desde luego están buenas las funciones circenses de la mañanera, pero ese trabajo no lo entendemos todos, solo un público fiel llamado chairo, no sé si tenga alguna connotación o no, pero así son las cosas.

 La novela habla de un circo de esos de a deveras, del que todavía no se echaba a perder con los descubrimientos de maltrato animal que sueñan los políticos. Las funciones defendiendo las habilidades de los animales eran de antología, nos manteníamos al filo de la butaca ante payasos, saltimbanquis, equilibristas, jinetes o domadores, igualito que en la mañanera, ja, ja, ja, ¡oh, pues, nada les gusta! Sigamos con la novela, que es más interesante, pero es que… ¡la mañanera!, ja, ja, ja…

 Bueno, la novela empieza cuando dos soldados se han quedado con las manos vacías sin saber qué hacer cuando ha terminado la guerra de secesión en Estados Unidos, como cuando te quitan la paleta que has estado chupando desde hace minutos y te programa para que sean horas, de pronto se te cae a un desfiladero, te quedas mirando con desesperación y resignación y solo atinas a ver dónde quedó tirada esa paleta. Así se quedaron dos soldados, con las manos calientes de tanto disparar, pero ya sin un blanco, ya sin parque, ya sin un ideal, ya sin un enemigo a quien abatir, caminando se encontraron a un elefante perdido, y se extrañaron porque los elefantes no son endémicos de América, así supieron que pertenecía al circo “Floreciente Florilegio de las Maravillas de Florián”, no sé ustedes, pero a mí me sonó “el cuatroté que acaba con la corrucjion”, ja, ja, ja, es qué…

Ya saben, los soldados entregan al elefante, que se llama Peggy, porque es elefanta, en ese tiempo no había esa ideología de género, a lo mejor se auto percibía elefante y proclamaría sus derechos a ser elefante, no sé, algo así podría haber sucedido, pero no sucedió. Los soldados necesitados de acción y con animales a su cargo, entraron a un circo mermado por la guerra, pero que se mantenía activo, gracias a que en los pequeños poblados la guerra no había sido tan cruenta y podían darse el lujo de asistir a las funciones, los soldados entrarían a prueba como jinetes y tiradores, porque sabían de eso y traían sus propias armas.

 Florián, el dueño del circo, sabe que con lo que ganan en los pequeños poblados apenas le da para vivir y éste sueña con ser un circo enorme, referente, los que saben de circos, saben que la novela se basó en la forma en que se conformó (sic) el Ringling Brothers y un suceso funesto los obligó a cruzar el Océano, rumbo a Europa, era el sueño de Florián, el de llegar a París, donde triunfaría indudablemente. Así que, enfocados en ese derrotero, van de pueblo en pueblo recogiendo talento. En París necesitarán a los mejores y entre ellos acogieron a Mullenax que cuenta con un globo aerostático y unos cerdos amaestrados, la suerte, que es inventada para que la novela crezca, ya saben.

 La suerte pues hace que encuentren un vagón abandonado con dinero, ese es el pasaje que necesitan para viajar a Europa. En Baltimore toman el barco que los llevará a Livorno, Italia, llevan ya muchos actores, que han ido recogiendo en el camino, incluyendo los que antes pertenecían a otros circos, como las malabaristas, después los soldados, ya confiados y en confianza con Florián le cambian el nombre, ahora se llamará “Circo Americano, Mixto, Confederado, Zoológico y Exposición Cultural”, tanto así andaban ya de adentrados en el medio, aunque eso de confederado sonaba más bien a perdedores nostálgicos, pero en Europa ¿Quién se preocuparía por un concepto o idea de ese tipo, que solo sonaba a burla en los Estados Unidos? Y claro que triunfaron, y triunfaron en París, inaugurando la gloriosa etapa de los enormes circos, con espectáculos esplendorosos y variopintos.

 Don Cedano al recordar esa novela, se relame los bigotes, hasta le daban ganas de releerla, pero como ya está viejo y es un libro de más de mil páginas, como que ya le da flojerita, prefiere visitar a Tácito o a Sócrates, al menos esos viejos están en sintonía, como lo está el cuatroté con la novela, también es un circo, que le está dando poder a los soldados, que ha agarrado cirqueros de distintos lugares y circos, que tiene un dueño, llamado San Péjele, y que es amigo de los confederados perdedores ahora llamados liberales, que al final todos murieron y quiere llevar su circo a nivel mundial, pero solo es aplaudido por… ¿Por..?, bueno, por ya saben quién, y que desde luego no es entretenido para muchos de nosotros,  pero sí para sus seguidores y ellos son los que hacen el espectáculo divertido.

 Por ejemplo, subió el precio de la gasolina, antes se llamaban gasolinazos, ahora no, ahora se llama libre mercado, y debe ser aceptado; antes te vacunaban con algún líquido del que traen las vacunas, ahora con aire, y culpas a alguien que te trae tirria, y debe ser la antigua mafia del poder, sino no pega, ahora que se requiere mucho atole, mucha labia y mucho circo, porque empiezan las campañas y nos vamos a chutar, bueno, se van a chutar millones de spots si tienen estómago donde podrán endulzarse el oído con todo aquello que han deseado por siempre, como la careada justicia social de acabar con la corrupción, ja, ja, ja…

 Díganle a San Péjele que Peña Nieto, con todo y sus deficiencias, no del habla, pero si las que le salían, sí con todo y eso metió a más personajes corruptos a la cárcel que San Péjele; que Calderón metió a la cárcel a más delincuentes que San Péjele, y que Calderón con todo y su guerra fallida, tuvo menos muertos en seis años, que los que lleva San Péjele en dos, y que su buque insignia en Veracruz se está hundiendo en la violencia, hasta parece que estamos con Fidel Herrera, han desaparecido a muchos comunicadores, pero en este circo que empieza veremos que ahora sí estamos como en Noruega, que no hay corrupción, porque el jefe no roba y confiamos en que así sea, y que el entrante en 2024 sea meticuloso en la revisión de la administración pasada, como lo es en el discurso San Péjele en esta.

 Mientras vemos como por todos lados salen cirqueros o saltimbanquis, unos que eran del Prit, otros del Perderé y ahora son fieles seguidores de una transformación que sí es efectiva, pero en los burros de mi compadre, yo por salud apago la radio y leo a Platón, algo bueno se me pegará.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *