Posicionamiento de la Red de Colectivas Feministas Michoacán “Marchamos Juntas 8M2022”


Las mujeres ocupamos una vez más el espacio público para manifestarnos, porque la
libertad de expresión es un derecho humano que todas tenemos.
En diciembre se publicó una nota periodística, señalando que el Ayuntamiento de Morelia
denunciaría penalmente a las feministas que realizaran iconoclasia en el Centro Histórico.
Se nos advirtió de ello para contener patriarcalmente nuestra digna rabia, porque para
ellos una piedra, un edificio o una estatua son más importantes que la vida y los derechos
de las mujeres.
Hoy nos centramos en esta plaza, no porque sus palabras nos den miedo, sino porque las
mujeres tenemos que “enseñarles a los machos, violentos y patriarcales” que el deber del
Ayuntamiento o de cualquier otro nivel de gobierno, no es el coartar nuestro derecho,
sino generar acciones preventivas para que ninguna mujer o niña sienta miedo de caminar
en las calles del centro o de cualquier otra parte de Morelia.
Los gobiernos y más aún los municipales en donde hay alerta de violencia de género, nos
siguen demostrando su incapacidad de empatía política y social para atender uno de los
más grandes problemas que aquejan al Estado, y por ende como efecto dominó, que se
replica en todo el país. Estas son las violencias que vivimos millones y millones de mujeres,
niñas y niños al día.
Como ejemplo, tomemos Morelia, un municipio que desde 2016, año en el que gobernó
por primera vez el presidente municipal Alfonso Martínez Alcázar, el cual, hoy a su
regreso, como hace 6 años, no sabe y no le importa trabajar por garantizar los derechos
humanos de las mujeres. Lo mismo, que el coordinador del centro histórico, quien
desafortunadamente sólo se abocó a contabilizar mil metros de pintas en el centro de a
ciudad, en vez de generar una política transversal para atender la violencia comunitaria
que las mujeres vivimos día a día al transitar la ciudad, del único cuadro que les importa:
el Centro Histórico.
Porque una vez más, cual gobierno opresor, macho patriarcal, a este sólo le preocupa más
la imagen que se le da al turismo y no la seguridad de sus ciudadanas. Pareciera que el
turismo es lo único sostiene la política municipal y que Morelia no es más que el Centro
Histórico, efectivamente eso es lo que es, Morelia no es segura para una mujer, es una
ciudad destruida no por nuestras pintas, pero si por su gobierno represor.
Es desafortunado saber que Michoacán desde la administración Silvanista, sin restas
responsabilidad de los gobiernos anteriores, nuestro estado es un Estado Feminicida, por
eso marchamos de inconformidad por el clasismo con el que se manejan los casos de las
víctimas de feminicidio. Aún existen cientos de carpetas de investigación sin ser atendidas;

así como casos y denuncias que mujeres realizan día a día en el Centro de Justicia Integral
para las Mujeres. Es real y definitivo que vivimos en un Estado de indefensión jurídica e
igualitaria.
Es lamentable que el gobierno actual este más preocupado por un edificio, que por las
miles y miles de mujeres y niñas que viven violencia al interior de sus hogares, de sus
comunidades. No existen acciones que impacten para erradicar la violencia institucional o
la violencia social contra las mujeres.
Es lamentable que importe más un Patrimonio Cultural, que nos recuerda la opresión
constante de millones de mujeres, niñas, niños y hombres indígenas, y una calificación de
la UNESCO, que la determinación del valor del patrimonio de la “humanidad” y no el valor
a la vida humana. Acabamos de ser espectadoras de lo que hombres están dispuestos a
hacer por un partido de fútbol, como en días pasados, donde varones sin humanidad,
carentes de toda empatía, agredieron a diestra y siniestra en un evento deportivo,
considerado como un evento de unión y de paz, que terminó siendo el acto más patético
de homicidio en la historia de este deporte en el país.
La iconoclasia se puede limpiar, los muros de opresión puestos en el Palacio de Gobierno,
son iguales a los que Trump imaginó en la frontera con México. Muros que dividen el
diálogo y la comprensión de lo que adolecemos las familias de feminicidio; muros que nos
enseñan la carencia de conocimiento y el mínimo respeto a una lucha social de izquierda
de años en la historia.
Podemos no estar de acuerdo cuando se pinta, cuando se tumba un monumento que nos
recordaba la opresión y esclavitud que vivieron los pueblos originarios de Michoacán;
podemos no estar de acuerdo con la rabia y el grito de exigir justicia, pero entre nosotras
no podemos juzgarnos, no ser empáticas con el dolor que produce perder a una madre,
hija, una hermana o una amiga.
No podemos frenar la impotencia de nunca lograr ver el regreso nuestras mujeres. No
podemos juzgar el hilo de fé del que se aferran las familias cuando existen pocas pistas
recolectadas por la fiscalía para esclarecer el feminicidio, la violación o la desaparición
forzada de esas mujeres que aún nos faltan.
No seamos como el sistema patriarcal que nos obliga a competir, a señalarnos y anularnos
entre nosotras, no seamos más indiferentes. Nuestra meta es el de darnos apoyo,
comprensión y ánimo para seguir luchando contra el sistema patriarcal que nos quiere
sumisas, nos quiere calladitas y nos quiere temerosas.
Este 8 de marzo, las mujeres salimos a manifestarnos, para seguir exigiendo nuestros
derechos, marchamos porque existe una cultura patriarcal, que nos violenta, invisibiliza y
nos impide transitar y ocupar libremente los espacios públicos. Es el acoso y el
hostigamiento sexual una constante, y pues sí, las feministas exigimos su atención, que

volteen a ver las familias de las víctimas de los feminicidios; a las y los huérfanos que éste
sistema de opresión y falta de acción deja día con día.
La violación y el maltrato es general, la violencia no discrimina, no importa la edad,
estudios o preferencias, todas hemos vivido episodios de violencia, simplemente por el
hecho de ser mujeres.
Marchamos porque las calles también son nuestras y las seguiremos tomando hasta que
podamos transitarlas sin miedo. Dejaremos plasmado nuestro dolor, rabia e indignación
por las que ya no están, por las que nos faltan, por las que aún no llegan a su casa, por las
que no tienen una carpeta de investigación, por las que sus voces son calladas e ignoradas
en un proceso judicial, por las hermanas que nos han arrebatado. Gritaremos por ellas,
porque les apagaron la voz.
Salimos a gritar que éste es un Estado Feminicida, que no da respuesta a las demandas de
las mujeres y que no es garante de nuestros derechos, gritaremos ¡NI UNA MÁS, NI UNA
MENOS!
El 8 de marzo, nosotras marchamos, nos manifestamos y organizamos. “El olvido es
patriarcal, la memoria es feminista.”
¡El 8M nos pertenece a todas!
¡Nunca más tendrán nuestro silencio!
¡La Manifestación, nuestro Derecho Humano!

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