SINOPSIS POLITICA 14/12/2019

                                                           LO PÉSIMO EN EL PRIMER AÑO DE AMLO

 En la anterior entrega se expuso lo que, desde una perspectiva personal, se considera lo magnifico, bueno y malo ocurrido durante el primer año de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, quedando pendiente de explicar lo pésimo de su incipiente mandato.

 Para un servidor, pésimo ha sido que el presidente declare que no se confrontará con el crimen organizado, argumentando (o pretextando) que no se derramará más sangre por ese motivo. Lo peor, que en efecto a omitido combatir de manera frontal la inseguridad y violencia que las organizaciones criminales generan, mismas que al saberse inmunes, sin amenaza alguna sobre ellas, más que la representada por sus competidores, se han engreído, fortalecido y extendido, enviando mortales mensajes de terror a sus adversarios y a la población en general, que está siendo masacrada, secuestrada y extorsionada para que los grupos armados puedan financiar sus guerras por la supremacía, el control territorial y político.

 A todas luces es condenable la no aplicación de la ley, lo que, además de fomentar la impunidad y multiplicar las conductas anti sociales, rompe el estado de derecho, genera caos e ingobernabilidad. Si a la omisión de la autoridad para garantizar la seguridad de los gobernados se suman las prácticas terroristas de los grupos delictivos, habrá pretextos y motivos suficientes para despertar la codicia del autoproclamo “policía mundial” (Estados Unidos de Norteamérica), para intentar inmiscuirse e intervenir en asuntos que sólo atañen al Estado Mexicano, vulnerando la soberanía Nacional. Más aun, cuando ciudadanos de su país fueron víctimas de bestias deshumanizadas que arrebataron la vida a seis niños y tres mujeres, en Chihuahua.

 Subterfugios sobran para que EU ponga en práctica un intervencionismo de Estado en nuestro país y lo está intentando de manera inteligente, contando con la colaboración, tal vez culposa o dolosa de nuestras omisas y negligentes autoridades. Son claros los mensajes que presuponen la pretensión de Donald Trump; primero, llama a nuestro mandatario nacional el “gran presidente de México”, concediéndole una jerarquía que no ha otorgado a ningún presidente de otro país. Actúa con su homólogo mexicano como si estuviese tratando de amansarlo.

 Después, nuestro vecino gringo afirmó, refiriéndose a la capacidad de fuego del crimen organizado en México, que para luchar contra un ejército se necesitaba de otro ejército, por lo que su país ofrecía su apoyo y colaboración para combatir a los grupos de narcotraficantes mexicanos… insinuando que el ejército mexicano es débil, incapaz de enfrentar la fortaleza de los carteles o bien, que nuestra nación no posee ejército, más que el de los grupos del crimen organizado. Por eso considera pertinente se acepte su ofrecimiento.

 Más tarde intentó designar a los carteles mexicanos como terroristas, lo que facultaría a su nación venir a nuestro territorio a combatirlos.

 Al respecto, es importante precisar que Trump no está del todo mal, su país a eso se dedica, a lucrar con las desgracias de las demás naciones del orbe, creando conflictos para vender armas, dividiendo o confrontando a la población para llegar a “salvarlos”, invadiendo para arrebatar los recursos naturales. Mal están las naciones que le dan motivos para que su soberanía sea ultrajada.            En México, el hartazgo por la inseguridad, la violencia, las ejecuciones, secuestros, asaltos, extorsiones; pero, sobre todo, el terror que difunden los grupos delictivos, no sólo a sus adversarios, si no a la población en general… nos permite vislumbrar que en poco tiempo no nada más toleraremos una eventual intromisión de Estados Unidos, si no que imploraremos que “el extraño enemigo profane con sus plantas nuestro suelo…”  como nuestra única salvación, y cuando lleguen seremos capaces de salir a recibirlos con banderitas gringas. Esa sería una intervención norteamericana inteligente, bajo una sumisión complacientes de nuestros negligentes y omisos gobernantes.

                                                                        LA OTRA HIPÓTESIS

 La otra teoría, es que en verdad el gobierno federal esté considerando actuar con honestidad, sin pretender crear las condiciones que favorezcan y faciliten la intromisión de Estados Unidos en asuntos internos de nuestra Nación y que sea sincero nuestro presidente cuando afirma que no se confrontará con el crimen organizado, puesto que en realidad no sea necesario derramar sangre para exterminar dicho flagelo; ya que, primero se combatiría la corrupción gubernamental, enjuiciando a los gobernantes y funcionarios que permitieron las operaciones ilícitas de los grupos criminales.

 Sin embargo, de esta hipótesis no existen indicios que hagan posible su operación, con excepción de la detención de Genaro García Luna, cuya investigación, imputación y arresto no se debe al gobierno mexicano, aunque políticamente le favorece, pues los detractores que gobernaron los dos sexenios panistas en los que fungió García Luna como funcionario policiaco y luego como el Súper Secretario con Felipe Calderón, de pronto han guardado silencio, se han quedado mudos, ciegos, sordos y locos, o tal vez entendieron que para tener la lengua larga hay que traer la cola corta. Y eso ayuda al gobierno de López Obrador, limitar con pruebas contundentes y acciones certeras, aunque sean ejercidas por otro gobierno, la cascada de criticas de quienes no tienen calidad para hacerlo.

 Mientras que en la sociedad resurge la esperanza de que la justicia logre alcanzar a todos los desleales con la Patria, que traicionaron la confianza en ellos depositada. Lo que además podría ser útil para inhibir a los funcionarios actuales, de todos los niveles y partidos, para que no se involucren más brindando colaboración a grupos criminales, sabedores que tarde o temprano la ley se les aplicará.

 El anhelo más grande de la sociedad, es atestiguar que el gobierno de México actúa. Si no directamente contra los grupos del crimen organizado, si lo haga de manera severa contra las mafias de delincuentes políticos, que hacen posible la existencia, permanencia, fortalecimiento y crecimiento de los primeros y resultan más perversos, poderosos y perniciosos que los infractores comunes, por más organizados, acaudalados y malvados que estos sean.

 No importa que hayan pasados sexenios de sus fechorías, como sucedió con Genaro García Luna, ni que sean de nivel inferior, como gobernadores y funcionarios municipales, debe quedarles claro cuál es el propósito del servicio público y el fin último de la política, de tal manera que, quien se apartó de la ley y la ética, no logre conciliar el sueño, mientras le llega el momento de enfrentar la justicia.

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