SINOPSIS POLITICA

                                                                                SINOPSIS POLITICA

                                                                     Por: J. Salatiel Arroyo Zamora

                                                                  SILVANO, EL LOCO IRREVERENTE

 Hace tres años, cuando el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo, se lanzó contra Andrés Manuel López Obrador, candidato de Morena a la presidencia de la república, acusándolo de ser un anciano demente. Además de pronunciarse a favor del candidato del PRI, José Antonio Meade Kuribreña (hoy poco recordado), muchos se escandalizaron por la intrepidez del mandatario michoacano. Algunos analistas políticos y periodistas condenaron la declaración, no se diga los candidatos de su partido (PRD), entre ellos su hermano, Antonio García Conejo.

 En lo personal, creí que Silvano había perdido la cordura, habría sido amenazado o algo lo obligaba a manifestarse de esa manera. No podía concebir que agrediera de esa manera, totalmente alejada de la cortesía y diplomacia, rebasando lo político para incursionar en ofensas personales, a quien todas las encuestas y el sentido común perfilaban con amplia ventaja para convertirse en el presidente de México.

 Y con la fama de rencoroso, obcecado y necio que tiene AMLO, se auguraba un futuro nada halagüeño para los michoacanos, a quiénes todavía nos pesa la experiencia de la accidentada relación entre Leonel Godoy Rangel y Felipe Calderón Hinojosa. Pero, con López Obrador, el perjuicio no ha sido nada más para los purépechas, sino para el país entero. Al grado de qué, poco a poco, muchos empezamos a concederle la razón a Silvano Aureoles y reiterarle la condición de político visionario que, con anticipación, se adelantó a los acontecimientos que en la actualidad se padecen.

 Algo está fallando, pero el gobierno federal no es lo que se nos prometió. El presidente de la república se la vive creando cortinas de humo y diciendo a la gente lo que quieren escuchar, para ocultar la desastrosa realidad. La eficacia en política se demuestra con resultados y los que está dando la 4T, no pertenecen a los anhelados, por los cuales se sufragó.

 Tres son los bienes más preciados del ser humano: la vida (salud y seguridad), la libertad y la educación.

 Con AMLO se han incrementado las muertes por la guerra entre grupos delictivos, que crecen, se fortalecen y expanden sin resistencia alguna por parte del estado mexicano, al que le compete combatir dicho flagelo. También se sumaron miles de fallecimientos a causa de la pandemia, por un pésimo tratamiento a la enfermedad y la criminal omisión de medidas preventivas, recuérdese que el mismo líder de la nación afirmaba en un inicio que todo era mentira, que el virus no existía e invitaba a no usar cubre bocas (él mismo no lo utilizaba) y convocaba a realizar nuestra vida de manera normal, ir a los mercados y restaurantes a comer.

 Lo más grave, es atentar contra las garantías individuales de los gobernados, como abolir la libertad expresión y la libre manifestación de las ideas; pero, sobre todo, adoptar una perversa omisión contra la actuación de las organizaciones criminales, que se percibe como una cruel e inmoral complicidad que obliga a los ciudadanos a pagar doble tributación: a la autoridad legalmente instituida (SHACP) y a los grupos delincuenciales. Acción (y omisión) que ha provocado el cierre de fábricas, el quiebre de empresas y ruina de casi todos los sectores productivos y emprendedores, generando desempleo y más de 10 millones de nuevos pobres que, en automático, se convierten en granjas de votos cautivos para la 4T.

 También resulta ruin realizar campañas de desprestigio contra el INE, organismo que con mucho esfuerzo ha logrado su independencia del ejecutivo. Lo que permitió que el propio presidente resultara favorecido. Pero ahora intentan desacreditar y desaparecer al árbitro electoral, con abominables intenciones.

 Las deficiencias y libertinajes del gobierno federal son muchas, así mismo las ofertas de campaña que no se han cumplido como se esperaba, sino a la inversa, en perjuicio del electorado. Aunque, a este le han hecho creer que sí, que se ha trabajado en su beneficio. A pesar de las condiciones adversas, le hacen sentir que está mucho mejor que con los corruptos gobiernos del pasado, del PRI, PAN y PRD, partidos de donde precisamente surgieron los que hoy siguen gobernando a México.

 Vale la pena recordar que AMLO fue dirigente del PRI en Tabasco y hasta autor del himno a dicho instituto político. Después saltaría al PRD, partido que lo convirtió en jefe de gobierno de la CDMX y en candidato presidencial dos veces, echando del partido a su fundador: Cuauhtémoc Cárdenas, porque ya no respondía a sus pretensiones de concentrar más poder. Ambos buscaban y luchan por lo mismo: el poder, por el poder, como instrumento de enriquecimiento material.

 Al fracturar y destruir al PRD, López Obrador lo abandona para crear Morena, pues su obsesión de poder no conoce límites. Pero, a esa ambición desmedida de los ex priistas, ex perredistas y hoy dueños de Morena, les ha estorbado la dignidad, a grado que Cárdenas Solorzano, luego de ser echado de su partido por AMLO, hoy es su aliado y mantiene un pie en el PRD y otro en Morena, pero sus intereses en el gobierno, representados por su hijo Lázaro Cárdenas Batel, coordinador de asesores del presidente.

 Sin embargo, los intereses de los Cárdenas están principalmente en Michoacán, en donde siempre han sido caciques y no pretenden dejar de hacerlo.

 En concreto, Morena no es diferente a los demás partidos. Al contario, recicló lo peor de ellos, los más mentirosos y traidores, y la 4T es sólo un eslogan de campaña, con dedicatoria para incautos. La transformación sí se está dando y de manera acelerada, pero a la inversa, en retroceso. Nos estamos transformando para pasar de estar mal a peor, de un país en desarrollo a la pobreza extrema casi generalizada y a la extinción de la clase media, con 10 millones más de nuevos pobres en tres años de mandato.

 A ese ritmo, en el mediano tiempo, estaremos igual o peor que Venezuela, que hace unos años fue potencia mundial en hidrocarburos, exportador de petróleo, con una economía boyante y hoy muchos de sus pobladores, antes acaudalados o de clase media, buscan residuos de comida en la basura. Y peor que Cuba, donde no existe analfabetismo, mientras en México se ha eliminado la inversión en ciencia y tecnología, y se ataca a las personas con nivel de licenciatura hacía arriba por no permitir ser manipuladas, cuando resulta indispensable invertir en los procesos educativos y de investigación científica y tecnológica.

 Pero la idiosincrasia del mexicano le impide aceptar que se ha equivocado, menos intentar reivindicarse. Es más fácil que reincida, que vuelva ha hacer aquello que lo llevó al error e incurrir en él, antes de admitir que estaba errado. No acepta incluso o se niega a entender que la acumulación de poder lleva al absolutismo, régimen político que se caracteriza por la concentración o sometimiento de todos los poderes en una sola persona, como lo está haciendo el presidente López Obrador, que controla al legislativo y mantiene chantajeado e intimidado al judicial.

 La visión limitada de gran parte de la población no percibe que, de por sí el poder es corruptor, pero el poder absoluto, es absolutamente corrupto. Por ello debe prevalecer la división de poderes, con independencia y autonomía verdadera, para que se genere equilibrio ante los excesos y limitaciones en que incurra alguno de sus representantes.

 En México esos excesos del presidente lastiman la dignidad, pero mayormente la inteligencia de los ciudadanos pensantes. Además, las limitaciones del ejecutivo y sus omisiones están generando más inseguridad, violencia, terror y muerte, al permanecer inmóvil frente al fortalecimiento de las mafias del narcotráfico, que se han infiltrado en las mismas campañas electorales. Incluso decidiendo, sobre los partidos políticos, quien participa como candidato y quien no, y muy probablemente sobre los mismos órganos electorales definirán que candidatos gobernarán y quien no se someta, pasará a engrosar la cifra de los más de 28 aspirantes políticos asesinados, de agosto a la fecha.

 Y todo, gracias a Andrés Manuel López Obrador y a la ausencia de autocrítica en Morena. Pero, particularmente gracias a los ciudadanos poco reflexivos al emitir su voto y a los ambiciosos que, a pesar de saber que está mal seguirle la corriente, lo hacen a cambio de privilegios personales.

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