SINOPSIS POLITICA

                                                                                SINOPSIS POLITICA

                                                                      Por: J. Salatiel Arroyo Zamora

                                   MASACRAN AL “PUEBLO BUENO y SABIO” DE AMLO, ÉL INMUTABLE

 El 4 de julio, una pareja y su pequeño hijo de tres años de edad, se dirigían de Aguascalientes al Estado de Hidalgo y al pasar por Zacatecas desaparecieron. Lo cuerpos, brutalmente asesinados y descuartizados fueron localizados días después, primero los torsos y extremidades del padre e hijo, así como la cabeza del pequeño. Dos días después fue encontrado el cadáver de la mujer, en el mismo lugar, una presa en el municipio de Villanueva, Zacatecas. Una semana antes (30 de junio) dos paramédicos también habían sido ejecutados en ese mismo estado, donde un enfrentamiento entre grupos antagónicos del crimen organizado arrojó 18 muertos, el 25 de junio.

 A pesar de lo anterior, Zacatecas no aparece en la lista de las entidades federativas que concentran el mayor número de homicidios dolosos, entre las que se encuentran Guanajuato, Baja California, Jalisco, Estado de México, Michoacán y Chihuahua, que concentran el 50 % de los asesinatos en el país, cuya cantidad supera los 91 mil homicidios y feminicidios durante los 31 meses de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, de acuerdo a cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Lo que equivale a 2, 935 homicidios dolosos por mes, alrededor de 100 ejecutados por día.

 En la lista de los estados más violentos e inseguros tampoco está considerado Tamaulipas, donde el pasado 20 de junio células del crimen organizado asesinaron a 15 personas inocentes, ajenas a sus ilícitas actividades y a sus confrontaciones. La mayoría de origen humilde. Tampoco se incluye al estado de Guerrero, en el que presidentes municipales y diputados han caído bajo las balas de los grupos armados y sus sacrificios continúan impunes, dónde comunidades enteras han permanecido aisladas, abandonadas por el Estado, defendiéndose solas, a balazos. Territorio en el que, igual se asesina a mujeres, ancianos y niños, sin que autoridad alguna intente intervenir.

 Aunque seis estados concentran casi la mitad de asesinatos consumados en los últimos meses, ninguno de los restantes escapa a la inseguridad y violencia, dónde los grupos criminales deciden el destino de los pueblos y sus habitantes, no las autoridades legamente instituidas, que figuran como piezas decorativas en los estados y municipios, pero principalmente del gobierno federal, al que jurídicamente le compete combatir a dichos verdugos, que ahora también deciden quiénes deben acceder a cargos de elección popular, para convertirlos en sus títeres.

                                                            FEMINICIDIOS y EJECUCIONES DE NIÑOS

La impunidad, el no castigar a los transgresores de la ley, los incentiva a seguir delinquiendo y al mismo tiempo motiva a otros a cometer conductas antisociales, sabedores que no habrá consecuencias. Pero, cuando además de ser omisos, todavía se les asegura que, en lugar de correctivo, se les darán abrazos, es como una invitación a que vulneren los derechos de los demás. Máxime cuando dicho “exhorto” proviene de la máxima autoridad de la nación.

 Y no se requiere ser experto criminólogo, ni Doctor en Antropología Social, ni en Psicoanálisis, basta con utilizar el sentido común, para entender que las conductas ilícitas se multiplicarán y extenderán por todo el país, con esa actitud indulgente del presidente de México con el crimen organizado y su reiterada afirmación de combatirlos con abrazos y no con balazos, y que la criminalidad se extenderá más allá del ámbito federal, abarcando las de competencia estatal, como es el feminicidio y ahora la ejecución de niños, y que el sector más lastimado, el que aportará más muertos, es precisamente ese que él, el presiente, asegura amar, ese que en el discurso dice ser su prioridad: los pobres.

 Y sí, son los pobres los que primero, por hambre, se reclutan como “halcones”, después se convierten en asesinos y terminan asesinados al poco tiempo, arrastrando en su desgracia a su propia familia, a la que usaron como pretexto para disminuir la culpa mora al enrolarse en las filas de la criminalidad. Otros caen en desgracia por adictos, viciosos, que también culpan a la pobreza de su condición, pero jamás se atreven a señalar a los verdaderos responsables. Donde la lista la encabezan ellos mismos.

                                                            VÍCTIMAS DEL TERRORISMO

       Esa condescendencia del gobierno federal con los asesinos, descuartizadores, secuestradores y extorsionadores, está contribuyendo para que esos crímenes se multipliquen e incentiven la ejecución de otros, entre ellos el asesinato de mujeres y la ejecución de niños, como métodos para generar terror en la población, pero particularmente, por el momento, entre los grupos en pugna.

En Zitácuaro, el jueves 15 de julio, en la Colonia Pueblo Nuevo, tres personas fueron asesinadas, entre ellas un niño de 14 años de edad. De acuerdo a la versión oficial de la Fiscalía Regional, se trató de un enfrentamiento entre bandas rivales. Pero, de acuerdo a información de testigos oculares, en el lugar no se encontraron armas, mucho menos cerca de los cuerpos.

 Más tarde se confirmaría -extraoficialmente- que se trató de una ejecución. Jamás hubo el enfrentamiento que afirman las autoridades, con cuya declaración se criminalizó a las víctimas del asesinato múltiple. Todo parece indicar que los ejecutores se equivocaron, que tal vez iban por un familiar de los asesinados, y al no encontrarlo arremetieron contra los dos jóvenes y el menor.

 Los vecinos aseguran que los asesinados no se dedicaban a actividades ilícitas, que las motocicletas que traían las utilizaban para repartir tortillas, dos eran hermanos y el pequeño primo, él se encargaba de cobrar en el local donde se elaboran las tortillas, en el que además vendía dulces en una pequeña mesa. Mientras las madres de los tres laboran como trabajadoras domésticas.

 A los tres días de esta ejecución múltiple en Zitácuaro, en la ciudad de Zamora sucedió otra con las mismas características. Tres primos, menores de edad: de 8, 9 y 13 años, que se encontraban jugando en la calle, fueron atacados a balazos por dos sujetos que se dieron a la fuga a bordo de una motocicleta.

 Los hechos se suscitaron la tarde del domingo 18 de julio, cuando los niños se encontraban jugando sobre la calle Ferrocarril y Labastida, de la Colonia Juan Gutiérrez Flores, de Zamora, Michoacán, hasta donde llegaron los agresores y dispararon en repetidas ocasiones en contra de los menores, arrebatándoles la vida.

 Como se puede constatar, por las actividades laborales de los jóvenes asesinados en Zitácuaro y sus familias y por la zona en la que habitaban los ejecutados en Zamora, se trató de niños y familias en condiciones de marginación y pobreza extrema. De esos que el presidente de México afirma son su prioridad: “Primero los pobres”, tal vez por eso su gobierno los multiplica, cada día son más. Aunque también representan su capital electoral, entre más pobres, más votos para su partido político: Morena.

 Pero esos pobres, además de tratarse del sector social más sacrificado materialmente, pues coexisten en condiciones de pobreza y marginación, también son los abandonados por el Estado mexicano, al mismo tiempo reclutados y masacrados por el crimen organizado. A los ricos o acaudalados, cuando mucho les cobrarán “cuota de protección” o “derecho de piso”, además ellos, al igual que los altos funcionarios, son intocables, por el capital financiero y político que representan y por disponer de fuertes dispositivos de seguridad.

 Mientras que los pobres, la poderosa base social de Morena, el partido político en el poder, ese “pueblo bueno y sabio”, es acosado por las adicciones y ni siquiera centros de prevención o rehabilitación el gobierno se ha preocupado por establecer, que no sean los de “AA”, creados por ciudadanos altruistas, que no cuestan al gobierno, pero que realizan las funciones que el Estado omite, y que también han comenzado a contaminarse con la infiltración de personajes sin escrúpulos, que lo ven con fines de lucro y poco profesionalismo en la aplicación de los “tratamientos”, que resultan violatorios a la integridad y dignidad de las personas.

Esos pobres y sus hijos están siendo masacrados y sus asesinatos son cobijados por la impunidad que fomenta un presidente, que insiste en castigar a los criminales con “abrazos” y se distrae en la realización de consultas ciudadanas para conseguir respuestas obvias, cuando pregunta si se debe aplicar la ley a los que han saqueado y hundido a la nación, como si existiera alguien anormal, que no deseara castigo a los criminales de la alta burocracia, del pasado y en funciones.

Lo anterior solo ratifica que somos un país hundido en la barbarie, tanto criminal (de inseguridad y violencia, con el surgimiento de actos terroristas), como política. Pero el presidente López Obrador, al referirse al tema de la seguridad, insiste en señalar que en México ya no hay masacres, que todo cambió, que ya estamos en paz, aunque se estén incrementando las ejecuciones o asesinatos colectivos, de personas en estado de indefensión, como son los niños y adolescentes, con el propósito de producir temor o terror en la población y en los adversarios.

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