SINOPSIS POLITICA

Por: J. Salatiel Arroyo Zamora

NSEGURIDAD DESCONTROLADA EN MICHOACÁN

La realidad desmiente declaraciones y exhibe la ineptitud de los tres niveles de gobierno para contener la creciente inseguridad y violencia en territorio michoacano. A pocos días de asumir el cargo como Secretario de Seguridad Pública de Michoacán, el General José Alfredo era Ortega Reyes afirmó que la inseguridad en el estado no estaba desbordada, ni incontrolable. Insinuando entre líneas que, con él, no sucedería lo que se padecía con sus antecesores… que él es un “magazo” y con su varita mágica de inmediato controlaría ese fenómeno, que ha bañado de sangre nuestro territorio, enlutado miles de hogares, sembrado terror, provocado el quebranto de empresas y comercios, inhibo inversiones y detenido el desarrollo, y que su jefe superior ha pretendido combatir con “abrazos, y no balazos”.

Pero cuando se suscitó el ataque armado a la comandancia de policía en Tlalpujahua, donde murieron civiles inocentes que iban pasando por el lugar, y luego de las refriegas en Zitácuaro, que tuvieron como saldo más de 8 muertos en menos de una semana, el mando policiaco se escudó en el pretexto de que los hechos violentos no son privativos de Michoacán, que están sucediendo en todo el país. Para que tengamos el consuelo de no ser los únicos que sobreviven en la zozobra.

Y, para no incomodar a ninguno de los grupos armados que operan en Michoacán, decidió omitir atribuir dichos atentados a alguna célula delictiva, y como dicen los abogados: “prefirió trasladar la carga de la prueba” y depositarla en la prensa, argumentando: “ustedes ya los saben, saben bien porque ustedes son periodistas, saben bien la problemática que se vive”.

Después de los hechos violentos en Zitácuaro y Tlalpujahua, el gobernador del estado instaló en nuestra Heroica ciudad la mesa de seguridad, estando presentes en ella el titular del ejecutivo, el Secretario de Gobierno, el Fiscal General del Estado, el Secretario de Seguridad Pública, así como representantes del Ejercito Mexicano y la Guardia Nacional. Ahí se estableció el compromiso de que, en todo momento, las autoridades estatales se mantendrían en guardia para garantizar la seguridad del pueblo michoacano, particularmente del oriente del estado.

Pero, imitando al presidente de la república, todo fue pura retórica, promesas vanas de un discurso disminuido. Nada más para ejemplificar lo infundado de las declaraciones gubernamentales, afirmaciones grotescas y promesas embaucadoras, la semana que termina inició con una ejecución masiva en Morelia, la madrugada del día lunes, cuando sujetos asesinaron a seis asistentes a un bar, ubicado en la principal zona comercial de la capital del estado (Avenida Enrique Ramírez Miguel, en Las Américas).

CRECE LA VIOLENCIA EN ZITÁCUARO, DE NADA HA SERVIDO LA MESA DE SEGURIDAD

En Zitácuaro, la noche del domingo un sujeto fue ejecutado y su cuerpo abandonado rumbo a Loma Larga, sus victimarios dejaron una cartulina con el respectivo mensaje de advertencia, dirigido a “los rateros” de Zitácuaro (ojalá se aplicará a los metidos en política, culpables principales de la descomposición del país…)

La tarde del martes un ex funcionario del ayuntamiento de Susupuato también fue ejecutado, en la calle Jacarandas de Infonavit, atrás del hospital regional. Nosocomio en el que se encontraban elementos de la Guardia Nacional, que nada pudieron hacer por impedir el asesinato, mucho menos para requerir a los responsables.

Lo anterior sólo fue el preámbulo del terror que se desataría al día siguiente, miércoles 20 de octubre. La jornada de violencia comenzó al medio día, cuando a la entrada a la localidad de La Garita se reportó el hallazgo de un cuerpo sin vida, con signos de haber sido baleado en la vía pública, según el comunicado oficial.

Horas más tarde, alrededor de las 9 de la noche, vecinos reportaban disparos de armas de fuego en diversas zonas de la ciudad y área conurbana, en las calles de Álvaro Obregón y Aldama, en Artillería y Leandro Valle, Sor Juana Inés de la Cruz y Cuauhtémoc, en el Río San Isidro, en Coatepec de Morelos (San Pancho) y San Miguel Chichimequillas, entre otros puntos de la geografía municipal. El saldo de esa noche fue de tres muertos y un número indeterminado de heridos.

El día siguiente, jueves 21 de octubre, a las seis de la mañana, tres taxistas del sitio que se ubica en la calle de Benedicto López, también fueron asesinados. Sumando siete los caídos en menos de 24 horas. Demostrándose que de nada ha servido todo el mitote que vinieron a hacer con la instalación de la mesa de seguridad, presidida por el gobernador del estado, el General Secretario de Seguridad Pública, la SEDENA, Guardia Nacional y todos los parásitos que se la viven vacacionando con cargo a las contribuciones hacendarias de los mexicanos, que no son devengadas de manera eficiente.

Ante los hechos violentos se suspendió el servicio de taxis a los municipios de tierra caliente, sin que hubiese autoridad capaz de garantizar el libre tránsito a dicha región.

PRETEXTOS, JUSTIFICACIONES y REPARTICIÓN DE CULPAS

Decía mi abuelo que, “desde que se inventaron los pretextos, se acabaron los estúpidos”, obviamente lo expresaba utilizando otras palabras menos amables. Así nuestro gobierno actual y sus esbirros responsables de proteger la integridad física y patrimonial de los michoacanos, pasaron de asegurar que todo está bien, que la inseguridad no está excedida y que ellos la tienen controlada, a justificar que ese flagelo no es privativo de Michoacán.

Mientras el señor gobernador se curaba en salud, adelantando que su gobierno no resolverá dicho problema, culpando a Felipe Calderón de su creación y afirmando que lo peor está por venir. Reiteró que vendrá la época más difícil en materia de seguridad para Michoacán, ya que en noviembre y diciembre se elevan los índices delictivos, que el cierre de año siempre se complica. Que el restablecimiento de la paz en Michoacán se podría llevar todo su sexenio, ya que Felipe Calderón desató los demonios al declarar la guerra al narcotráfico, cuyo resultado fue un desastre total y aun se viven las consecuencias de esa estrategia fallida. A pesar de que, en tres años de gobierno, Andrés Manuel López Obrador ya superó los 100 mil muertos, el doble de Peña Nieto y el triple de Calderón.

Así que estamos advertidos, seguiremos en estado de indefensión y que cada quien se proteja como pueda, pues no existe autoridad capaz de hacerlo, ni con voluntad para intentarlo. Lo que ya hemos constatado, pues cada vez que hay ejecuciones, persecuciones y enfrentamientos, los grupos rivales actúan con absoluta libertad, trasladándose por toda la ciudad disparando sus armas, sin que autoridad alguna interfiera. Es más, pareciera que las corporaciones policiacas (todas) se esconden, se acuartelan en sus guaridas para que los pistoleros no sean molestados. Más tarde salen de sus refugios a recoger cadáveres y simular persecuciones en busca de los autores de las ejecuciones.

Lo cierto, la verdad irrefutable, es que la descomposición de quiénes se encuentran al frente del poder público, es la causa de la inseguridad y violencia, son los gobernantes y funcionarios corruptos quienes dejan hacer y crecer a los grupos del crimen organizado, sembrando terror en la sociedad, limitando libertades, obstruyendo inversiones, terminando con fuentes de trabajo, profundizando crisis, aunque sí regulando la explosión demográfica. Asumiendo una postura más racista y genocida que Adolfo Hitler, que se pronunciaba por la supremacía de la raza aria e impulsaba el extermino de seres humanos considerados inferiores por su condición étnica.

En México alguno mandatarios son igual o peores a Hitler, pues permiten que sus gobernados sean masacrados por su condición social. Se realizan declaraciones de amor a los pobres, en tanto se les orilla, ante la falta de oportunidades en ocasiones, a enrolarse en actividades ilícitas, otros caen en adicciones, pero todos, finalmente terminan siendo masacrados por hermanos de su misma clase social, ante la complacencia de los que se encuentran encumbrados en el poder.

Lo anterior influye así mismo en la ausencia de respeto a la autoridad, ya que la misma no se hace respetar, y algunos mandos policiales, por muy Generales que sean, si no se corrompen y pugnan por sus intereses personales de tipo financiero y de poder, resultan incompetentes en el cumplimiento de sus deberes y obligaciones públicas, conduciéndose de manera cómica, como si fuesen payasos, generando la burla de la población por sus desafortunadas declaraciones.

Las soluciones a los problemas de Michoacán no pueden esperar más. Sin justificaciones ni pretextos los resultados deben demostrarse ya, y si no pueden, como bien decía el hoy líder de la nación, cuando era candidato: ¡Que renuncien!

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