La fuerza del magisterio está en el logro de la unidad. (parte 1) 

Por Juan Pérez Medina.

En el año 2000, Elba Esther Gordillo, desconoció nuestra representación seccional, después de no llegar a acuerdos para celebrar el congreso de renovación de la dirigencia seccional que en ese entonces encabezaba. El punto que nunca pudo ser superado por las partes (CEN del SNTE vs Sección XVIII), fue el de incluir en la comisión organizadora del congreso a Juan Manuel Macedo, en ese entonces representante sindical de la delegación sindical D-lll-6 de oficinas centrales. Nosotros no aceptamos pues Juan Manuel Macedo no tenía representación alguna, más allá de ser el secretario general de esa delegación que, efectivamente, estaba controlada por el charrismo sindical. 

El desconocimiento se derivó de un informe que presentó Juan Benito Coquet Ramos, en aquel entonces secretario de gobierno, en donde afirmaba que el magisterio michoacano, si bien no estaba con el SNTE nacional, tampoco con nosotros, quienes éramos la representación legal; así que si se daba el desconocimiento el magisterio nos dejaría solos. 

El desconocimiento se dio en el marco del congreso nacional del SNTE, en donde Rafael Ochoa Guzmán dejaría la dirección nacional y se renovarían la mayoría de los comités ejecutivos seccionales del país, entre ellos el correspondiente a la Sección XVIII. La respuesta del magisterio estatal no se hizo esperar y se movilizó ampliamente en Morelia y la ciudad de México, tomando por vez primera en la historia del SNTE las oficinas del CEN. De ahí, una vez que se supo que la sede del congreso nacional sería en la ciudad de Chihuahua, una caravana de autobuses y vehículos particulares se dirigió hacia allá, haciendo que el CEN apurará los trabajos, cambiando de lugar por la madrugada, sacando a los delegados de los diferentes estados del país de los hoteles donde se encontraban durmiendo y conduciéndolos a una población rural situada a unos 15 kilómetros de la ciudad de Chihuahua y a la cual no nos fue posible llegar, pues el gobierno de esa entidad lo impidió mediante el uso de la fuerza pública que nos cerró el paso. En tiempo récord el congreso nacional había terminado y, en nuestro caso, se aprobó el desconocimiento y se acordó enviar una comisión ejecutiva que nos sustituyera, en tanto se daban las condiciones para realizar el congreso seccional de renovación.

A Elba Esther Gordillo le fue imposible nombrar una comisión ejecutiva después de ese acto deleznable en contra de la Sección XVIII. Por la fuerza de nuestra representación nos sostuvimos como el comité ejecutivo seccional (CES), aun estando desconocidos legalmente. Al gobernador Víctor Manuel Tinoco Rubí le fue imposible negarnos y tuvo que reconocer que seguíamos siendo la representación legítima del magisterio ante la precariedad de las fuerzas del charrismo sindical que en la entidad estimulaban, tanto el CEN del SNTE como el propio gobierno estatal.

Dos años después, en 2002, ya sin el auspicio de CEN, se celebró por primera vez nuestro congreso de bases, en donde dejaría la dirigencia y llegaría al relevo el profesor Sergio Espinal. Desde entonces en Michoacán, los trabajadores del a educación de la Sección XVIII celebran sus congresos sin la intervención del CEN del SNTE y se legitima por los propios trabajadores, obligando a los gobiernos estatales en turno a reconocer la representación electa, a pesar de que el charrismo nombra de forma descarada y perversa una representación estatal que siempre ha sido marginal; incluso, ante la imposibilidad de nombrar en la entidad, actualmente la preside un enviado del CEN. Haber resistido los embates del gobierno y el CEN del SNTE de la mano de la perversa Elba Esther Gordillo fue posible sólo por la unidad y convicción de los maestros y maestras de la Sección XVIII. Las acciones realizadas en ese entonces y hasta 2003, sólo fue posible gracias a la claridad de las bases con respecto a lo que significaba una derrota ante el charrismo sindical. Sabíamos que si el gobierno y el Elba Esther Gordillo lograban derrotarnos perderíamos esa unidad y quedaríamos a merced de sus decisiones, ya sin autonomía y sin independencia. Por ello nos fuimos a la lucha con determinación y con toda nuestra fortaleza. En 2002 se demostró que el magisterio rebelde de Michoacán ya había decidido en contra del charrismo y del gobierno responsable de su magra situación. Por ello fue que se equivocaron al pensar que podrían derrotarnos. Sus malas cuentas les saltaron en la cara.

Sin embargo, los errores en el proceso de conducciónsindical condujeron al movimiento magisterial a la división interna, deteniendo y haciendo retroceder el proceso de consolidación de un movimiento que nació siendo ejemplar. Hoy a dos décadas de los hechos que relato, el magisterio michoacano se encuentra desunido, confrontado y débil políticamente. Carece de fuerza ideológica y, por tanto, de coherencia y consistencia en torno a los objetivos que se planteó en 1989. 

Dentro de unos meses se llegará la fecha para renovar a las actuales dirigencias. Las condiciones en las que este hecho se puede dar son muy diferentes a las de ese entonces; incluso a las de hace tres años. Este tiempo de crisis es también tiempo de oportunidad. Todos los trabajadores de la educación deberíamos poner atención a este posible evento y tratar de conjuntarse para lograr la unidad. 

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