Justicia y paz social

 

 P. Agustín García Celis

A diario escuchamos una serie de noticias en las que dejan al descubierto el actuar de las personas, pero sobre todo, encontramos la necesidad de seguir postulando la urgencia de  promover los valores entre los ciudadanos. 

Una gran cantidad de personas, hablan de la urgencia de que se imparta justicia en la sociedad. No podemos decir que no haya, pero si la gran necesidad de que se imparta justicia de manera imparcial, justicia de manera puntual y sobre todo justicia que sobreproteja la integridad de la persona. 

La palabra justicia, hace referencia a un principio moral que inclina la voluntad del hombre a obrar y juzgar, respetando la verdad como un valor general y dando a cada ciudadano lo que le corresponde. Por eso es importante que los ciudadanos encargados de impartir justicia tengan bien claro el principio de la justicia, para que puedan ellos obrar justamente y no lo contrario, seguir siendo injustos con las personas.

Hemos escuchado tantas veces que los ciudadanos ya han dejado de pedir justicia, porque cuando lo hacen son vulnerados en sus derechos y su integridad se encuentra en peligro ¿Como vamos a levantar una denuncia, si esas mismas autoridades se encuentran coludidas con los infractores en la sociedad? Hay miedo para pedir justicia, hay miedo para reclamar los derechos, hay miedo para pedir que se custodie la verdad. 

Todo esto nos revela un panorama donde la justicia sigue siendo un elemento tan necesario, pero también un principio tan vulnerable por la torcida voluntad de los seres humanos. 

La paz social debería ser consecuencia de la justicia, pero ¿Cómo queremos que haya paz, si la sociedad esta lastimada por la injusticia? Sin embargo, esto no es un pretexto para decir que la paz es sólo un sueño de muchas personas, porque la paz surge del corazón de un ciudadano que se siente pleno, contento con lo que se es, realizado con lo que tiene y satisfecho con lo que ha logrado. 

La paz sigue siendo una petición constante en las plegarias que dirigimos a  Dios. Porque todos deseamos vivir con plenitud, vivir en paz con los demás y consigo mismo. Por eso, si cada cual logra poner en paz su ser interior, seremos embajadores de la paz y promotores de la justicia social. 

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