Despertar de la tierra  

Autor:​​​​​José Luis Valencia Castañeda

Remembranzas I

Me di una bañada de naturaleza y no hubo necesidad de ir muy lejos, hacía mucho tiempo que no respiraba tranquilidad y paz, caminé por los campos cubiertos de verde caña, a las orillas del río, respirando aire puro, o al menos más puro que en los centros urbanos. Cuando quedó tras de nosotros la última casa, me atosigaron los recuerdos. El camino ya había sido andado, las tierras ya las había pisado… antes eran otros tiempos, las plantas eran otras, los dueños eran otros, los viejos han muerto, la tierra sigue aquí. Los nuevos viejos, antaño jóvenes, las gobiernan ahora. Antes veía maíz y frijol, hoy veo guanábana y mango.

La tierra es la misma, el camino ha tomado otra dirección, ahora se cruza el río por una parte con más aguas debajo de aquella que usábamos nosotros y más debajo de la que usaron nuestros ancestros en el siglo XVII, cuando había aún un puente colgante.El rio dividía a La Ibérica con Urecho. La primera era un pequeño grupo de chozas alrededor del ingenio azucarero, el segundo un pueblo fantasma, abandonado por el temor a la muerte y paradójicamente, lo único que guarda señal de él, es el culto a esta. Solo quedan algunas piedras que cubrían el dintel y las jambas de las puertas, su figura y decorado, así lo señalan.  

Recordé aquellos días, cuando el río arrastraba grandes cantidades de rocas, plantas y hojarasca, que dejaba amontonadas en pequeños islotes, que después usábamos para urdir las mejores guerras de la infancia, balazos de a mentis, solo para divertirnos, después de una extenuante jornada laboral en el campo. Me llegaron a la memoria mis pies curtidos entre la tierra y las rocas, podíamos correr sin riesgo a cortarnos por vidrios, no había tanta civilización, éramos felices, y no lo sabíamos, hasta ahora.

Me vi con mi pantalón de nylon café, resistente a la mugre y de fácil secado, recordé la emblemática playera amarilla, que estrené en una semana santa y que me debía durar un año, para volver a estrenar, sus dos robots peleando, con dos enormes letras al centro que decía K.O., palabras que entendí mucho después. Recordé como me lanzaba entre las pequeñas corrientes del río, nadando a mi manera, refrescándome a placer. 

Recordé que, en las orillas, entre los resquicios de las piedras, los grandes dejaban pequeñas tejas de jabón NILO, de un gusto y eficacia muy parecido al ZOTE, las sacaba de entre las oquedades, me enjabonaba y lo volvía a dejar en su lugar. Si llevábamos perro, también lograba darse un chapuzón y una enjabonada. Así, salíamos chorreando agua y tierra, que no mugre, del río, extrañándolo una vez que corríamos rumbo a la plaza. Antaño, estaban los dos pilares del puente en pie, el del lado oriente se fue derrumbando con las grandes bajadas de aguas de las temporadas de lluvias.  

Hoy, al entrar al agua, sentir el fresco en mis pies, me sentí joven de nuevo. Pero mis pies dijeron lo contrario, me dijeron que he abandonado a la tierra por mucho tiempo, las piedras, aquellas que no me lastimaban, en las que podía correr, ahora me lastimaban las plantas. Sonreí, me declaré culpable.Cierto es que nos enseñaron a usar calzado, porqué era de civilización, mi padre diría que ya tengo agricultura, señal de que he logrado algún grado educativo, no importa cual fuese más allá de la educación secundaria, cualquier grado más allá de su conocimiento es un logro fundamental.

Crucé el río como si estuviese enfermo, lento y pisando de mala manera. Una vez al otro lado, vi el enorme cañaveral, con sus plantas al punto de cosecha. Tomamos una planta y la partimos, disfrutamos el sabor dulce de su centro. Mis ojos regresaron al pasado nuevamente, cuando las tomábamos una vez terminada la quema, cocidas. El azúcar es más fuerte, más denso, algo distinto a la caña fresca, viva, muy energizante exprimirla por la mañana, te sientes vivo. 

Caminamos bajo la sombra de las añosas parotas, aferradas al suelo de una manera brutal, con sus enormes raíces extendidas al ancho de su fronda, como si quisieran fundirse a la tierra y convertirse ellas mismas en el mismo suelo. Sentí nostalgia por las enormes parotas que fueron derribadas para usar su madera, en el paso llamado la parotera, ya solo el nombre queda, quizá debíamos de modificar nuestra percepción de mercado y usar lo estrictamente necesario, para poder disfrutar de este fresco, bajo estos árboles. 

Nos sentamos un rato para admirar el paisaje y disfrutar el silencio, las mariposas confiadas se nos acercaban, su colores café, con manchas entre sus alas, pequeñas y alegres revoloteaban, las blancas pasaban de largo, como si no fuésemos importantes seres donde exponer su belleza, las libélulas enormes rojas, medianas azules y pequeñas doradas se posaban entre los grandes pastos, que abrevaban en el pequeño canal que descargaba sus excedentes en el río mediante una pequeña cascada, el sonido del agua al caer nos adormilaba. 

Nos levantamos para seguir nuestro camino hacia el antiguo poblado, gran cantidad de guijarros nos indicaban la existencia de vida humana en esa zona, lugar donde las tribus Uacusechas desaparecieron para formar el reinado Purépecha. Allí, a donde fue después de que su suegro lo proscribiera, odiado por denostar a su mujer amante de las bebidas espirituosas, allí construyó su templo de céspedes, allí empaló a los de Curinguaro, parecía que el pequeño canalito eran los ríos de sangre que corría después de sacrificar a los enemigos al dios Curicaueri, ahora solo pequeños guijarros rotos por las herramientas de los agricultores nuevos se dejan ver sobre la tierra. 

Sabemos que más abajo hay joyas que dejaron abandonadas al tiempo los antiguos habitantes de ese pueblo. Mi memoria repasa ese camino una y otra vez, lo pasa a los diez años, temeroso de que los muertos, depositados en la parte trasera de la antigua iglesia, fuesen a perseguirlo. A la fecha no lo han hecho, la tierra los tiene atados a ella, pues a ella le pertenecen. Gracias a ella sus cuerpos permanecen acurrucados, cual bebés, felices de volver a los brazos amables, después de una gran tarea de vivir en los brazos del dolor, pues los hombres de antes, argüían que su destino en la vida era sufrir; hambre, dolor y pobreza, eran sus pecados karmicos, tenían que pagarlos. 

Más allí, en ese lometón rodeado de parcelas, yacen silentes, esperando el perdón de dios y su acceso al paraíso. Al saber del hombre, sabemos que no es así, muchos de ellos están trabajando allá arriba igual de fuerte que acá abajo, sin el dolor, sin el hambre, sin las cargas emocionales que tenían acá.El espíritu, el del hombre, al igual que el de latierra, tiene su propia escuela en otra dimensión, esta escuela es donde se trasciende al dolor y se logra la redención. 

¿Qué tantos males habremos cometido en otras vidas, en otros plano o en otras dimensiones? Que las cargas de dolor son extensas. Veo a mis compañeros de juegos en la infancia que han sufrido brutalmente, dolor, pobreza, enfermedades, tensiones del futuro, al que no saben cuándo los alcanzará, algunos abandonados por su familia, otros abandonados por la salud, otros por ambas, pero todos batallando para vivir en paz, no han hecho las paces con la tierra, no han hecho las paces consigo mismos, siguen metidos en la rueda eterna del Samsara, batallando para lograr estar en paz con su mente y consciencia, los he visto buscar hacerse de recursos materiales, trabajando duramente y han llegado a viejos con la gran fortuna de estar vivos.

Otros no lo lograron, no saben si agradecer o sentirse excluidos por la vida, pero ahí están, como aquí estamos nosotros, viendo como el tiempo pasa rápidamente, nos hace viejos y nos hará ancianos en poco tiempo.  

La tierra corre rauda hacia su nuevo derrotero, la vuelta en la campana está concluyendo, estamos llegando al cenit del viaje del año cósmico, debemos reiniciar el ciclo, la tierra acelera su vibración, por eso el tiempo corre más rápido en la percepción humana, esto durará todavía unos cincuenta años, muchos no estaremos para ver ese cambio, estaremos en otros cuerpos, o en otros planetas, trabajando en la siguiente tarea, aprendiendo en la siguiente escuela.

En esta, queda algo de tiempo, debemos aprovecharlo. Toda la información que de aquí me lleve, sé que me servirá más adelante, en esta tierra o en otra, es lo mismo. La memoria universal podrá recuperarse en otro plano, donde la tecnología ha avanzado en ello, aquí solo se podrán recuperar fragmentos, sin el conocimiento de la descarga de la fuente. Todo lo aprendido aquí, es para vivir mejor en otro lugar, un lugar que estamos intentando entender ahora, para llegar preparados mañana. 

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