Despertar de la tierra 

Autor:​​​​​José Luis Valencia Castañeda

La tierra creadora

La tierra está mutando, su morfología se está modificando día a día. El tiempo en la tierra también se está moviendo a ritmos acelerados, los días se aprecian más cortos, los lapsos de tiempos de espera se cercan unos con otros. El hombre hace cuarenta años podía realizar varias actividades en un día y le sobraba tiempo para el descanso, los días presentes apenas empiezan, cuando ya está por terminar. La tierra vibra en frecuencias muy altas, eso hace que el tiempo se acorte en la vida de la tierra. Los esotéricos lo mencionan como el ingreso a la 5 dimensión energética, y lo revisan con medidores de resonancia Schumann. Todos estos cambios energéticos de la tierra están provocando cambios en el comportamiento humano.

Las energías de alta frecuencia están desalojando a las energías de baja frecuencia, es similar a encender un foco cuando las sombras te están provocando terror: al encender el foco y hacerse la luz, las sombras desaparecen y ves más claro. Así con las energías altas, la oscuridad no tiene donde esconderse y a la oscuridad debemos entenderla como la falta de alma en los hombres. Los seres sin alma no tienen cabida en la nueva tierra y empezarán a buscarse, reunirse y exterminarse, no importa el sexo, la religión, la ideología política, la condición social, solo importará la falta de empatía del hombre con el hombre. 

En el polo opuesto, están los que se llaman trabajadores de la luz, que es el hombre apasionado de la vida, que vive sin juzgar, que ayuda a los demás, que se preocupa por su entorno, cuida de todo ser viviente, es un ser uno con la tierra, lee, investiga, comparte, respeta, ellos también se unirán y buscarán la manera de ayudar a los demás a ser mejores seres y a unirlos con la madre tierra, que es la dadora de vida, la generadora de todo lo que hoy consideramos como de nuestra propiedad, que no lo es tal, pues morirás indefectiblemente y solo serás una cumulo de polvo más en el camino. 

El hombre que trabaja con la luz de la sabiduría e inteligencia, combatirá con el verbo a los trabajadores de la oscuridad, que son los que trabajan con el arma y la violencia. Lo hará desde el amor, desde la empatía y el discernimiento. Ambos son contrarios, el uno respeta, el otro no lo hace. El uno crea, el otro destruye, y sin embargo son el mismo hombre, primero luchará consigo mismo, después contra sus semejantes, después contra la tierra, tratando de modificarla para cubrir sus propios intereses. 

Mientras, en el medio, en el “limbo social”, está el hombre común, aquel que está de acuerdo con la opinión general, el que aplaudirá todos los discursos que le muevan las emociones, aunque esas emociones lo mantengan en vilo toda su vida, quiere la vida simple, sencilla, que lo atiendan, que lo apapachen, que lo juzguen con suavidad, que no hará nada para cambiar la vida, ni la suya, ni la de sus semejantes, ni la de la tierra. Ese personaje caminará como si fuese un ciego, dando traspiés, pateando el bote arriba y abajo, en un ciclo sin fin. Ese hombre observará que hay cambios en la tierra, buenos o malos para él, no importa, los notará y dirá que es algo normal, que siempre suceden cambios y se unirá a todos aquellos que piensan igual que él y por unanimidad decidirán que esos cambios los hizo dios para que ellos vivieran como lo viven, ya sea como premio, o como castigo, acorde a su nivel de conciencia. 

Rezará a sus dioses, maldecirá a los mismos, se lamentará y al siguiente minuto se solazará, depende de su estado de ánimo y del estado de ánimo general, no le importarán el por qué de los cambios, solo los aceptará y seguirá su vida, adaptándola a las nuevas condiciones, a veces se parará a analizar las cosas cuando ve que algo realmente está sucediendo, y lo aducirá a su edad, a que el mundo cambia constantemente, a que la sociedad no es la misma, a que todos cambiamos conforme pasan los días. No comprenderá por qué se dan cambios tan drásticos en el comportamiento social, ni le importará, dirá que no es su problema, porqué la sociedad en general no quiere buscar respuestas, solo buscan vivir, sin complicaciones, sin ayudar, sin dañar, casi de incognitos. 

Aunque al final de sus días se sientan olvidados, tal y como ellos han querido vivir, como olvidados por todos. Pero la tierra los necesita a todos, la energía del hombre es necesaria para mantener el equilibrio. El ejemplo claro de que la tierra necesita al hombre, se puede observar en las viviendas abandonadas por el hombre, estás se empiezan a deteriorar, hasta que se derrumban. Mientras que, siendo habitadas por un hombre, aunque no tenga hábitos de aseo y mantenimiento adecuados, la vivienda se mantiene de pie. Así la tierra, si no existiera el hombre, desaparecería.  

No sería correcto eliminar al hombre por completo de la tierra, a pesar de las ideas fatalista de los amantes de la naturaleza, que señalan con justicia que el mal de la tierra se llama: hombre, que la enfermedad de la tierra, se llama: hombre, que el depredador másdañino, se llama: hombre, que el mayor destructor de la naturaleza, se llama: hombre. Por tal razón, el hombre es quién debería de desaparecer de la faz de la tierra, para que esta logre su equilibrio, para que los demás reinos se equilibren. Pero no es así. Cierto es que, gracias a la inventiva del hombre, la humanidad es más longeva, por tanto, más numerosa, aunque la tierra esté pagando un precio muy alto por esta longevidad.

Pero como la tierra se rige por leyes que no pueden ser modificadas, ni refutadas, ni derogadas, una es la ley del ritmo, a veces estás en la parte alta de la cresta, mañana estarás en la parte baja del valle, solo bastará prever esas altas y bajas. Más el hombre no prevé esto, el hombre cree que la vida es una, que debe ser vivida hoy y que mañana es un día sin clasificar, sin conocer y puede que mañana no estemos y tratará de gastarse todo lo que sea posible en una sola vida, y destruyen más de lo que crean, porqué el mañana no existe en su línea de tiempo. Eso es porqué piensan de manera individual, no piensan en la colectividad, no piensan en lo eterno, no creen que la energía no se crea, ni se destruye, solo se transforma, no creen que su energía, una vez dejado el cuerpo que ven ahora, se transformará en algo más. 

Eso les asusta, les da miedo, no se atreven ni a pensarlo, porqué es algo que no es natural, ni normal para ellos. Si lograran ver las grandes venas energéticas que corren por el universo y que nos une a él, si lograrán ver como la energía fluye de un ser a otro, sin importar a que reino pertenezca: animal, vegetal, mineral o humano, si lograra ver como la tierra tiene sus fuentes de energía propias y que su fluir nos afecta o nos beneficia, acorde a la frecuencia en que andemos, son siete colores en los que se descompone nuestro cuerpo energético vital, y son varios tonos los que nos indican el grado en el que estamos vibrando.Así la tierra, tiene sus puntos energéticos que nos alegran o nos entristecen.

 

Nos alegra ver naturaleza viva, árboles verdes, grandes praderas con pastos bien cortados, frutas de colores brillantes, semillas enormes y firmes, mares con olas pacientes y constantes, ríos cantarines y transparentes, invitando a jugar y refrescarnos; pero nos da tristeza ver ríos sucios y malolientes, nos hace llorar ver los cerros de basura llena de moscas y hediondos, nos da tristeza ver edificios abandonados, con roturas por todas partes, no nos gusta el paisaje desierto, sin agua, ni aparente vida, pero cuando visitamos los parajes que nos dan alegría, no hacemos ni siquiera el intento de cuidarlo, tiramos basura, nos llevamos las rocas que nos gustan, cortamos las flores, rodamos por el pasto e imaginamos construir una casa enorme en medio de esa hermosura. 

Cuando vemos los basureros y los eriales en que hemos convertido a los bosques, siempre culpamos a los demás de su incultura, pero nada hacemos para evitarlos, no dejamos de consumir cosas que terminan allí, ni siquiera participamos en planes de reforestación, por no crear árboles para personas que llegarán un día a cortarlos sin haber hecho nada para crecerlos, así es nuestra ingratitud. Mientras la madre, creadora de vida sigue luchando por mantener el débil equilibrio, usando todos sus recursos para ello y los entrega sin discriminar, el mango dará su fruto y no distinguirá si quien lo consume tiene algún color, si tiene alguna creencia religiosa o política, no distinguirá si es hombre, o mujer, o que percepción tiene de sí ese hombre o mujer, ni distinguirá si es algún tipo de animal: vaca, puerco, perico, gusano. El árbol generará fruto para todos, porqué la riqueza es para todos, porqué la abundancia es para todos. 

El hombre es el único ser que pretende ser dueño de lo que la naturaleza produce sin que el hombre haya hecho un esfuerzo mínimo por crearlo. Es más, ni siquiera se esfuerza en conservarlo, ni cuidarlo; por ejemplo, el petróleo, o los peces, que se generan solos, mediante la acción equilibradora de la naturaleza, el hombre solo va y lo cosecha, en un afán depredador, que empezó cuando le dimos más valor a las cosas materiales que a la alimentación. Allí empezó el hombre a depredar, a destruir lo que no creo, por eso vemos ahora millones de hectáreas de bosques destruidos, millones de kilómetros de mares sobreexplotados y dañados, cientos de ríos desaparecidos, porqué el hombre considera que todo lo que la tierra crea, le pertenece, y no sabe que ni siquiera el cuerpo que trae le pertenece, ese es de la tierra y a la tierra se lo tiene que regresar una vez que ya no lo necesite, cuando muera. Lo único que le va a quedar, es la energía que lo hacer ser él y no otro. 


Cuando el cuerpo ya no le sirva, le será quitado y con ese cuerpo morirán todas las pretensiones de poseer algo, pues ya no poseerá nada, solo será espíritu, que debe integrarse al gran espíritu universal, para que en determinada época pueda regresar a tomar otro cuerpo y seguir aprendiendo o evolucionando, en este plano, o en otro. Mientras eso llega, la tierra continuará su proceso de paso energético a la quinta dimensión, provocando desestabilidad en su corteza y cambios morfológicos. Habrá sismos continuos, huracanes fuertes, incendios enormes, tornados poderosos, desequilibrio en la mente colectiva, que detonará guerras, muerte y desolación, hasta que la paz sea restaurada, una ves muertos los oscuros y los cautos puedan salir a la luz.  

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