Despertar Poético 

Autor:​​​​​José Luis Valencia Castañeda

El Guache. In memoriam.

Conocí al Dr. De Labra por el año 2018, trabajaba coincidentemente en la ciudad de Querétaro, y por medio de un amigo mutuo, me puse en contacto con él, quería conocer al personaje amante de la lectura y enemigo de la ignorancia, nos reunimos en su consultorio ubicado cerca de El Pueblito, a unas cuadras de la zona arqueológica. Me recibió afablemente, se me quedaba viendo con interés, para ver si mi cara le era familiar. Nunca nos habíamos visto, así que mientras platicábamos sobre nuestros pasatiempos favoritos, me iba contando su historia, de un trato amable pero recio, molesto por la apatía de los pobladores de su pueblo natal por la cultura, más amantes del dinero fácil y la vida licenciosa.

Me comentó sus molestares y sus bienestares, su queja constante era la falta de empatía por su trabajo aquí en el país, fue reconocido en Europa, pero no en México. Eso le molestaba, amaba a su tierra, donde aún y a pesar de su edad, seguía practicando su oficio, su labor principal fue la de un sanador, un médico tradicional, no un médico alópata, que solo trata los síntomas. Me comentó que era un reconocido Petamuti, el grado de médico brujo de los Purépechas, y se asumía como tal y lo representaba a la perfección. Mencionaba que le dieron el grado gracias a haber leído más de doscientos libros, base sobre la cual establecían la obtención del grado. 

Le pregunté si sabía dónde estaba el grupo que asignaba tal grado, me comentó no sabía, que se reunían muy poco y ya hacía varios años no lo hacían. Entendí que había una especie de conclave de sanadores, donde se asignaban grados, pero no tenían una sede, solo se ponían de acuerdo y ya, ¿Cómo se contactaban? No lo supe, ni lo sé ahora.Pero ya cumplo el requisito de haber leído más de doscientos libros y me hubiese gustado saber qué más se necesita para ser un Petamuti. Creo que no es simplemente haber leído los libro, debe haber algo más, y creo que es asumirse en el papel y saber sanar a las personas, sin tanto boato, ni tanta parafernalia. 

Aunque el Dr. De Labra, para atender a sus pacientes tomara el papel muy en serio, recuerdo que, una vez aceptada la consulta, te acostaba en un camastro o camilla, cerrabas los ojos, mientras él se colocaba un penacho, tocaba instrumentos otrora tradicionales y hacía una oración a los dioses, para permitir la sanación. Después realizaba un pequeño masaje y te entregaba los medicamentos que él mismo preparaba.  

Yo asistí, más por charlar con él, que por sentir la necesidad de ser sanado, mis molestias comunes eran alergias respiratorias, que ya me habían dejado descansar varios años, o ya me había acostumbrado a vivir con ellas, aun así me dejé atender con gusto, seguí sus recomendaciones y me tomé el medicamento, no recuerdo haber mejorado, ni empeorado, pero lo que sí recuerdo, es que su interés por mejorar el entorno de la tierra caliente era genuino, se promovía él mismo como precursor de la cultura en la región de la tierra caliente del estado de Guerrero, pertenecía a una asociación de poetas de la región y participaba en varios periódicos regionales, incluyendo este portal.

En una de las pláticas que sostuvimos, le pregunté algo que me interesaba: el origen de la humanidad y su destino manifiesto. No nos bajó de burros y analfabetas, que no queremos ver más allá de nuestra nariz, y tendrá razón en muchas cosas, nuestro pueblo no es muy amante de la lectura y del desarrollo personal.  

Algo que también alentaba el Dr. De Labra, al defender a ultranza el paternalismo de los programas sociales del actual régimen, se imaginan, si por cuenta propia los estudiantes y adultos mayores no buscaban su desarrollo intelectual, a pesar de las condiciones actuales de la tecnología, ahora, con un ingreso seguro, menos se sentirán confiados en que siempre habrá algo de dinero, sin ningún esfuerzo, así ¿Para qué esforzarse?, y lo vemos ahora, un 35% de los estudiantes de preparatoria han desertado, a pesar del programa de beca universal, la llamada Benito Juárez, quiere decir que no funciona adecuadamente el programa, ni los receptores entienden la naturaleza del apoyo, eso no importaba para la idea que tenía sobre el sistema de gobierno actual, lo defendía en cada uno de sus escritos.

En el año 2018 le pregunté como escritor, si no tenía interés en escribir un nuevo libro, y me dijo que no, que ya estaba muy viejo y que ya había escrito lo suficiente, y que las editoriales eran muy complicadas, no lo atendían, o no lo tomaban en serio. Desde luego, entiendo que es difícil editar un libro, si no es negocio, si la función es esa, y le propuse un trato, que yo se lo armaría, formaría y editaría, incluyendo el diseño de portada. Sabía yo, que no desaprovecharía una oportunidad de esa, la sentía más personal, más tangible, más realizable, que atender a un personaje remoto, con el brillo especial en los ojos, que tenemos los autores al sentir que una de nuestras obras saldrá a la luz. 

Me dijo que buscaría sus trabajos para empezar a editarlo, y lo hicimos, se llamó “Erangani”, aprendiz de filosofo. Lo terminamos en 2018, y fue el último editado, no hicimos otro, debido a su carácter, impaciente y quisquilloso. Después, él se fue alejando de la escritura de manera paulatina, su salud empezó a deteriorarse, adjudicándosela a la edad, ya un par de veces había sido internado en etapas de decaimiento. Hablamos un par de veces, para saludarnos con afecto.

Cuando le pregunté sobre el origen de la humanidad, todavía traía en su mente la historia tradicional de la evolución de las especies y de la humanidad misma, nada más allá de lo científico, eso me hizo recapitular en mi fuero interno, sobre lo que había leído de la cultura purépecha, la cosmogonía y los mitos decían que había otra escala de tiempo en ellos, distinta a la que contaba la historia, los dioses purépechas habían enviado las señales del cambio, habían mostrado el camino nuevo a sus hijos, les avisaron que la nueva raza ya había nacido, y sustituiría a la existente, los templos se caerán piedra por piedra, y aunque los reconstruyan, no podrán ser remodelados, es hora de partir. 

Lo que me llamó la atención es una historia sobre una batalla entre los Purépechas y los mexicas, sucedida en los límites de lo que hoy es el estado de Querétaro y el estado de Hidalgo, me imaginé la región de Pañhú, donde los mexicas vencieron a los Otomíes, y establecieron allí una guarnición fronteriza, en la batalla, decía el Dr. De Labra, el jefe de los Purépechas, asentados en lo que es hoy El Pueblito, pidió a las mujeres que se quedaran solas en el campamento, junto a los ancianos, y cuando llegaran los mexicas, se hicieran las sorprendidas y los invitaran a comer y a beber, una vez borrachos, llegarían los hombres y terminarían el trabajo. 

Así se hizo y murieron muchos mexicas en ese tipo de emboscada, eso me recordó a un pasaje de La Relación de Michoacán, cuando mencionan a Tariacuri, siendo perseguido por los de Curinguaro, se asentó en Urecho, hasta allá los persiguieron sus enemigos, allí las mujeres ofrecieron bebidas a los enemigos y los emborracharon, una vez borrachos, fueron presa fácil de Tariacuri y su gente, fueron decapitados y sus cabezas empaladas. 

Quizá el Dr. Haya leído la Relación de Michoacán, quizá se haya confundido de Urecho, pues hay uno en la tierra caliente de Michoacán y otro en laregión cercana a la ciudad de Querétaro, yo considero que la Relación de Michoacán habla del Urecho de a tierra caliente, pues habla también de un pueblo llamado Cacanguio, y ese aún existe, triste como la misma historia y convirtiéndose en humo como su historia, eso no quiere decir que la historia contada por el Dr. De Labra sea errónea, puede ser que haya sido una táctica común en esos tiempos, y que cada jefe guerrero que la conocía, podía usarla a discreción, y más si eras encargado de una frontera fuertemente asediada. 

Del Dr. De Labra nos quedarán sus escritos, sus libros y sus historias, sabedor que soy de la eternidad del espíritu, también éste nos quedará para acompañarnos y asistirnos en la conjunción de ideas y nos empujará a ser más propositivos a la hora de ayudar a los demás, para que paso a paso vayan alejándose de la ignorancia. 

Tarea difícil les dejó a sus paisanos, que no han entendido la fortaleza del mensaje, y difícil será modificar la conciencia colectiva, pero eso se lo dejaremos a la historia, que el pueblo entienda y actúe en consecuencia, no le hace daño algo de cultura, y a Tamácuaro, Guerrero, solo le pediría que el lema para cada uno los habitantes, sea “leer doscientos libros al menos”. Si lo difunden y lo aplican, el sueño de un terracalenteño talentoso será realidad y el pueblo tendrá una nueva conciencia, superior a la mayoría. Así la memoria del Dr. De Labra será encumbrada y el eterno Guache seguirá caminando en su pueblo. 

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