A la escuela se extraña

-Coronavirus, es difícil desprenderse de la docencia.

-Las cosas que añoras de la escuela.

Por: Marina Vilchis Herrera.

Pedro Aguirre y Ram Tziquim Rosas, ambos maestros de escuela primaria. Ese es su oficio, dar clases a niños todos los días y lo siguen haciendo; sin embargo, la metodología es diferente e imparcial. La forma de dar clases no es la misma, no hay convivencia, no hay juegos, hay exceso de trabajo y mucha presión en casa. Los niños están aprendiendo de forma digital y hay ocasiones que no tienen acceso a esto. La crisis que se vive por la pandemia hace que las personas se aprieten más el cinturón, esto aunado a padres de familia que no les prestan atención a sus hijos.

En entrevista para El Despertar, Pedro Aguirre docente de educación básica nos comparte como ha sido su experiencia con estos nuevos métodos de educación.

Aguirre comenta la calidez y el cariño de los niños cuando entran al salón de clases; vivir el proceso de los niños al momento de aprender cosas nuevas, observar cómo sus ojos se iluminan cuando por fin entienden un tema y la satisfacción de ver el orgullo con el que los pequeños demuestran a sus madres o padres el trabajo más difícil del día, que ellos pudieron hacer por sí solo.

La interacción y convivencia de los alumnos, conocer cuáles son sus aspiraciones y poder ayudar a resolver sus miedos, que muchas veces, por temor, no son capaces de superar.

“Me dirán romántico, pero hasta el olor de un marcador recién destapado escribiendo la fecha todas las mañanas y hasta ese olor de café recién hecho que impregna el salón y que nuestros alumnos están acostumbrados a oler todas las mañanas”.

“En definitiva cambió mucho mi vida, las clases son diferentes, muchas veces en la escuela los niños tienen la confianza de compartir vivencias y buscamos la forma de apoyarlos. Nuestra vocación es formar seres responsables y dignos, capaces de salir adelante pese a las adversidades que se les presenten, ahora deben hacer uso de plataformas digitales, tener clases por zoom, enviar sus evidencias. Todo eso tiene un desgaste emocional en los niños, ya que en la escuela conviven con sus compañeros y se aprende conviviendo con las demás personas; pero sí esto tiene que suceder, ni modo, nos iremos acostumbrando a esta nueva vida”.

Aguirre señala sobre los retos, “existen múltiples problemáticas que deberemos de resolver, como la falta de recursos tecnológicos con nuestros alumnos, así como el gasto que implica comprar un pequeño paquete de datos para poder bajar las actividades e imprimir, para que los alumnos las hagan (y en eso no se fija la 4T)”.

Por otro lado, los padres deben de salir de casa a buscar el sustento familiar, eso es un factor que afecta bastante; ya que, lamentablemente, el pequeño se encuentra solo en casa, sin quien pueda explicar (recuerden que yo doy clases en el nivel primaria, sé que en otros niveles existe otros tenores)”.

“Finalmente, como no podemos ver y observar las habilidades, actitudes y valores de nuestros alumnos, es difícil poder conocer el estilo de aprendizaje real que pueden tener nuestros niños. A su vez, dificulta la realización de material o actividades para que puedan trabajar en casa de la mejor forma.

Por su parte, Ram Tziquim Rosas menciona que, en esta pandemia, las actividades económicas, religiosas, sociales y educativas han sido puestas a prueba, misma que no todos hemos sabido asimilar o en otro caso aprovechar.

“En esa multiplicidad de sentimientos tan cambiantes, que se han agolpado durante la pandemia, podemos explicar la situación del profesor como crítica. En las pasadas sesiones de consejo técnico, uno a uno fuimos expresando nuestra forma de vivir la pandemia, pero en el fondo la mayoría confluíamos en un sentimiento de pérdida, despojo o viviendo alguna fase de duelo”.

“Es posible explicarlo al observar al ingeniero que no detuvo su proceso productivo-creativo, el médico cansado por su ardua labor, pero manteniendo su actividad que lo hace ser quien es, el músico, pintor, cantante, han mantenido en sí mismos su forma de expresión, haciéndoles falta sólo el aplauso; así podríamos repasar cada profesión y oficio existentes y pocos, en realidad muy pocos, tendrán esa ausencia casi total de la sustancia que da sentido a sus vidas”.

“En un mundo sumergido en los horrores del capitalismo, en donde urge implantar en las sociedades un pensamiento posmoderno, en donde se inhiba la humanidad y se le desvincule de su naturaleza, donde existamos personas hiper productivas y estresadas proclives al pensamiento nihilista que garantice el consumo y endeudamiento que mantenga el sustento a los de arriba. Justo en ese escenario se deviene el desmembramiento social, así la salud es cuestión solo del médico, la justicia solo de la policía y los jueces, el transporte es exclusivo de los transportistas, la tecnología de los científicos y de quien tenga para pagarla y así sucesivamente hasta llegar al punto nodal de las sociedades, la educación es un asunto exclusivo de la escuela y el maestro, desarticulado el postulado de tantos teóricos sobre que la educación, que es un asunto que le compete a toda la sociedad».

Este escenario en medio de una pandemia nos termina estrangulado como sociedad, al tener que regresar a la integralidad del ser y a la reinserción familiar, al cuidado interpersonal y obligarnos a parar la sobreproducción.

 “En el ámbito magisterial, sucede una versión amplificada, ya que fuimos sacados repentinamente de nuestro medio de producción y de nuestra fuente creativa que nos daba identidad, sumergiéndonos en una suerte de transformación hacia una enseñanza deshumanizado y en ambientes virtuales que abonarán en la formación del ideal que el capital perfila. En medio quedamos los profesores ahorcados en nuestro proceso de creación-expresión-construcción-transformación. En fin, arrancados de nuestro arte sin una certeza de cuando volveremos a practicarlo”.

“Nuestro arte no trabaja con materiales inertes y no se basa en procesos productivos esperando a ver en lo inmediato el resultado final de nuestra obra; nuestro arte trabaja con personas y se vale de sonrisas, motivaciones, reprimendas a veces y todo el cúmulo de emociones humanas para ir esculpiendo poco a poco el adulto del futuro y como fin general se edifican sociedades enteras que no siempre convendrán a las élites”.

“Si al músico, el escultor, el actor o cualquier artista lo privas de su arte, se sentirá incompleto. Pero cuando ese arte está reflejado en la sonrisa de un pequeño, al descubrir que ha aprendido algo, en la mirada de la más sincera sorpresa al comprender un conocimiento que le había costado trabajo, en el abrazo incondicional de pequeñas personitas al sentirse comprendidas y acompañadas en sus más profundas filias y fobias, su confianza cimentada en la diaria convivencia, todo ese sentimiento se magnífica y produce una inherente depresión”.

“Adjunto a esa depresión sobreviene la necesidad de adaptarse a un escenario casi desconocido para la mayoría y que es totalmente excluyente para gran parte de nuestros alumnos, discriminatorio hacia el nivel socioeconómico del país”.

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