Aurelio Arciniega Reyes

Zitácuaro, Mich.- En los tiempos del porfiriato, don Aurelio Arciniega Reyes; luego de que se quemó la plaza, hizo de este inmueble un verdadero jardín. Además le colocó fuentes saltarinas en forma de ranas, que por el pico arrojaban el chorro de agua y ahí llegaba la gente a saciar su sed.

Según la memoria prodigiosa de algunos zitacuarenses, en aquel entonces al jardín central le llamaban “La Plaza Quemada”, en vista de que era eso: una plaza. Los puestos eran de madera con techos de tejamanil.

Por aquellas épocas abundaban las veladoras encendidas por las noches y la gente se abría paso entre la oscuridad. Así mismo se utilizaba el alumbrado de quinqués con petróleo, o simplemente con ocote. Cuando era tiempo de lluvias aparecían los relámpagos y se iluminaba toda la plaza durante la noche, aunque fuera por algunos instantes.

Arciniega tenía la costumbre de salir a caballo por las noches y dar fe del buen orden, ya que después de las diez de la noche había toque de queda. Lo que significaba que ya no estaba permitido estar en la vía pública, a excepción de que fuera una razón justificada, o se aplicaban multas.

Una noche, un hombre alcoholizado iba a media calle arrastrándose, dando vueltas sobre pecho y espalda y exhalando profundos suspiros. El Prefecto al verlo le preguntó que ¿por qué iba así? A lo que contestó el borrachín: “Como se me hizo tarde y su mercé multa por andar de noche, yo por lo mesmo voy rodando pa’ llegar a mi jacal”.

Había seis “serenos” en la “Villa de Zitácuaro” que se encargaban de la vigilancia y realizaban rondines, mientras que en sus manos tenían sus faroles de aceite y gritando a todo pulmón: “¡Las doce y todo en calma!”. Al terminar el rondín de una cuadra o manzana contestaba el otro vigilante con la misma frase, hasta que rallaba el alba.

Don Aurelio Arciniega Reyes, prefecto del distrito de Zitácuaro (1886-1909), durante parte del gobierno de Porfirio Díaz ejerció su cargo en diversos periodos. No percibió salario alguno.

Con cargo al erario público, adquirió parte del terreno que corresponde al Cerrito de la Independencia, con el único fin de preservar su identidad histórica y como un emblema de nuestro pueblo.

Tiempo después, en la cúpula del citado inmueble, construyó los monumentos a Ignacio López Rayón, José Sixto Verduzco, José María Liceaga y José María Coss, ello con el propósito de conmemorar la instalación de la Suprema Junta Nacional Americana.

Uno de sus pensamientos fue involucrar a la sociedad en manifestaciones sobre el arte y la cultura, además de las fiestas tradicionales.

Como por ejemplo, la primera feria de Zitácuaro se celebró con carácter de fiesta cívica, fue la del 5 de febrero de 1898, siendo jefe político Aurelio Arciniega y alcalde Alberto Oviedo. Anteriormente se celebraba la feria cada año, el 8 de diciembre.

El antiguo teatro Juárez inició su construcción el 12 de marzo de 1896, bajo las órdenes del señor Benjamín Farías Duarte, quien también fue el autor del proyecto arquitectónico.

Dicho terreno fue donado por el señor Mariano Rodríguez Soto (de acuerdo a la versión del profesor Vicente Marín Iturbe) o comprado por las autoridades, encabezadas por el Prefecto Aurelio Arciniega, según consta en la obra del doctor Genaro Correa Pérez.

El ayuntamiento proporcionó recursos para su edificación, los vecinos de esta población aportaron dinero, además materiales y mano de obra. Todo lo anterior según un fragmento de un escrito del doctor Miguel Avilés Torres.

Este escenario era utilizado para la celebración de actos cívicos, así como veladas musicales-literarias, eventos políticos, bailes, funciones de box y lucha libre, funciones de cine y festivales de fin de cursos de las escuelas locales.

EL PREFECTO AURELIO ARCINIEGA AL RESCATE DEL JARDIN DE LA MORA

Zitácuaro tiene al jardín de La Mora como un sitio histórico por excelencia. Ahí el general Ramón López Rayón tuvo una emblemática batalla, en la que los realistas atacaban y avanzaban con el objetivo de apoderarse de la Villa de Zitácuaro.

En su intento se encuentran con hombres de extraordinario valor, como el General López Rayón, quien enfrenta a los realistas y al momento de la difícil batalla cae con su caballo, al recibir éste el impacto de una bala. La caída le ocasiona heridas diversas, pero la más notable es la que sufrió en uno de sus ojos, que posteriormente perdió.

Inconsciente el general López Rayón es auxiliado por su asistente Joaquín Ruiz, quien lo llevó al árbol de la Mora, cuyo tronco le sirvió para protegerse del ataque enemigo. Tan efectiva fue la protección, que el troncó evitó que una nueva bala de cañón enemiga hiciera impacto mortal en el insurgente michoacano.

Este hecho trascendió entre los vecinos de esta población y en el año de 1895 surgió la idea de que ese árbol histórico representaba una de las jornadas más gloriosas de la lucha por la libertad.

Bajo ese sentimiento, el Prefecto Aurelio, a petición de la Junta Patriótica Liberal Benito Juárez, decretó su conservación y se encargó de donar el terreno, que abarcaba una superficie de 44 metros de largo por 12 de ancho, mismo que serviría para construir el jardín. Los alumnos de las escuelas formaron las jardineras y cultivaron plantas florales.

HISTORIA DE LA BANDA DE MÚSICA

El Prefecto Arciniega logró impulsar la creación de una banda de música, que fuera propiamente de la ciudad. Al lograrlo, se cree que su primer Director fue don Juan Molina Ramírez, hijo del señor Socorro Molina, músico de origen francés. Corren versiones de que la banda municipal realizó una participación musical en la ceremonia de inauguración del monumento a don Benito Juárez, instalado en el Jardín de la Constitución.

La banda participó en eventos cívicos y en fechas especiales, como la del 5 de febrero, 21 de marzo, 18 de julio, 15 y 16 de septiembre, 20 de noviembre. Para el año de 1925 la banda tenía una membresía de 33 elementos.

Arciniega era considerado una auténtica autoridad moral, cívica y política.

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