Cerro El Molcajete y Cerro Camacho, padecen ecocidio

H. Zitácuaro, Mich. – Los cerros El Molcajete y Camacho, han sido devastados por la mano del hombre. En ambos casos ya pueden considerarse como un daño masivo o destrucción ambiental, calificó así el ecologista Ignacio Sánchez Avilés.

El ambientalista subrayó que los bosques, en la región oriente, han padecido, en las últimas décadas, cambio de uso de suelo, tala irracional, incendios, políticas ambientales erróneas, que se han traducido en una enorme pérdida de la masa forestal.

Explicó Sánchez Avilés que, por ejemplo, aquí en la región y propiamente en la Biosfera de la Reserva de la Mariposa Monarca, uno es en el Cerro del Molcajete, en el municipio de Zitácuaro.

Añadió que “se ha visto el asunto de las minas que han ido comiendo la parte del cerro; que, aunque argumentan que es propiedad privada, están cometiendo ecocidio de manera grave”.

“Otro, es el Cerro Camacho, mismo que se quemó, con la argumentación de que van a talar lo que se siniestró para evitar que se plague. Lo más fácil es pedir los aprovechamientos forestales por área siniestrada, pero terminan para otro uso, que es el agrícola”, precisó.

 “Ahorita se puede apreciar la parte de atrás del Cerro Camacho, le metieron bastantes árboles de aguacate; entonces, no le metieron los árboles que estaban originalmente ahí, sino una plantación agrícola. Son dos casos particulares de lo que está ocurriendo en nuestros ecosistemas y cerros de la región”, consideró.

En cuanto a las campañas de reforestación que se realizaron semanas atrás, expresó que “está muy de moda el asunto de lo ambiental, de querer hacer ciertas acciones que se requieran para conservación de la naturaleza; todo mundo quiere ponerse a reforestar, a prohibir plásticos, prohibir popotes, pero lo está viendo como una moda, yo participo y todo, pero lo hacen de forma desordenada”.

“Al inicio del mes pasado se dio mucho el yo voy a reforestar y grupos (que expresaron) yo voy irme a reforestar”. Sin embargo, dijo que: “primero no era el tiempo, porque el idóneo es a principios o mediados de julio; ya que en junio se empiezan asentar las primeras lluvias, por lo que la humedad del suelo no es la adecuada”.

Señaló que, “los primeros aguaceros se vuelven torrenciales, los cuales hacen daño a la planta como tal, llegan directamente a las plantas como si fueran balazos, llegan a correr ríos de las laderas que terminan desgastando el área donde están los árboles. Entonces es un error y no se espera a que se asienten más las lluvias”.

Otro de los puntos importantes es saber qué tipo de reforestación se quiere hacer; para ello existen dos tipos: el de restauración y el de conservación, “pero nadie hace un estudio… ah yo me voy ir a tal área y voy a reforestar ahí, pero hay que ver qué tipo de especies se van a meter ahí, si se quiere para producir madera a mediano o largo plazo.

“Lo más importante no es llegar a reforestar y decir ya reforeste 10 mil árboles, ¿Y quién le va a dar seguimiento a esa reforestación? Hay que darles continuidad, hay que hacerles trabajo de conservación, para que el siguiente año, cuando llegue la temporada de estiaje, no vuelvan a caer dentro de las áreas que se siniestran, quemándose”, indicó.

En una parte denominada El Candelero observó una reforestación y en 200 árboles que le tocó contabilizar, 130 estaban muertos, eso se debe a una mala reforestación.

Por ello se debe tomar en cuenta el cómo quitarle la bolsa al árbol, hacia qué profundidad va, de cuánto es el tamaño del agujero, cuando se introduce la planta, cómo se apisona (apretar o comprimir el suelo), todo eso es importante, así como el qué hacer con la bolsa, recolectarlas y no dañar el medio ambiente.

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