Como león enjaulado al quedarse en casa

H. Zitácuaro, Mich. – Para Eva Rivera, vendedora de semillas, el hecho de quedarse en casa por recomendación de autoridades sanitarias, es como sentirse un león enjaulado. Describió la comerciante. Quién expresó que hay un sentimiento de encierro y ansiedad, por ello le da prioridad a ofertar sus productos y comprar artículos de primera necesidad.

“Poquito que sea, gracias a Dios, nos cae para lo que yo quiero comer. Cuando no salía, hace unos días, parecía león enjaulado, me salía a la puerta, me metía, me sentaba, me paraba, prendía la tele, la apagaba. En el nombre sea de Dios, yo ya me voy”, expuso Eva, una mujer de avanzada edad.

“Bendito Dios no ha pasado nada y esperemos en Dios que no pase nada. Que ya se vaya yendo esto, porque parece que no, pero dio un “bajón”, aquí bajaron mucho las ventas”. Reconoce que, gracias a la venta de las semillas, se ha podido sostener económicamente. “No me puedo quejar de la gran voluntad de Dios, ahí la llevó, pero no estoy en la casa ¿A qué? En la casa no me hace falta que comer, pero ahí me siento acorralada”, expuso la vendedora de pepitas.

Al tiempo que le mueve al comal, encendido con carbón, se acercan sus clientes y regularmente les vende un botecito por la cantidad de diez pesos y ella entrega las semillas en una bolsa pequeña de plástico.

Explica que, tanto en temporada de lluvias como en temporada de frío, es cuando sus ventas tienen un incremento, vendiendo hasta dos kilos de semillas en un solo día, recogiendo su puesto a las 5 o 6 de la tarde.

La señora Eva vendía, anteriormente, comida, hacía quesadillas de chorizo con papas, pollo, rajas, champiñones, chicharrón prensado, nopales.

Vendía muy bien sus productos, dando a 15 pesos sus quesadillas y entre sus clientes constantes había médicos y enfermeras que laboraban en el DIF, cuando había sepelios iban a almorzar con ella, contaba incluso una empleada y tenía que administrar sus recursos para el pago de la renta mensual.

Cuenta actualmente con 83 años, además de abuela, es una mujer ejemplar que vive de manera honesta y responsable, buscando siempre ser independiente, sin nadie que la regañe o mande.

Su padre murió en la mina de Dolores en el municipio de Angangueo, cuando ella apenas tenía escasos 12 años y luego su madre, al enviudar, se trajo a sus dos hijos a vivir a esta ciudad de Zitácuaro, en busca de mejores oportunidades de vida.

No acudió a tomar clases presenciales desde su niñez, debido a que había mucha pobreza y escases de alimentos.

Cabe mencionar que el pueblo de Angangueo se reúne cada 25 de abril con motivo del aniversario luctuoso de los trabajadores muertos en las minas. Esta tragedia ocurrió en 1953, cuando 25 trabajadores fallecieron durante su jornada laboral, entre ellos se cuenta el padre de Eva.

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