El amor es la vocación del hombre


P. Agustín Celis
Cuando nos damos la oportunidad de observar nuestra sociedad y pensar en
cuanto se deben de amar para poder vivir y formar una familia, donde los
une solo la concentración de intereses: economía, estudio, sobrevivencia,
salud, etc. podemos concluir que indirectamente existe una serie de
acuerdos y normas que deben ser importantes para conservar el orden en
una sociedad. De aquí podemos decir que “cada cabeza es un mundo” y que
no es fácil coincidir en la manera de vivir. Pero si hay algunos valores que son
naturalmente inscritos en el corazón del hombre, como el amor y del amor se
desprende el servicio.
Desde lo mencionado anteriormente, podemos pensar que hay muchas
oportunidades de mejorar nuestra convivencia en una sociedad, porque
muchos valores y principios nos han sido inculcados desde nuestra infancia
en la educación con la cual fuimos formados.
El amor sin límites que nos permite siempre salir adelante y nos ayuda a
proyectarnos en medio de las personas, sin competir con ellas, sino el solo
deseo de triunfar y ser feliz, respetando toda idea que puede ser incluso
contraria a mis ideales o principios. Con esto, no es que estemos en contra de
los antivalores, sino promover el respeto cuando no se puede ayudar a ser
mejor. Sin el amor, no se crece y se queda en una institución vacía, de
apariencias, de gestos, sin fecundidad.
Todo esto lastima demasiado a la sociedad, porque mientras unos se
convencen de mejorar las relaciones sociales, otros están actuando en contra
de la sociedad, otros salen al encuentro del que desea ser mejor, pero hay
otros que se volvieron inmunes a los problemas sociales y no ayudan, pero si
critican siempre al que quiere ayudar.
En esta situación nuestra sociedad sería mejor, si cada uno de nosotros se
propusiera emprender una actitud en la que abunde el amor y el respeto al
otro, donde el amor nos una y nos haga vivir como una sola familia. En la que
la diversidad no sea una piedra de tropiezo, al contrario, una avalancha de

oportunidades para promover, no solo los valores, sino promover a las
personas con todas sus cualidades en favor de una mejor sociedad.
Por otro lado, el servicio si pierde su esencia nos puede llevar a competir y a
luchar unos contra otros, porque lo podemos ver como un medio de poder
figurar, una forma de obtener autoridad y poder, la búsqueda de identidad,
reconocimiento, aceptación, sentirse alguien y hasta competir para alcanzar
reconocimientos. Es importante que el servicio recupere su esencia, su
propósito y sentido. El servicio no es una obligación (ley) sino una respuesta
de amor al prójimo, reconociendo que es un acto intrínsecamente esencial
de la naturaleza humana.
Podemos concluir diciendo, que el amor y el servicio son tan importantes en
nuestra sociedad, y en la medida que lo realizamos participamos de la
promoción de la paz.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: