José Luis Urquiza Miranda

Zitácuaro, Mich.- Fue de los primeros jugadores en ser llamado para conformar el ya legendario Deportivo Zitácuaro, en la época de los setentas, jugó al lado de destacados zitacuarenses, como Chón y Nacho Orihuela, Porfirio Bárcenas, Ramón Venegas y otros más. Su posición era de comodín, era el “Jorge Campos” de ese equipo de época.

Aunque nació en el municipio de Tuzantla, de niño fue traído por sus padres a realizar sus estudios primarios a esta ciudad. De infante aprendió la sastrería, gracias a la tradición familiar de convertirse en sastre, lo cual ha sido un privilegio trabajar en esa grandiosa profesión.

Con el Deportivo Zitácuaro llegaron a competir con los “Tecos de Guadalajara” y con el equipo de “San Luis” y tuvo sus grandes momentos de gloria. Este Deportivo Zitácuaro entusiasmó mucho a la gente en aquella época, de tal manera que iban familias completas a entrar al campo Rafael Baeza, se llenaba completamente, incluso se hacían unas gradas adicionales en el lado donde colinda el campo con la Iglesia de “San Juan”. A los jugadores les pagaban hasta 200 pesos por juego ganado, 100 por empatar y se quedaban sin pago si perdían.

Después de los entrenamientos, recuerda Urquiza Miranda, era planear las salidas a las plazas que les tocaba como visitantes, como Guadalajara y Aguascalientes. Se tenía una convivencia y no como ahora, donde prevalece la indisciplina.

A los jugadores del Deportivo Zitácuaro les pusieron a un entrenador que le llamaban “Perez”, quien fue su entrenador inicial y luego el equipo Deportivo pasó a nuevas manos, los nuevos directivos trajeron a otros directores técnicos, como “Mancera”, quien era un jugador de los Diablos Rojos del Toluca.

A nivel amateur inició su participación futbolística en el campo “Rafael Baeza”, con un equipo de aquel tiempo, con el “Deportivo Toluca”, en 1966. Posteriormente se decide conformar una selección con los mejores jugadores de la época, para dar paso al “Deportivo Zitácuaro”.

En 1978 decidió probar suerte en los entrenamientos de los llamados “Linces de Celaya”, para ver si había cabida en ese equipo de segunda división profesional, mismo conjunto que peleaba para subir al máximo circuito, la primera división. Urquiza sólo permaneció algunos entrenamientos, pero era mucha la competencia, llegaban jugadores de Monterrey, de Guadalajara, de San Luis, con el objetivo de probarse en ese conjunto del bajío, cuyo entrenador era el llamado “Chapulín Rosas”.

Del negocio de la sastrería, el cual aprendió desde que era niño, expuso José Luis que es un oficio muy difícil, de no ser así, habría una sastrería en cada esquina; pero solamente a las personas que les gusta este oficio, que más bien considera que es una artesanía, porque se hacen obras de arte.

“Por eso yo lo descarto como un oficio. Yo desde niño aprendí por mi padre, ya desde pequeño me colgaba en la máquina de coser que usaba mi padre, Luis Urquiza Miralrío, quien ya tiene 70 años en esta profesión y que desde los 18 años comenzó a trabajar, gracias a que la sastrería viene de una tradición familiar, en la población de Tuzantla”, explicó.

Recordó que anteriormente las máquinas eran de pedal, por lo cual se utilizaban los pies y se empujaban los pedales y estos a su vez seguían el proceso para coser las telas. Luego se introdujeron unos motores que se adaptaron a las cabezas de las máquinas y sólo se presionaba el pedal. Las máquinas modernas ya tienen el motor incluido, explicó.

De su faceta de músico, comentó que todos sus familiares entraron a esta actividad, con lo cual aprendió José esa profesión de su parentela, José Luis toca guitarra, canta y compone. Tiene su registro en la Ciudad de México, en la Asociación de Autores y Compositores, su número es el 14,249.

Obtuvo su registro luego de participar el día 3 de abril de 1973, en un programa de televisión, en el canal 8 de televisa, que conducía el señor Manolo Fábregas. En ese el trío “Saleciano” interpretó una melodía de su propia autoría, llamada “Rosa Sensual”, misma que fue registrada en la Sociedad de Autores y Compositores de México y corresponde al género de balada romántica.

Posteriormente un grupo denominado “Los Impala” le grabaron la melodía en Agua Prieta Sonora. Luego se hicieron solamente mil discos por una empresa japonesa en los Estados Unidos, que luego desapareció. Los discos no los vendió y tuvo que regalarlos, porque sentía que no estaba enfocado en su carrera musical. Incluso llegó a recibir regalías económicas que iba a recoger a la Ciudad de México, hasta hace 10 años.

Después de ir de allá para acá, desde hace 7 años se estableció en la sastrería de su padre, ubicada en la calle José María Coss, casi esquina con Morelos, trabaja al lado de sus padres con entusiasmo y alegría. Es además padre de familia y abuelo. “Vivo feliz, no tengo problemas, vivo tranquilo, cuidando a mis padres, porque ya están cansados y hay que ayudarlos”, puntualizó.

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