Perdieron su batalla con el alcohol

H. Zitácuaro, Mich. – Hace algunos días se me acercó un borrachín, sucio y desarreglado; por cierto, mi amigo, casi de toda la vida. Me pidió 10 pesos, me metí las manos en las bolsas de mis pantalones para buscar alguna moneda y por suerte encontré algunas.

Al mirarlo sentí cierta tristeza por el estado en que se encontraba, me habló por mi nombre y le obsequie algún dinero. Sin embargo, no pasaron ni 15 minutos cuando lo volví a encontrar, pero ahora tirado en el suelo, se había caído con su propio peso, por el estado etílico en el que se encontraba.

Se trataba de un viejo amigo, que conocí siendo boxeador, a veces ocupaba la pelea semifinal de la función y en algunas ocasiones aparecía en la batalla estelar, en la arena de la calle Benito Juárez, de esta ciudad. Aunque no fue muy bueno, su objetivo era llegar a ser una gran estrella.

Su sueño se vino abajó y los problemas con el alcohol lo orillaron a abandonar a su familia por algún tiempo. Sufrió un infarto, después logró su recuperación, pero muy lentamente.

Al igual que este veterano boxeador, muchos han perdido la batalla con las adicciones; por ejemplo, es una frase popular decir “hoy es juebebes”, “es viernes y el cuerpo lo sabe”, pero en la realidad hay de fondo una de las tragedias sociales con mayor costo social, cultural y humano en la población.

La cerveza, el vino, los jerez, el pulque, son muy socorridos en la ciudad, basta decir que algunas tiendas de abarrotes operan como mini cantinas, venden refrescos y aparte alcohol en recipientes o bolsitas de plástico.

Hay billares que funcionan como bares, que tienen sus salas de juego y a esto se le suma que venden bebidas adulteradas, para que los clientes permanezcan más tiempo. Además, de sus televisores hay también mesas para jugar domino o incluso baraja.

Modeloramas, cervecentros, vinaterías o lo que sea, venden sus productos con alcohol a todas horas del día, ya sea en la noche o en la madrugada. Su meta es, cuanto más vender, más serán las ganancias.

Muchos de los lugares donde se venden jugos o licuados no les falta su botella o garrafa de jerez para remediar las “crudas”, aunque los especialistas de la salud señalan que siendo en ayunas hay mayor concentración de alcohol en la sangre.

En la actualidad hay escuelas de nivel medio superior que tienen a sus alrededores pequeñas tiendas de abarrotes que funcionan como cantinas, donde se vende cerveza al mejor postor, con lo cual muchos adolescentes rápidamente son atrapados por el alcoholismo.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017, el consumo promedio es de entre 4 y 5 copas antes de ir a una actividad social formal, como salir al “antro”, acudir a una fiesta o reunirse con sus amigos, en donde continúan el consumo de bebidas.

La ingesta de cerveza también se ha elevado en mujeres adolescentes, muchas de ellas se consideraron consumidoras para disminuir la ansiedad o el estrés.

Los datos de este sondeo también revelaron que el 70 por ciento de la población en México ha consumido alguna bebida alcohólica. De ese número arriba señalado hay un 20 por ciento que consumió alcohol de manera excesiva.

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