Recordando al maestro Pedro Martínez Cerecero, ejemplo de vida

Recordando al maestro Pedro Martínez Cerecero, ejemplo de vida

-Como docente tuvo la oportunidad de servirle a muchos alumnos, en diferentes generaciones, en la escuela Secundaria “Nicolás Romero”.

Por: Gabriel Gómez Rodríguez

H. Zitácuaro, Mich.-El maestro Pedro Martínez Cerecero como ser humano fue una excelente persona y representa un ejemplo de vida. Afirmó el Doctor Julián Rodríguez Sesmas, quien señaló que el ex presidente de Zitácuaro dejó un legado importante en nuestro municipio.

Resaltó que cuando el químico Pedro Martínez era presidente municipal de Zitácuaro, Rodríguez Sesmas lo era en aquella época en el municipio de Tuzantla y mantenían una buena relación de amistad.

“En vida fue un respetado y distinguido maestro, fue una persona seria y responsable en el desempeño de sus labores y se caracterizó por ser un excelente amigo”.

Detalló que hubo una época que le gustaba mucho viajar hacia Tuzantla, donde tenía un grupo de amigos y se iban de cacería, aprovechaban las cosechas de ajonjolí y maíz.

“Siempre estaba con sus amigos, le gustaba irse a tomar un café y hay muy buenos recuerdos, yo creo que es un ejemplo como ser humano. Yo creo que si todos los maestros fueran como él, porque hay muchos maestros cumplidos y responsables, este país sería otro, como es la preparación de sus hijos”, expresó Rodríguez Sesmas.

El actual cronista de la ciudad, Servando Rueda Cazarez, al hablar sobre la vida del Martínez Cerecero, señaló que a partir de 1954 empezó a dar clases en la secundaria Nicolás Romero, en la materia de química, a invitación del profesor Lorenzo Corro González y motivado por el doctor Alejandro Kaplum Leiken.

Colaboró en la fundación de la preparatoria “Melchor Ocampo”, además de dar clases en la escuela del “Magisterio”, así como en la desaparecida escuela “Josefa Ortiz de Domínguez”, conocida popularmente como de “las madres”.

Se retiró de las aulas cuando fue nombrado titular de la supervisión escolar de secundarias generales, que abarcaba casi todo el oriente, desde Angangueo hasta San Lucas, de esta manera combinó su profesión con la docencia.

Tuvo entre sus alumnos en su paso por la docencia, a personajes como Ausencio Chávez Hernández, Víctor Manuel Tinoco Rubí, Genaro y Jorge Correa Pérez, Pablo Salazar Mendiguchea, que luego fue gobernador de Chiapas, entre muchos otros.

A sus alumnos los motivaba con palabras de aliento o una palmadita suave en la espalda, para seguir adelante ante los obstáculos de la vida.

Se jubiló en el año de 1993 tras 39 años de servicio en el campo de la educación, y como químico prestó sus servicios para el Seguro Social, ISSTE y Salubridad, y después se jubiló en su profesión para dejar el camino a uno de sus hijos.

Las charlas del maestro Pedro no solamente eran sobre política, sobre la educación, sino también sobre la cacería, e iba con sus amigos en busca de las güilotas, cuando eran como plaga, ya que cuando se sembraba ajonjolí abundaban esas aves, y también la pesca en la Presa del Bosque, al Río Guayabo, Río Balsas, así como por los rumbos de Apatzingán, con su amigo “El Prieto” Béjar.

Por su parte, el doctor Francisco Álvarez Díaz señaló que cuando llegó a desempeñarse como médico, en el Centro de Salud, conoció al químico Pedro Martínez Cerecero, quien siempre le caracterizó su carácter amable y formaba parte de la tertulia a la hora del café.

En el libro Poemario Zitacuarense, del maestro Samuel Ruiz Madrigal, puede leerse esta poesía de la cual se muestra un fragmento- donde el profesor expresaba el amor por su tierra. A ZITÁCUARO.

Zitácuaro bendito: deja que me cobije tu querencia; que al declinar la frente ante la muerte, bese la tierra ardiente de tu entraña y el relieve que adorne el catafalco sea túmulo de montes aledaños.

Que me cubra mortaja colorada, de la sangre bravía de tus chinacos y se conjugue el cielo con la tierra en dos brazos de cruz, con sus gravados de libertad y paz, por ti labrados.

Que mis prados sean milpas y trigales siempre con muchos manantiales. Quiero, Santuario Heroico Michoacano, que el saludo final sea de tu mano: pues si reposo yerto entre tu campo, pienso, por nuestra historia venerada, que ha de quedar mi tumba ornamentada de flores abonadas con fusiles, de coronas con rotas bayonetas, y estandartes y lanza como lirios.

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