SEMBLANZA A ARMANDO LINA


Por: Ozryel Salatiel Arroyo Benítez
“Nadie sabe si las hadas tienen cola o no. Ni siquiera se sabe que existen o no. Ahí está el
eterno dilema, la eterna aventura. Por eso se llama Fairy Tail.”

  • Makarov Dreyar, 3ero, 5to y 8vo Maestro de Fairy Tail.
    Mucho se habla de la labor periodística que ejercía Armando Linares como director del medio
    “Monitor Michoacán”, pero un servidor lo va abordar desde otra perspectiva. Tras bambalinas
    del periódico de “El Despertar”, había un obscuro secreto que ya parece ser hora de que sea
    confesado: No es mentira, es más, es un secreto a voces bien sabido que colaboradores y ex
    colaboradores, como José Luis Jiménez Perea, Julissa Orihuela, Daniel Córdoba, por mencionar
    algunos y miembros de la administración estatal 8en su momento), cómo Rosario Cruz y
    Salomón Suárez, que fueron alguna vez colaboradores del medio, cumplieron la función, y
    bastantes veces, de niñeros de las “bendiciones” de J. Salatiel Arroyo Zamora. Esta vez, mis
    palabras van dedicadas a la memoria de Armando Linares.
    Hablar de mis primeros años de infancia es también incluir a Armando en mis recuerdos. A él
    lo podría encasillar en el concepto de “barrio”, una terminología de Chilangolandia para
    referirse a aquella persona que era muy amiguera, que estaba cerca del pueblo, los intentaba
    ayudar de alguna forma y escuchaba las quejas del populacho, era muy humano y consciente.
    En esas colonias o notas dónde se corría un cierto peligro por situaciones específicas del
    contexto, era donde Armando entraba y conseguía la información y era, justamente, por ser
    una persona “barrio”.
    Solía acompañar a Armando a realizar algunas labores de periodismo mientras le tocaba ser el
    niñero de turno, cabe decir que aprendí una madre de periodismo y está justificado: ¡¿A qué
    niño de 7 años le va a interesar estar de metiche en asuntos públicos que ni siquiera
    entiende?! Yo creo que ninguno; sin embargo, guarden estas palabras, si las entienden,
    encontrarán o entenderán la paradoja más adelante. Regresando a lo inicial. Nunca me
    empape del periodismo, pero fue durante esos años donde conocí la calidez como persona de
    Armando: Si bien nosotros somos los hijos del patrón, él nunca dio señas de desprecio, al
    contrario, nos arropó como propios, nos protegió, aconsejó y cuidó, inclusive, en años
    recientes nos seguía brindando un amor paternal totalmente incondicional, se refería de forma
    amorosa hacía nosotros, los hijos del Licenciado, de la misma forma que él lo hace: “Guache” o
    “Guachito”, un sinónimo de Tierra Caliente para referirse a los chamacos.
    También hay que mencionar que era de muy buen colmillo: Si en algún momento Armando les
    recomendó algún sitio para comer, vayan, no por nada les realizaba la invitación. Su menú
    incluía puestos de garnacha, restaurantes, negocios en los mercados, inclusive, la tamalera o el
    taquero que se encontraba en la periferia. Él siempre sabía dónde tomar alimentos y, por lo
    general, estaba de bueno a sabroso.
    Asimilar que una persona tan cercana fue asesinada, fue inconcebible en un primer momento,
    ¿Cómo era posible? Cuando se me hace llegar la fatídica noticia, en ese momento me
    encontraba en clases, viendo el tema de la Revolución Francesa, justamente en el apartado
    donde la muchedumbre airada y furiosa, que después se convierte en “La Comuna de París”,
    (organismo Europeo sumamente importante durante los casi 100 años de existencia) toma
    como cautivos al rey Luis XVI junto con su esposa y progenie, realizan un juicio rápido, sus

delitos: traición a la Patria y, por consecuente, son enviados a la guillotina. Ese solamente la
antesala de lo que sería después un mochadera de cabezas indiscriminada, por lo que, las
filosas cuchillas de la guillotina también las probaron miembros del clero, nobleza, élite política
y toda aquella persona que estuviera en contra de los ideales revolucionarios.
Repito, una muchedumbre integrada por las clases más oprimidas, miembros del vulgo que
eran asediados por los excesivos impuestos del régimen, campesinos, trabajadores, incipientes
obreros, hombres y mujeres oprimidos, irrumpieron violentamente en el Palacio de Tullerías,
tomaron a la fuerza al regente y lo que pasó después ya se lo saben. La verdad, es un poco
irónico si relacionamos el tema visto en clase con la situación actual.
Actualmente tengo la edad de 27 años y curso la carrera de Historia. En lugar de chismear e
informar acerca de hechos recientes, como el periodismo, ando de metiche con los muertos.
Es aquí donde me valdré de la historia para hablar un poco del periodismo: No es nada raro
escuchar o leer que la época del gobierno de Porfirio Díaz se caracterizó por tener una brecha
económica bastante distante entre clases populares a la alta alcurnia; sin embargo, en los casi
30 años de gobierno de Díaz, la cifra de periodistas asesinados no asciende a la cantidad de 25
personas, inclusive, en la época priísta de casi todo el siglo XX, los asesinatos a profesionales
del periodismo eran cifras no muy altas. En los últimos años, este tipo de delitos han venido en
aumento de forma demasiado alarmante, superando con creces los tiempos históricos que
mencioné con anterioridad.
“La Historia es Maestra de Vida, Madre y Tutora. Ella es muy sabia. Cualquier pueblo que
ignore su historia, está condenado a repetirla.” Vivimos en una época dónde la violencia en
México es un alimento de todos los días, no solamente en el rubro de los periodistas, que esto
es totalmente condenable, también mujeres, niños, estudiantes, que están a la merced del
incipiente pensamiento que proviene del Estado y que, dentro de su anacrónico y fantasioso
imaginario, cree que seguimos viviendo en el siglo XX e ignora que la sociedad actual posee
necesidades, pensamientos y culturas diferente a las que prevalecían hace 50 años. La
sociedad mexicana evoluciona, sus políticos no.
La Historia de México es un claro ejemplo: los cambios de régimen siempre han venido
acompañados de movimientos de carácter bélico, la Revolución de 1810 y el conflicto de 1910,
que luego se convirtió en una guerra civil, son los ejemplos más claros de lo que una
muchedumbre furiosa es capaz de hacer. Por cierto, el vandalismo fue una seña bastante
particular y formó parte de las formas de coacción que presentaron los primeros grupos
durante la Revolución de 1810. Si eres partidario de lo que conocen coloquialmente como
Independencia de México y Revolución mexicana, mientras censuras o atacas los movimientos
contemporáneos, tienes un serio problema de identidad, justicia y libertad.
No quiero advertir ni aventurarme a realizar un pronóstico, pero, en estos momentos, se están
gestando las bases para lo que, en un futuro muy próximo si todo continúa así, se detone un
acontecimiento de carácter bélico, tal vez una especie de guerra de guerrillas y, esto se afianza
más con el conocimiento de que ya existen grupos paramilitares y guerrilleros en ciertos
puntos del territorio, solamente esperando el momento cumbre para actuar.
El pensador ilustrado, Rousseau, en su libro “El Contrato Social”, menciona que el Estado está
obligado a proteger a sus pobladores y brindarles seguridad en el territorio que están
gobernando. Si el Estado no cumple plenamente sus funciones ante sus gobernados, estos
últimos tienen la capacidad de exigir sus derechos. Ante este panorama, el ilustrado francés,
justifica el uso del diálogo para efectuar las solicitudes, si la respuesta es nula, es posible tomar

la vía de las armas que, en un sentido pragmático, ha sido la respuesta más efectiva y la
Historia no miente.
El asesinato de Linares solamente nos da una breve muestra de la realidad que se habita en
México. Él no solamente era un periodista cualquiera, era padre, hijo, tío, abuelo, vecino,
amigo, asesor y cualquier otro connotativo que se le desee dar.
El ser periodista en México, es una profesión de alto riesgo. Esta vez le tocó a él y, yo tomo mi
posición como hijo de periodista que posee el temor de que, en algún momento (y que la
Omnipresencia no lo quiera así), me levanté un día y me den la noticia de que J. Salatiel Arroyo
Zamora fue asesinado. Le pediría a la fuerza omnipotente del Estado que nos provea de
seguridad al territorio en general, la violencia se está saliendo de las manos.
Desgraciadamente, es solamente dar patadas de ahogado, la solicitud va dirigida a la población
en general: De ustedes emana el poder del gobierno y ustedes mismos tienen el poder y los
medios para cambiar el territorio. El pelado de allá arriba solamente utiliza su discurso
demagógico para fragmentar la población y, a sí mismo, evitar que el pueblo se una en uno
sólo para lograr sus objetivos de cambio social y cultural.
Para terminar mi colaboración, voy a narrar un recuerdo: Armando solía preguntarme si no
quería dedicarme al periodismo o seguir la misma profesión de mi padre. Nunca le respondí,
pero esta vez daré la respuesta: La verdad no y es por cuestión de seguridad. Ser periodista es
toda una aventura, ya que uno siempre va a encontrar información o noticias bastante
interesante que no se conocerá en ningún otro lado, optar por esta noble profesión, se reduce
a “saber si las hadas existen o no. Si tienen cola o no”; sin embargo, como es sabido, la
búsqueda de la verdad es un camino sumamente espinoso y puedes ser mordido por alguna
bestia que ya te estaba cazando.

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