Despertar de la tierra

Despertar de la tierra


El cambio climático y la paz mundial


Autor: José Luis Valencia Castañeda

En la zona norte del globo se vive el invierno helado, mientras en la zona sur se vive un verano lluvioso. Es algo natural, así se mueven las estaciones del año. Mientras en lugares árticos está helando, en la zona del trópico de capricornio está el calor agradable, eso hace que las masas de turistas se muevan de un lado a otro buscando confort.
¿Qué pasaría si esa forma de movilidad se corta de tajo? A como se van manifestando los eventos, inundaciones más fuertes, incendios más agresivos, heladas extremas, sismos más potentes, volcanes más activos, huracanes, tifones, ciclones y tornados más poderosos, pandemias continuas y plagas intensas, podríamos en determinado momento tener una crisis.
¿Qué pasaría con los eventos si estos empiezan a descontrolar la vida “normal de la población? ¿Seríamos capaces de adaptarnos a las nuevas circunstancias y sobrevivir? Evidentemente sí, la humanidad es camaleónica, pero no es en lo general. Millones de personas que solo han entendido la vida como un deambular en las ciudades, sin conocer siquiera cual es el ciclo de la vida y lo que se necesita para sobrevivir, muchos no saben cómo se reproducen las plantas, ni cuáles son los alimentos que los animales necesitan, el mercado, y la economía los han cegado y creen que todo se da en el súper o en la tiendita de la esquina.
Así que, si un día, de aquí a cinco o diez años, el nivel del agua sube e inunda las costas ¿Podría haber una crisis social, política y económica? Desde luego, eso sería el inicio de lo que se vendría después. La logística para movilizar a millones de personas, de alojarlas y de iniciar un nuevo ciclo de alimentación y adaptación traería consigo consecuencias económicas y sociales desagradables.
Ahora imaginémonos que los volcanes que están cerca de las grandes ciudades hicieran explosión, similar al de La Palma en las Canarias o al Volcán de Fuego en Guatemala ¿Cuáles serían las afectaciones? Podríamos imaginar al menos el cielo oscuro por los polvos, la muerte que causará en los seres vivos que no sepan o no puedan desplazarse a una zona más segura y se ahoguen en esos polvos. Podríamos imaginarnos como sucedió en Guatemala, que se confiaron y murieron, o La Palma, que les permitió irse retirando, dejando sus propiedades para que la lava se apoderara de ellas.
Sabemos, dentro de la lógica natural, que los elementos naturales no tienen filias, fobias, pretensiones, preferencias, fronteras o elección alguna como lo tienen los humanos, la naturaleza solo es, por qué cumple una función equilibradora en el planeta, y se mueve a donde se requiera su accionar. Así que ningún volcán elige a un pueblo o construcción para dañarlo. De hecho, todos los volcanes ya estaban allí cuando llegó el hombre, son pocos los que han nacido en zonas habitadas, como el Paricutín, pero la inmensa mayoría ya existían antes de que el hombre se les acercara con su mancha urbanizadora y su plan de progreso.
Lo mismo pasa con las inundaciones, las cuales se dan generalmente en cauces que ya existían antes de que el hombre se asentara en sus márgenes, dejando de lado esta apreciación. Podemos señalar, que el hombre es el único causante de su propia desgracia, una forma de mencionar que es dueño de su propio destino, y efectivamente, el hombre crea su destino, porqué decide hacerlo así y no de otra manera, y si lo achaca a su ignorancia, lo que debe aprender, es que el desconocimiento de las leyes, no lo exime de respetarlas.
Así, si un hombre decide construir su vivienda a la orilla del cauce de algún río, sin respetar el nivel máximo de aguas extraordinario, que es la altura máxima que ha llegado el agua en creciente extremas, el riesgo que corre es que alguna vez la corriente pase encima de su vivienda, y podrá quejarse, lamentarse, llorar y despotricar contra la corriente, pero a ella no le importará, hará su trabajo de igual manera, y sí la vivienda resiste, allí continuará, si no resiste, se integrará al cauce, y formará parte de algún playón.
El hombre debería estar preparado para sufrir esas consecuencias si reconoce la situación y el riesgo, pero evidentemente, el hombre confía demasiado, eso lo ha hecho llegar a estar como está, confiado en su entorno. Gracias a ello, la fábula de la rana hervida está aplicando paso a paso en el devenir del hombre, llegará un momento, en que le hombre morirá irremediablemente, sintiéndose cómodo y cuando quiera reaccionar, no podrá, no sabrá cómo hacerle, ni sabrá cómo llegó a ese nivel de destrucción, y culpará a todos, menos a su propia ignorancia.
El hombre está pues en el caldero, este tiene agua que ya se siente tibia, el fuego arde en su parte baja, y se siente cómodo, feliz, tiene todas las comodidades que se ha creado como necesidad, así deja transcurrir los días, mientras el agua, el fuego, la tierra y el aire empiezan a agitar gracias a esa fuerza extrema que está siendo ejercida en el exterior y que aún no prende las alertas, pero llegará un día, en que el agua hierva y cocine al hombre.
Esto se reflejará en la sociedad como guerras, conflictos, muerte, dolor, que solo sufrirán aquellos que no están tomando en cuenta las manifestaciones naturales, y naturales no solo hablamos de aquello que sucede en la tierra, sino de todo aquellos que afecta a la tierra desde el exterior, que también es un tipo de naturaleza, esa es la fuerza que hace avivar el fuego y que el agua hierva.
¿Se imaginan a una sociedad sin alimentos? Cuando la cadena de alimentos se trunque, que no puedan ir al súper a conseguir todo aquello a lo que están acostumbrados, porqué en la fabrica no pudieron sacar los pedidos por heladas extremas, por inundaciones, por falta de energía eléctrica, por fallas en el sistema automatizado de producción.
¿Se imaginan si no llegan alimentos? Por plagas, incendios, sequías, heladas o inundaciones… sería la guerra por la comida ¿Se imaginan que el agua dulce no tuviera un ciclo de renovación?, y que toda el agua se volviera peligrosa para el consumo humano, animal y vegetal, por exceso de venenos, bacterias, virus o metales pesado… la guerra por el agua sería universal, hombres, animales y plantas lucharían como todos los seres: por sobrevivir, y buscarían maneras de hacerse con el agua necesaria para su subsistencia.
Allí se terminarían todos los privilegios, las ciudades serían las primeras víctimas, los lugares remotos, que ahora son descalificados como incultos y salvajes serían los reductos más apreciados.
El holocausto está cerca, no queremos verlo porque es sinónimo de dolor, y no queremos dolor, queremos que otros sufran, no nosotros. Hoy, el dinero aún es un reducto importante que te da ciertos privilegios sociales, ciertas comodidades, ya no tanto tranquilidad, porque la presión social está llegando cerca de los pudientes económicamente, esta presión social es que los delincuentes se han vuelto sofisticados, gustan de los lujos y se hacen de dinero y se empiezan a familiarizar con aquellos que lo tienen por trabajo.
Pronto los que tenían dinero “bien habido” no se diferenciarán de los que no, políticos corruptos tienen cierto estatus económico que respetan los empresarios corruptos, que respetan los narcos que se sirven de los políticos y de los empresarios una madeja, de la cual ya se empiezan a deshilar algunos cabos, que irán desenredándose. Esto es también producto de esa guerra social que se está urdiendo en el caldero, es parte de esa sociedad que perecerá cómodamente pensando que el agua sigue tibia y cuando empiece a hervir no sabrán que hacer, pues lo único que saben es estar cómodos, sus servidores que sí saben cómo salvar obstáculos, tendrán mejores oportunidades de salvación.
La información de cómo salvarse y a dónde dirigirse ya está circulando ¿Hay quienes la entiendan? Sí, los hay, pero la mayoría aún no se entera de lo que el destino les depara, ven con naturalidad los sucesos, nunca con suspicacia, y si la mayoría está tranquila, los gobiernos y la misma sociedad se hunden en ese marasmo de tranquilidad.
Los marinos saben que después de la calma viene la tormenta y viceversa, estamos ante las nubes negras, es imprescindible tomar camino hacia una loma segura con paraguas en mano, el riesgo es alto, la vida es cara, cara de querida, no de valor monetario, seamos pues nuestros propios salvadores.

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