Reforma Migratoria y un día sin inmigrantes


P. Agustín Celis

La movilidad humana se deja ver en todos los países, unos llegan para establecerse de
manera temporal o definitiva en algún lugar y otros salen huyendo por diferentes
situaciones, como la pobreza, la violencia, la discriminación, entre otras. No es fácil
atender todo este movimiento de las civilizaciones, porque siempre han existido y siempre
han sido justificadas.
Cuando una familia decide salir de algún lugar para ir a establecerse en otro, siempre hay
buenas intenciones en el corazón del hombre, porque de entrada siempre está en juego la
dignidad de la persona y todos merecemos ser respetados en nuestros derechos, sin
embargo, no siempre es fácil insertar una civilización en otra, o por las costumbres o por
la situación económica o simplemente por seguridad.
Todo esto nos ha llevado a la controversia sobre la Reforma Migratoria, y no solo en el
país de Estados Unidos, sino también en otros tantos en el mundo. Porque, aunque
algunos huyen de la pobreza y buscan mejores situaciones de vida, ganándose el sustento
honradamente y con su trabajo, los países buscan blindarse ante la violencia y proteger la
seguridad del país y de sus ciudadanos.
El problema no es sólo si se da una Reforma Migratoria, si no que como mexicanos que
viven en ese país lejos de su familia están preparados para asumir esa nacionalidad.
Porque en nuestro país también pudiéramos decir hace falta una Reforma Migratoria para
todos los centroamericanos, ¿Qué vamos a hacer con todas esas personas que entraron
en las caravanas a nuestro país? ¿Estaríamos dispuestos a compartir con todos ellos
nuestros empleos, nuestros beneficios sociales? También nosotros nos cuestionamos y
consideramos que ellos pueden traer más inseguridad al país, más violencia.
Aunque no podemos tampoco olvidar que son seres humanos, que están buscando
mejores situaciones económicas para sus familias. Por eso, la Reforma Migratoria va más
allá de arreglarles documentos a los indocumentados, sino en reconocer los derechos de
las personas y de manera muy especial defender la dignidad humana. Y para ello todos los
ciudadanos tenemos una gran tarea en la que debemos reconocernos como hermanos,
aunque no de sangre, pero si como humanos, somos de la misma raza.
Hay algo muy común en los mexicanos que regresan de los Estados Unidos, muchos de
ellos vienen llenos de ilusiones a visitar a sus familias, pero también muchos nos quejamos
de su llegada, pura fiesta, puras borracheras, más accidentes, más violencia, porque el ego
de ellos viene cargado de orgullo, porque gastan dólares y si bien es cierto mejoran la
economía del país, pero no han cambiado, el dinero no los ha hecho ser mejores, siguen
siendo mexicanos y siguen cargando las carencias de nuestra raza, poca educación, pocos
valores, hasta en ocasiones más contaminados de los excesos mundanos, como los vicios.

Por eso la Reforma Migratoria significa más que solo darles oportunidades, porque
también implica acceder a otros beneficios, pero para lo cual los inmigrantes también
debemos cooperar y esforzarnos en ser portadores de valores y oportunidades para los
demás. Hay un dicho que dice “el rival de un mexicano en el extranjero, es otro
mexicano”, porque muchos no tenemos la educación que nos haga respetarnos y
ayudarnos. Que diferencia con las personas de otros países; por ejemplo, los chinos, ellos
se asocian, se ayudan entre ellos para extender sus negocios y no compiten entre ellos, y
comparten un orgullo nacional.
Para allá debemos empezar a caminar los mexicanos, no exigir la reforma migratoria, sino
ganarnos ese beneficio, por nuestro trabajo, por nuestra educación y porque somos
portadores de estabilidad económica para los demás. Que el país vecino nos vea no sólo
como mano de obra barata, sino como presencia de talento y respeto para la soberanía de
su nación.
Ahí es donde recae el problema de la Reforma Migratoria, si además de mano de obra,
aportamos valores, aportamos estabilidad, llevamos la paz, somos sembradores de
justicia. Un ejemplo está en los ciudadanos de Canadá, ellos tienen ese beneficio de poder
transitar en los Estados Unidos Americanos, porque se saben comportar a la altura. Si
nosotros los mexicanos tomáramos el ejemplo de esas naciones y nos formáramos para
ser verdaderos ciudadanos, en cualquier lugar del mundo abría lugar para los mexicanos.

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