Creemos en un mundo abierto

Creemos en un mundo abierto

P. Agustín Celis

Un ser humano encuentra su plenitud y alcanza su realización en relación con los demás, en el servicio al otro, en la convivencia con los otros y en la entrega sincera a los demás. La manera más fácil de alcanzar la realización como persona no es en el aislamiento o en el egocentrismo, sino más bien, mediante el reconocimiento del otro como un ser semejante con los mismos derechos y reconociendo la necesidad que tenemos de entrar en relación con los demás. Incluso, para reconocer nuestra propia verdad, necesitamos del reconocimiento y del encuentro con los otros ciudadanos.

Te todo esto nos ver, que cada uno de los seres humanos no puede reconocer el valor de su propia existencia, si no es en relación con los demás, ya que en relación con los otros va descubriendo todas sus capacidades, de transformarse y de transformar la vida de los demás, mediante sus propias vivencias y ejerciendo todas sus capacidades en favor del bien de los hombres.

Vivir en medio de los otros, nos deja darnos cuenta de las muchas oportunidades que hay frente a nosotros, pero también que la misma vida es un reto continuamente. Pero sin embargo, nos ejercita para enfrentar otros retos, para crecer las capacidades humanas de supervivencia y finalmente nos hace ser más fuerte frente a las adversidades.

Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar. Porque el valor del amor, nos pone a todos frente a gran desafío en medio de una sociedad, aunque no son tu familia, pero te duelen sus fracasos y alegran los avances humanos. Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad.

Por el contrario, es un reto para la vida humana cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte, la amargura, la violencia y se desarrollan otras formas negativas de ver la vida. El hombre viviendo así se vuelve necio. Vive aferrado a sus tradiciones, y aunque muchas de sus costumbres hablan de su egocentrismo y de su ignorancia, las defiende como un tesoro ancestral.

Desde la intimidad de cada corazón, el amor crea vínculos y amplía la existencia cuando saca a la persona de sí misma hacia el otro, para hacerlo capaz de ver al otro como un prójimo, un semejante con capacidades y defectos. El amor nos hace incluso amar a los que viven contigo, defender tu comunidad, trabajar por un futuro mejor para todos, y al grado de luchar por que haya nuevas y mejores oportunidades para los demás.

Somos seres humanos, hechos para el amor, pues se va alcanzando el éxito o la propia realización en la medida que se sale de sí para hallar en el otro un crecimiento de su ser. Por eso aunque en momentos pueda ser un reto, el hombre ha de llevar a cabo esa empresa: dejar su zona de confort en el egocentrismo, para salir de si en busca del otro que lo hace estar abierto frente a un mundo de muchas posibilidades.

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