Despertar de la tierra

Despertar de la tierra

Los nuevos enjambres sísmicos

Hace poco más de un año, en febrero 4 de 2020, reportábamos el enjambre sísmico que sucedía en la zona del volcán Paricutín. Eran cientos de microsismos sucedidos en espacios de tiempo muy corto, pasado un mes se relajaron. En mayo de ese mismo año, se reportaban menos microsismos, hasta que la actividad se “normalizó”, se redujo la cantidad de eventos. Un año completo pasó sin presentar actividad atípica y a finales de mayo de 2021 inició una nueva actividad sísmica en la zona, los enjambres sísmicos aparecieron, los días terminaban con más de 60 sismos de magnitud baja, muchos para lo que venía sucediendo, que eran dos a diez por semana.

 En el mapa del Instituto Sismológico Nacional se observa como la zona central del estado de Michoacán se llena de indicadores en un lapso muy corto, acercándose a la intensidad de cómo se presentan en el Itsmo del Estado de Oaxaca y Chiapas. Estos nuevos marcadores también se manifestaron en la península de Baja California, que presenta muy al norte y en Estados Unidos un enjambre sísmico similar al de Uruapan, poniendo en alerta a los geólogos, que temen la llegada del Big One, el sismo que destruya por completo las ciudades de Los Ángeles y San Francisco, el más temido. Regla evidente es que el sismo llegará, el día no lo tenemos aún identificado, así como empezarán a llegar los sismos en las zonas normalmente tranquilas, como ya se observa en zonas conurbadas de Monterrey, o en la zona serrana de Coahuila.

¿Qué le depara a México con estos eventos y los que se están presentando ahora?

Le depara un destino muy movido, propio para que las personas muden su conciencia colectiva, que estén preparados para afrontar las situaciones que sucedan, que se preparen para cambios geológicos que se vienen. Ya la naturaleza nos ha dado un par de muestras de lo que nos puede suceder al conglomerado, y no solo en lo particular, los deslizamientos de tierra sucedidos en Puebla y Michoacán no son gratuitos, aunque parecen distintos, aunque parecen aislados, son hijos del mismo padre, llamado la inconsciencia humana. Esa que nos hace creer que somos infalibles, esa que nos hace creer que la naturaleza nos va a aportar todos sus recursos sin medida y a límites. Nuestra soberbia y desprecio por ella, nos hace creer que merecemos se nos den sin agradecer ni entregar nada a cambio.

 Esa soberbia y presunta omnisciencia del hombre nos ha hecho caer en este bache intelectual, más sin embargo, la naturaleza tiene algunos factores que no nos han sido develados, sus indicadores no son totalmente claros para la ciencia, vivimos en tiempos de especulación científica, a prueba y error, hasta que podamos definir que científicamente es correcto, cuando los errores estén domesticados o que nuestra definición conceptual haya descartado los errores, hablamos de errores referente a los conceptos que manejamos de los dos eventos.

 El de Michoacán, señalan que se colapsó la carretera debido a la falta de humedad relativa a la sequía, que provocó se secara el sustento del talud. En Puebla, señalan que la sobre explotación de los mantos acuíferos estimuló una pérdida de fuentes de agua que provocó oquedades, que indujeron el desplome de la capa superficial de la tierra. Técnicamente no hay una explicación adecuada, las dos pueden ser razonables, o las dos estarán completamente equivocadas. Lo cierto, es que los dos eventos sí son ciertos, sí sucedieron. La semántica para justificarlos puede ser la que quieras, en todas tus concepciones estarás en lo correcto, podrías decir algo inusual ¿Los extraterrestres lo tiraron? Y tendrás razón, pues en las líneas de tiempo de la vida, en la composición química del cuerpo humano, en la composición geológica de la tierra hay componentes externos a ella, tu teoría cumple.

 Podrías decir que se debe al cambio climático y tendrás razón, el cambio climático es consecuencia de nuestra falta de empatía con la tierra. Podrías decir que es una acción propia de las actividades del hombre y tendrás también la razón, el hombre es quien modificó las estructuras de la tierra alrededor de los sitios afectados. La verdad absoluta nadie la tenemos aún, y aunque la tengamos los sucesos ya pasaron, allí están y nada hay que impida que sucedan nuevamente, la espiral de decadencia del hombre sigue en picada.

En Puebla no van a dejar de regar mediante bombas insertadas a los mantos freáticos subterráneos porqué alguno de ellos haya tenido la suerte equivocada, no van a dejar de producir lo que están acostumbrados, con las herramientas acostumbradas, por un evento “aislado”. En Jerusalén no dejarán de asistir a sus eventos religiosos solo porqué aparezca un socavón en plena tierra santa, están algo acostumbrados a eventos extraños desde la época en que vivió Jesús, el cristo. En Michoacán no dejarán de construir caminos en zonas inestables solo porqué se desplomó un talud, hay miles de ejemplos de taludes caídos en todo el mundo, uno más no importa, sucede siempre, solo es cuestión de suerte; sin embargo, nosotros no creemos en la suerte, creemos en las leyes físicas, estos sucesos son causados por algo, tienen una causa, y solo vemos el efecto.

 Si fuese solamente sobreexplotación de mantos acuíferos subterráneos, veríamos miles de socavones por todo el mundo, ya es muy usada el agua subterránea para riego, y Siberia no tiene ese problema de sobreexplotación de acuíferos, la explotación de la tierra para cultivos es poca, no deberían de existir allí los socavones con esa teoría. Hay algo más profundo que es la causa de estos eventos. Pero ¿qué es?, hay una teoría algo bizarra, que no deja de tener lógica si la estudias desde otra óptica, y es la renovación de los suelos: la tierra absorbe tierras contaminadas, las pasa a su torrente sanguíneo que es el magma, la tritura, la quema, le adiciona nutrimentos y la lanza por los volcanes, nutrida y fértil, para las nuevas generaciones que entenderán el proceso, que sabrán cómo comportarse con la tierra. Los que no estamos entendiendo, vamos a morir indefectiblemente antes de tiempo.

Si bien, muchos piensan que la muerte es ineludible, y que les tocará tarde o temprano, no saben que pueden hacerla llegar más tarde que temprano, siempre y cuando entiendan que tienen una misión y esa misión es la misma que tiene la tierra, correr juntos en la evolución de la creación. La tierra y los hombres son un mismo organismo que deben de caminar juntos en simbiosis, o las fuerzas creadoras se encargarán de hacerlos correr solos, abandonados y predispuestos a aceptar todos los designios que ya están escritos en la memoria de las rocas, cortando las vidas que no se adapten a las condiciones que se necesitan.

 Mientras eso sucede, mientras la humanidad se concientiza y busca la salvación en sí mismo, y se encuentra, morirán miles, los necesarios para alcanzar el punto mínimo de supervivencia de la especie, vivirán aquellos que tengan la conciencia del ser uno solo con la creación, ellos entenderán los mensajes que nos están mandando y caminarán el camino que está escrito. Mientras eso llega, seguiremos viviendo eventos inusuales con normalidad, hasta que lo atípico sea lo típico. Nuestros nuevos puntos de atención serán próximamente: China, India, Mongolia, las penínsulas de esa región asiática y Arábiga, al final en África, donde sucederán todos los eventos que nos sucedieron en América, cómo Huracanes o Tifones, incendios, inundaciones, sismos, erupciones volcánicas, socavones, tornados, granizadas, meteoritos o incendios.

 Así mismo veremos las pandemias cortar vidas con mayor celeridad, veremos violencia y muerte cabalgar por esas regiones. América sufrirá de eso, pero con menos virulencia, con menos fuerza, mientras se acumulan otros eventos, cada vez más extraños. Ya el año pasado llegaba al Caribe mexicano el mar de los sargazos del sur, los desechos de Brasil alimentando el alga en el cuerno de África y arrastrado al Caribe, las arenas del Sahara trasladándose hacia América, veremos si el desierto de Sonora no toma camino hacía el océano Pacífico y paguemos esa deuda con el mundo, esperemos no ver mares de fondo como habituales en las costas del Pacífico Mexicano, ni las montañas de basura ahogando los océanos, ni la baba verde comiéndose las costas mexicanas, ni a las aves morir por millones desorientadas, ni los cardúmenes de camarones varar en las playas sin razón aparente, ni las aves mudar su canto y despertar a una hora distinta a la aurora.

 Eso sería globalizar el desastre que nos espera, desastre únicamente para la actividad humana, reseteado de la vida para todos los demás seres vivos. Aprendamos a ver las señales, son los caminos de dios hacia la felicidad, hacia un futuro más tranquilo, más relajado, los enjambres sísmicos es solo un indicador de miles, leámoslo en voz alta, que todos los que sepan ori que escuchen, los que sepan ver que vean, de ellos dependerá la continuidad de la humanidad.

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