Despertar de la tierra

El destino y sus juegos subjetivos

Me he hecho viejo, solo para entender a los viejos. Antes no lo entendía, la vida se me hacía larga y llena de sorpresas, estas tenían que vivirse al máximo, cada día había algo nuevo que descubrir, había algo nuevo que experimentar. Todo debía de ser probado, para que nadie te contara historias y no las comprobaras. Así pasé los años buscando respuestas que ya estaban escritas, como si con la experimentación de lo posible fuese a encontrar algo nuevo. Evidentemente fracasé en ese intento de crear algo nuevo sobre caminos ya hechos, y el tiempo usado para ello me pasó factura, me hice viejo. Me enteré en cuanto dejé de visitar a los demás viejos, todos se están muriendo, y ahora me visitan, me dicen que el destino es ingrato, que se lleva a los buenos.

 Yo les digo que no desesperen, buenos y malos tienen cabida en los panteones, que el destino es solo una palabra que describe nuestro futuro mediato, el aquí y ahora, el hoy y ahora. No describe otra cosa. El futuro es complicado para el hombre, el futuro solo se dirime cuando es genérico, no cuando es particular. No puedes desentrañar lo que sucede, salvo en el concepto general. Si decimos que mañana caerá fuego del cielo, acotando al apocalipsis, pensamos en fuego, más no en la fuente, más no la herramienta usada, pensamos en morir abrasados, pero no en las condiciones, pensamos solo en la muerte y sí llegase a suceder, diremos que se ha cumplido el destino, más “todo es destino”, todo aquello que es aquí y ahora es destino, el futuro no lo es.

 Estamos en la antesala a la espera del autobús, ese que viene de paso y no sabemos si efectivamente llegará, ni la hora exacta. Solo sabemos que lo hará. No sabemos en qué condiciones, solo sabemos que llegará, solo estamos a la espera de su llegada. Algunos pondrán música, otros dormirán, otros leerán, otros usarán la memoria para revivir algún evento, otros simplemente mirarán al techo, pero todos, sin excepción, todos tomaremos el autobús que nos llevará al final de nuestros días, que es la muerte física en este mundo, y la transición a otra vida para aquellos que lo creen. El destino nos juega buenas pasadas, algunos lo tomaremos con humor, otros con ironía, otros lo haremos de manera negativa, eso no quitará que el destino se burle de nosotros.

 Más cuando empleamos esfuerzos enormes por hacer una vida de ensueño, la vida nos alinea y nos lleva por las rutas donde debemos aprender a morir viviendo.  Sabemos que el día de nuestra concepción es el primer día en espera por la muerte, el día en cuanto nuestro ser interno se eleva a calidad humana, cuando la chispa divina llega al cuerpo, ese día se inicia el periplo, que no está escrito en la mente humana, está escrito en la memoria de las estrellas, algunos le llaman archivos Akáshicos,  palabra sánscrita que significa alma, cielo o éter, se definiría como los archivos o memoria del alma, no es un lugar físico, no es un disco duro, es un espacio energético, como la conexión de nuestra mente con la memoria, solo activo mientras exista energía, y la energía se libera y se adhiere al Akash.

 Allí está la historia de toda la existencia, las historias individuales de las personas en su paso por todas las vidas, que para el común es solo una. Allí en el no tiempo está escrito lo que fuiste, lo que eres, y lo que serás. Nada escapa al subjetivo destino, aquel escurridizo ente que nos niega las mieles del poder cuando no lo tenemos, que nos niega las mieles de la riqueza cuando decretamos carencia, aquel que nos niega la felicidad cuando la tristeza invade nuestras almas. El destino juega con nuestra mente, la cual insiste en que somos los forjadores del destino, y la psicología nos dicta que somos forjadores de nuestras percepciones.

 La calle oscura es un peligro para los moderados y es un escondite perfecto para los enamorados que buscan el anonimato. La luz es un área segura para los transparentes, es un peligro para los amantes de la oscuridad. Tu percepción te hará sentirte cómodo en cualquier situación y cuando suceda eso, positivo o no, le llamarás destino y te condenarás a él mientras no puedas liberarte de la rueda del Samsara, la rueda del eterno retorno, la rueda de las reencarnaciones eternas, esta rueda es la que dicta el destino de las muchedumbres, que están ansiosas por justificar al destino como el único capaz de crear acciones y que muchas de ellas se crean solo para hacer infeliz al hombre.

La felicidad solo es capaz de presentársele a las personas ricas, las pobres son infelices, y hay muchos pobres culpando al destino de su devenir, nadie se hace cargo de sus propias decisiones, si el prójimo es el culpable de tu infortunio, tu destino será el sufrimiento, así juega el destino con las mentes comunes, les dicta reglas, vive de la normatividad, no de las leyes. La mente clara reconoce las leyes cuando las ve y fluye con ellas, no se interpone entre ellas y su mente, la mente se basa en información de la materia, y crea un ambiente de simbiosis, creando un destino más favorable porque cree en el flujo energético y el destino es energía, y la energía está en constante movimiento, todo vibra, todo se mueve, todo es energía, todo es destino, todos somos uno con él.

 Todo lo que se mueve hoy y ahora en la tierra es parte de un destino más grande, ese que escapa a la subjetividad, escapa a la soberbia del hombre, que cree que con cada acción se acerca más al destino que quiere. No sabe que ya está escrito, que las energías se moverán para hacerlo. La tierra se mueve hacia su nuevo destino, está creando su nueva cara, sin importarle si el hombre escribe sobre eso, sin importarle si el hombre escribe conceptos rimbombantes sobre los sucesos, si los cataloga, si los mide, a la tierra no le importa la subjetividad del hombre, ella se mide por otros patrones, y los usa con majestuosidad categórica y les da pie a aquellos que siguen inmersos en su mente y materia, a justificar que por culpa de los sucesos naturales no han logrado cumplir los objetivos, por culpa de los eventos naturales han muerto cientos de personas, se han destruido cosechas, se han caído edificaciones. Así, si existen daños, podemos culpar a la tierra y a su caminar incierto y vacilante.

 Los habitantes de los límites entre el estado de Guanajuato y San Luis Potosí, muy cerca de la ciudad capital, deben de preocuparle los eventos que les están pasando: varios sismos de baja intensidad sucedieron entre el 5 y el 6 de septiembre, algo atípico para la zona. Tal y como sucede alrededor del planeta, eventos atípicos nos suceden cada día, eventos donde el destino del hombre está ligado, porqué es inseparable. El hombre es una célula, deficiente, pero célula, y tiene que ser curada cual lamida de perro en su herida, así la tierra se lame con agua, con fuego, con viento, con tierra, paso a paso evoluciona hasta volverse un ser autosustentable, forjando su auto sustentabilidad junto a las demás criaturas, aquellas que no tienen alma, le llaman animales, sin alma, pero sí con soplo de vida.

 El alma es lo que nos distingue, no la mente. La mente nos hace creer que somos superiores, cuando solo somos un eslabón más en el ciclo vital del universo, y a escala universal no somos ni un grano de arena en el mar de la tierra. Somos seres insignificantes que la mente hace creer somos enormes, y la espiritualidad nos hace ver que somos solo una parte del todo, un engrane que funciona cuando todos los demás funcionan. El destino del hombre está pues ligado al destino del universo, la tierra es parte del universo, la tierra solo está moviéndose a una parte más cómoda que le ayude a soportar los cambios a nivel galaxia, y la galaxia se mueve para adaptarse a los cambios del universo, todo está en movimiento, y la espirar ascendente nos está halando hacia arriba, debemos adaptarnos, identificar los cambios y nadar a favor de la corriente.

 Amigos de la frontera de San Luis Potosí con Guanajuato, están entrando en una fase de sismos que más temprano que tarde se moverán más fuerte, y tendrán que integrarlos a su mente colectiva. Muchas cosas extrañas en nuestro tiempo están por suceder, lo atípico se volverá normal y lo que hoy es normal pronto se perderá para adquirir extrañeza, tal y como ahora ese enjambre sisimico, las lluvias pasan a un segundo término, los granizos serán conversación de café un par de días, ahora los sismos ocuparán sus lenguas para entenderlos y justificarlos. La muchedumbre solo dirá: es el destino, y les diremos que efectivamente, el destino es todo aquello que sucede aquí, hoy y ahora, que el destino no es más que la ruta de la vida, si vives o mueres lo cumples, así juega, el destino es el máximo ganador de un juego que no tiene premio, más sin embargo si lo conoces, sabrás como jugar, al fin, lo último que sucederá será lo único que debería haber sucedido y no otra cosa.

La subjetividad del destino es solo para el hombre, la demás creación está para cumplir con los patrones. La subjetividad es el acomodo de los intereses del hombre, se basa en las percepciones. El hombre ajusta el destino a ellas. Hoy se percibe poderoso, mañana se percibe débil, hoy se percibe omnipotente, mañana víctima, es un ir y venir de condiciones que solo están en la mente. Cuando el hombre deja de lado la mente trabaja a la par con la tierra y se desplaza con ella a lugares menos agresivos, menos dañinos, pero tenemos aún la materia ocupada con la mente, queremos poseer, sentirnos dueños de algo, aunque sea un pedazo de tierra, aunque solo veamos la superficie, sin que investiguemos más allá, sin que seamos dueños del cielo, ni de la parte oscura de la tierra, donde reinan otras fuerzas, donde hay calor y frio, donde corren ríos de piedras y ríos de agua equilibrando la corteza.

 Creemos que algo de esa corteza nos pertenece en cuanto nos ponemos de acuerdo para ser dueños de algo que no es nuestro, que no nos llevaremos, que nos ata, que nos mantiene fijos y temerosos, no nos deja fluir, pero llegará el tiempo en el que tendremos que dejar lo que nos ata para irnos a pertenecer al mundo, para irnos a caminar las tierras donde las fronteras hayan desaparecido, un nuevo destino se está forjando, debemos empezar a entenderlo, la tierra cambia, debemos cambiar con ella, la época del violento está por llegar a su fin, en tiempos de la tierra es un suspiro, en la del hombre algunos años, quitemos subjetivismo, demos un paso al lado.

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