Despertar de la tierra

Despertar al orden

Toda manifestación de vida tiene un patrón que la ordena y dirige, la creación basada en el cumplimiento de la séptima ley universal, que obliga a generar vida mediante la comunión de la fuerza femenina y masculina, siempre, al unirlas empieza a generar orden dentro del caos. La naturaleza en su creación tiene patrones bien definidos, una semilla de manzano, jamás dará peras; unas células de humano, no dará animales, una vez unidas y pulsadas con la energía vital, empezarán a crear. La energía o chispa divina manifestada en el espíritu santo espiritual, es la energía que mueve a toda vida existente. Esa energía aparentemente no se manifiesta, podemos suponer que en cuerpo humano como en todos los cuerpos físicos de animales, plantas y minerales existe esa misma manifestación del orden, basado en alguna energía que las reúne.

Sabemos por la medicina y por la física que sí algún ser se desconecta o deja de recibir energía: muere. En gran o mayor medida todos los organismos mueren, porqué están programados para morir, que significa cumplir su ciclo vital, ¿Pero… qué es la energía vital? Samuel Hahnemann la definía como la esencia fundamental del principio espiritual, conferido al hombre por el creador misericordioso. Esta acepción meramente espiritual no difiere mucho de todas las demás que puedan encontrar, porqué en la ignorancia pura está dios, y en el punto más alto del conocimiento, donde las últimas dudas no son resueltas, también lo está.

Nosotros solo somos medios que se adaptan a la veracidad de las cosas que entendemos, porqué la verdad no está en nuestras manos, por ello, la energía vital en la medicina es la energía que mantiene en movimiento, y se inocula por alguna orden o patrón de la creación al momento de la primera división celular, llamada cigoto. La ciencia ha descubierto una luz en ese momento, tratando de descubrir cómo se genera la vida, fuera de la multiplicación celular.

Ese chispazo los gnósticos y masones le llaman la chispa divina, los cristianos le llaman el espíritu santo. Todos ellos se rigen a patrones muy predecibles por los estudiados, en la ciencia a una persona que carece de la energía vital, se le llama homúnculo, u hombrecillo, que carece de alma o de espíritu, que podría confundirse con los seres que han perdido el camino de la veracidad y se dedican a dañar a otros hombres, porqué han perdido el alma dentro de sí, estos se llaman desalmados, y son parte del patrón de las reencarnaciones involutivas, de las personas que se desintegraran en el éter.

Los hombres hemos perdido el camino que nos lleva a Shambhala, el reino mítico, donde moran los dioses. Nos hemos perdido en la tierra de las emociones, y seguimos otros patrones que nos hemos ido imponiendo y hemos ido desarrollando gracias a que nos producen placer, un amante de la codicia, encuentra placer en la acumulación de riquezas, aunque eso no le llene el espíritu, le llena la emoción de tener, aun a sabiendas que todo valor terreno, no lo es ultraterreno. Esa persona, empieza a tener patrones predecibles, busca la manera de obtener y sostener, sin soltar, y cada día debe tener más y más, sin tener saciedad. Allí es donde estriba su perdición, es donde la ley de la Causa y Efecto se funde con las otras seis para equilibrar al ser espiritual, dejando de lado al ser físico dominado por la mente.

El hombre de ciencia no entenderá al hombre espiritual, porqué se aleja del dogma, no tiene un papel, avalado por alguien que le da permiso de ser alguien más en esta sociedad; porqué, aunque tenga la experiencia, esa experiencia no es avalada por aquellos que se dicen expertos en tenerla. Aunque no sea así, el hombre espiritual es más libre, esa libertad asusta a los que aman las normas y leyes.

Hay un pequeño cuento que retrata esa extraña separación de los hombres por medio de la fe o creencia: un bosquimano fue picado por un mosquito, tras la picadura, el bosquimano se fue enseguida al medico occidental para que le diese medicamento que le previniera de la malaria. El bosquimano le dijo al médico que, tras su consulta, tenía que ir a ver al curandero de la tribu. El médico no podía entender por qué el paciente iba a visitar a un consejero espiritual, si tenía fe en la medicina occidental moderna, el bosquimano le comentó: “voy al medico porque he sido picado por un mosquito, y voy a ver al curandero porque quiero saber por qué he sido picado por el mosquito.

Esto señala, que hay hombres que no se sienten avergonzados de la comunión que hay entre la mente física y la espiritual, situación que no entienden los que tienen la mente física únicamente, que son aquellos que creen que la medicina occidental es la única salvadora de la vida, situación que no se puede explicar, si las personas siguen muriendo a pesar de que hay mucha más medicina, a pesar de que la ciencia ha avanzado y cada vez hay más facilidad de acceso a los medicamentos alopáticos, mientras que las personas que buscan la espiritualidad, la conexión con la naturaleza y el retorno al origen, son vistas como ignorantes, a pesar de que no están peleadas ninguna de las creencias.

La ciencia pone patrones, que definen la ignorancia contra el saber, sin delimitar que el saber está limitado al patrón de la enseñanza, y la enseñanza se basa en lecciones aprendidas por otros que han llegado hasta allí solamente mediante la experimentación física; ¿Y aquellos que aprenden lecciones espirituales?, ¿Dónde están sus modelos o documentos que ninguna universidad de prestigio o renombre avala?

Ambas formas de aprendizaje son patrones que invitan al orden. Del caos nace el orden. Así como se crea el universo, así como se renueva el universo, así nace la vida de cualquier criatura. El hombre nace del caos, pueden identificarlo como caos emocional, caos físico, caos espiritual, de allí nacemos al orden. Hoy, en el ahora, el mundo humano está entrando en la etapa de ordenar el caos, la violencia, maledicencia, mendacidad y oscurantismo está siendo develado, vemos que la muerte se ha convertido para el hombre actual un paradigma más de su vida, se ha convertido en una cotidianidad, las pandemias que dan coletazos en los pueblos se han normalizado, los viejos mueren de cualquier manera, la muerte es natural en al vida, son patrones que ordenan el caos, y según Ramatis, todas las situaciones negativas o de muerte que sufre el hombre se deben principalmente a las indisciplinas humanas.

La indisciplina es la creación del caos, e identificando el caos como un ente necesario para la concepción del orden, todas las consecuencias de la indisciplina son la muerte y el dolor, siguiendo a Ramatis, este señala que el magnetismo interior, generado por el atavismo a la carne, tanto el consumo de seres animados o vivos, como la conscupiscencia, los pensamientos disolutos, recrudecen el ambiente espiritual que hace peligrosa la existencia humana acorde a la ley. Observamos fatigas espirituales, y predomina la negligencia hacia los valores elevados de la vida, estamos en una etapa en la vida del hombre, donde las energías primitivas florecen, porqué necesitan la iluminación.

El hombre vive en un caos de ideas, en un caos de información, esto generará indefectiblemente un regreso al orden, no sin una gran revolución, si la muerte y la mendacidad se convirtieron en lugar común, pronto el orden lo será…

¿Qué se requiere para despertar al orden? Se requiere la moderación de la mente, la moderación de la lengua y la moderación de los actos. Las leyes que rigen a la tierra en su actuar son las mismas por la que el hombre se rige en sus siete cuerpos, es la misma ley que rige al cosmos. Nada se mueve fuera de esas líneas sin que sea destruido. La tierra hoy cumple su función de crear un caos para el hombre, que despierta al nuevo orden para el hombre, es necesario, es la renovación, es la muda de piel de las serpientes, es la muda de pelo de las ovejas, es el cambio del séptimo año del humano.

La tierra está en su séptimo año cósmico, muda su piel, para nacer renovada, da un giro en el sentido de sus procesos, en el que somos invitados como habitantes terrícolas, solo baste entender que el caos se crea para que el orden nazca, así nuestras ideas colectivas tendrán que nacer al orden, después de haber divagado por ideas malogradas e involutivas, negativas para el colectivo, se tiene que regresar al principio, como en el eterno retorno al origen, como un ciclo más de reencarnaciones, para poder recomponer las cosas, pero con una mentalidad más elevada, más comprometida con la creación. Así las multitudes que no sean parte del caos de la tierra y pretendan ser algo distinto, serán disueltas.

Dice Ramatis, en su pensamiento animista, que en el hombre predomina la influencia satánica y aumenta el gusto por las sensaciones brutales y licenciosas, algo que se ha observado en la historia de todos los pueblos, pero que hoy renace con fuerza, y se hacen propio de las sombras, así las energías trabajan para ordenarse, provocando conflictos entre los hombres, las guerras se convierten en altares maléficos de sacrificios humanos, donde las mentes débiles y satánicas se auto inmolan con placer, esto también desarrolla acontecimientos pavorosos, porque conducen al crimen bajo la bandera de una paz que no se logrará con ello.

Las guerras nunca serán alicientes de la paz, serán solo alicientes para la muerte y el negocio, la paz se logra cuando uno interioriza, cuando uno se funde con la mente colectiva que busca la paz, alejando de sí mismo toda idea que las siete cabezas de la serpiente intenta meter, creando el caos interior que se recrudece cuando todas las mentes débiles se reúnen para que esas ideas sean aceptadas por el conglomerado, a pesar de saber que son ideas mortales para ellos mismos, solo las aderezan con la palabra paz, allí crean su caos, así que el nacimiento del orden será siempre en el mí mismo, cuando alejemos de nosotros toda sensación de superioridad sobre la creación, en nuestro caso la tierra, creadora de toda vida, incluyendo la de nuestro cuerpo.

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