Efectos emocionales ante el aislamiento de la pandemia

Efectos emocionales ante el aislamiento de la pandemia

Los seres humanos tienden a crear rutinas para manejar mejor las situaciones desconocidas. Por eso, mientras que en los primeros días no poder salir a la calle producía desasosiego, ahora que la mayoría se ha acostumbrado a estar en casa, se produce el efecto contrario. La psicóloga Angie Munguía Quiñones nos explica más sobre este tema:

 Además, la expansión de la enfermedad ha generado un contexto de inseguridad mayor al que había antes del confinamiento y salir a la calle implica exponerse a él. “El hogar es un refugio ante este marco general de incertidumbre, donde se buscan espacios que apelen a la seguridad y al control”.

El síndrome de la cabaña

Es muy frecuente que se experimenten alteraciones en los patrones del sueño: mayor frecuencia de siestas duraderas, sensaciones de cansancio y letargo. Otros síntomas a destacar son los siguientes:

            •          A nivel cognitivo: dificultad para la concentración, déficits de memoria.

            •          A nivel emocional: sensación de nerviosismo, síntomas depresivos y ansiosos, sensación de desasosiego y enjaulamiento, frustración, angustia y temor.

            •          Falta de motivación: presencia de desgano, gran esfuerzo para realizar tareas cotidianas, sobre todo que impliquen salir al exterior.

            •          Excesivo miedo a salir, retomar la rutina y relaciones sociales.

Este síndrome suele darse con mayor frecuencia en personas que viven solas o tienen escaso contacto social en este periodo de confinamiento por dificultades de acceso a internet. No es exclusivo de quienes antes de la situación de alarma ya tenían problemas emocionales, es decir, cualquier persona es vulnerable de poder padecerlo, en cualquier momento.

El ser humano es básicamente un ser social, que necesita de otros. Por eso, es necesario comprender que, en principio, el aislamiento es una medida sanitaria transitoria, que nos preserva de enfermarnos.

El miedo ante lo desconocido, en este caso el coronavirus, es una reacción normal y esperable, y nos permite poner en marcha mecanismos de afrontamiento, como los cuidados que los expertos recomiendan. El pánico paraliza y nos deja inermes, sin reacción.

La paradoja sería que, si bien se requiere del aislamiento social para controlar la propagación del virus, el mismo a largo plazo puede contribuir a afectar la salud mental, que en definitiva es toda una. Por lo tanto, se sugiere evitar el aislamiento emocional. En este sentido, la época actual y su hiperconectividad puede ser muy útil en tiempos de pandemia.

Hay que hacer uso de todas las herramientas de comunicación, como videollamadas, llamadas telefónicas, mensajes, que nos permitan acercarnos emocionalmente. Evitar la desconexión y el desinterés, mantener rutinas de aseo, descanso y hábitos saludables de alimentación.

El compromiso colectivo es vital para ayudar a la contención, además es una obligación cívica. Pero más allá de las sanciones posibles, “estar en casa” podría ser una oportunidad para reencontrarse y compartir todas aquellas cosas que la falta de tiempo no nos permite a diario. Con los adolescentes puede ser tiempo para la conversación, poder escucharlos sin prisa, que mantengan la conexión con sus pares en forma virtual. Con los más pequeños el tiempo para el juego creativo. Con los adultos mayores de la familia mantener el contacto telefónico, la conexión ayuda a aliviar la angustia y mitigar el estrés.

Sería algo así como tener un propósito, algo que se venía postergando por la falta de tiempo, aquel libro que no podías leer, escribir sobre lo que uno siente, arreglar la casa, cocinar, alguna tarea que nos permita salir un poco del tema recurrente. Transformar lo que podría ser una situación que se impone de afuera, en ser protagonista del momento y que sea una oportunidad.

Se recomienda no perder de vista que es una crisis transitoria, que cuando se pueda volveremos a la rutina habitual.

Es importante permitirse expresar los sentimientos que esta situación genera en cada uno. Es esperable sentirse ansioso, confundido, estresado y experimentar malestar. Darse tiempo para detectar y expresar lo que cada uno siente.

Evitar la sobreexposición a la información que desencadena ansiedad y confusión. Seleccionar los canales de información para evitar el aumento de ansiedad y compartirla con los más pequeños de la familia, sin alarmar y que contenga un mensaje esperanzador.

La humanidad entera se encuentra ante una situación de la que poco conocemos y que nos desafía a cuidarnos entre todos. En tiempos de exceso de individualismo, podría ser una oportunidad para contagiarnos de solidaridad y empatía con los otros.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *