Nos hacemos sordos a la voz de los que sufren

Nuestras familias haciendo suyo el grito de los sin voz, deben seguir clamando a voz en cuello, aun a pesar de ser ignorados, sobre todo en el área de las cuestiones que afectan a la familia o la vida y el matrimonio. Una verdad que no podemos callar es la frustración de los que no son escuchados, o porque ni siquiera levantan la voz o porque se han conformado con el sustento diario, “con el pan de cada día”.

La comunidad humana, haciendo suyo el grito de sufrimiento de los pueblos, se ha de empeñar en gastar sus fuerzas en defender las personas, en defender sus derechos, y seguir cultivando los valores morales en la sociedad. Parte de la responsabilidad de la civilización humana, radica en que en su mismo habitan es donde surgen estos desafíos, desde el centro de ella misma surgen individuos capaces de destruir su misma comunidad.

Nuestra sociedad debe reaccionar ante los individuos que actúan negativamente, que son capaces de lesionar el tejido social y que sin escrúpulos humanos reaccionan con alevosía y rencor. La sociedad en defensa de los individuos, debe seguir creando espacios y llanuras donde se desarrolle el pensamiento en defensa de la comunidad.

No debemos perder la capacidad de reflexionar, no podemos pasar por alto la fuente de la verdad, no podemos descartar el poder analizar las situaciones a sangre fría, de tal manera que podamos enfrentar la verdad y no solo eso, sino asumir la realidad fincada en la verdad.  En ocasiones se debe asumir la verdad reconociendo que dentro de la comunidad hay individuos que son los que fomentan la división, los que nos utilizan en la corrupción, los que son actores importantes en la indiferencia y la hostilidad; los cuales deben ser sancionados conforme al código civil y siempre evitar hacer justicia por su propia mano.

Si pensamos en los derechos de las personas, también podemos descubrir que en momentos, la voz de la comunidad no representa a una persona en sí, sino un sentir colectivo, una voz que clama por los demás y que reclama en quien está la autoridad la justicia social. Justicia que debe aplicar en sentido positivo para todos y en sentido coercitivo para los  que violentan la paz de la comunidad.

La respuesta a los derechos violentados en la sociedad, en muchas ocasiones, son tratados con mucha burocracia, de tal manera que no se da respuesta de inmediato. Es un sentir en los que aún se atreven a levantar la voz, es un deseo de los que viven sin voz en la sociedad. Esta situación nos ha llevado a la división a la lucha de unos con otros, sobre todo a descreditar y a perder la confianza en las instituciones.

Hay varias situaciones de la sociedad que deben solucionarse con premura, antes de que sea demasiado tarde, antes de que la misma sociedad haga justicia por su propia mano, antes de que la situación sea tan intolerable que lleve a la creación de grupos de contención que al no estar capacitados deciden frenar la violencia con más violencia. Son diferentes los ambientes y las células sociales que buscan razones de esperanza para seguir creyendo, que buscan razones para seguir luchando justamente. Son diferentes grupos humanos que buscan una respuesta a su voz, que aun buscan con esperanza ser escuchados.

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