Vicente Riva Palacio


H. Zitácuaro, Mich. Vicente Riva Palacio y Guerrero nació en la ciudad de México el 16 de octubre
de 1832.
Fue hijo de don Mariano Riva Palacio, abogado liberal a quien Maximiliano escogió como su
defensor en Querétaro, y nieto del general Vicente Guerrero, su madre fue doña Dolores
Guerrero.
Se recibió de abogado en el Colegio de San Gregorio de la Ciudad de México. Parte de sus estudios
los hizo en el Instituto Literario en Toluca, Estado de México.
Riva Palacio es considerado un personaje admirable, sorprendente y polifacético, dejó una gran
huella entre los pueblos hermanos de Huetamo y Zirándaro, joven político que fue encarcelado.
Elaboró en Huetamo, Michoacán el canto titulado Adiós Mamá Carlota, durante una de sus
estancias en aquella población al saber el triunfo de Mariano Escobedo en la frontera y la salida de
Carlota a Europa en busca de ayuda.
Este canto, escrito por Riva Palacio, ayudó a los chinacos para ironizar y ridiculizar las tropas
imperialistas, también fue publicado en el libro La Ruta Heroica del Oriente Michoacano, de la
autoría del profesor Jesús Teja Andrade.
Para los zitacuarenses, Riva palacio resulta un personaje familiar, ya que desde esta ciudad de
Zitácuaro hizo la defensa de la soberanía nacional ante la presencia del imperio francés.
Es a partir de los últimos meses del año de 1863 cuando encabezó el esfuerzo de los chinacos y
patriotas de esta región en el combate a extranjeros.
Por sus experiencias adquiridas en su lucha contra los intervencionistas, le sirvieron para la
elaboración de algunos libros.
Por ejemplo, en el libro de Calvario y Tabor incorporó algunos episodios que vivió en Zitácuaro.
Como escritor y gran literario, desde joven escribió en periódicos, entre ellos artículos y poemas.
Autor de libros diversos, novelas, obras de teatro, entre ellas destacan El Libro Rojo, Calvario y
Tabor, La vuelta de los muertos, Martín Garatuza, Monja y casa, Virgen y mártir, Las 2
emparedadas y los Piratas del Golfo.
En 1863 fue nombrado gobernador del Estado de México, luego de establecerse en Zitácuaro,
plaza que al fin conservó contra el ataque de las fuerzas enemigas.
En 1865 recibió la encomienda de convertirse nuevamente en gobernador, ahora por el estado de
Michoacán. A la muerte del general Arteaga quedó como general en jefe del Ejército del Centro.

Terminada la campaña de Michoacán entrega las tropas a su mando, y organiza una nueva brigada
con la que, después de sitiar y tomar la ciudad de Toluca, participa en el sitio de Querétaro en
1867.
A la caída del imperio de Maximiliano, vuelve a la ciudad de México y renuncia al mando de tropas
y al gobierno de Michoacán.
En 1874 publicó contra el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada su famoso periódico satírico El
Ahuizote.
En 1884 es encarcelado en la prisión de Santiago por atacar al gobierno del presidente Manuel
González, allí escribió buena parte del segundo volumen de México a través de los siglos.
Fue Magistrado de la Suprema Corte de Justicia y secretario de Fomento. En 1886 es nombrado
Ministro de México en Madrid, en donde fue muy apreciado en círculos oficiales y académicos.
Murió en Madrid el 22 de noviembre de 1896 y sus restos trasladados a México en el año de 1936.
Sin duda, la canción que mejor ilustra el fin de la Intervención Francesa es Adiós Mamá Carlota, de
la autoría del general Riva Palacio.
A continuación su letra.
Alegre el marinero con voz pausada canta, y el ancla ya levanta con extraño rumor. La nave va en
los mares, botando cual pelota: adiós mamá Carlota, adiós mi tierno amor.
De la remota playa te mira con tristeza la estúpida nobleza del mocho y del traidor. En lo hondo de
su pecho ya sienten su derrota: adiós, mamá Carlota adiós, mi tierno amor.
Acábanse en Palacio tertulias, juegos, bailes; agítanse los frailes en fuerza de dolor. La chusma de
las cruces gritando se alborota; adiós, mamá Carlota, adiós, mi tierno amor.
Murmuran sordamente los tristes chambelanes, lloran los capellanes y las damas de honor. El
triste Chucho Hermosa canta con lira rota: adiós, mamá Carlota, adiós, mi tierno amor.
Y en tanto los chinacos ya cantan la victoria, guardando tu memoria sin miedo ni rencor. Dicen
mientras el viento tu embarcación azota: adiós, mamá Carlota, adiós, mi tierno amor. Adiós, mamá
Carlota, adiós, mi tierno amor.

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