El poder y la democracia

El poder y la democracia

P. Agustín Celis

La palabra poder, para las ciencias sociales, es la capacidad de un individuo (que esté en el poder político) para influir en el comportamiento de otras personas u organizaciones sociales. Poder, designa la capacidad o la potestad para hacer algo. Como sustantivopoder puede significar varias cosas: el dominio, imperio, facultad o jurisdicción que tiene alguien para ordenar algo. Como verbo, designa el hecho de tener la facultad o la capacidad de hacer algo: “Yo puedo cargar esas cajas”. Asimismo, puede referirse a la facilidad, tiempo o disposición que tiene alguien para hacer algo.

El poder ejercido desde la política, no ha dado buenos resultados, es más, parece que las verdaderas estrategias del poder se desarrollan en el mundo para sembrar el individualismo, la desintegración, la libertad para los verdaderos poderosos que siempre encuentran la manera de salir indemnes.

Por otro lado, debemos insistir en que el poder no puede estar por encima de la justicia, que es dar a cada uno lo suyo. Esto significa que ningún individuo o grupo humano se puede considerar omnipotente, autorizado a pasar por encima de la dignidad y de los derechos de las otras personas singulares o de sus agrupaciones sociales en virtud de ejercer el poder.

Por eso, debe haber siempre los medios o instituciones que nos ayuden a regular el poder, para evitar que se concentre en una sola persona y sobre todo, que este se ejerza por encima de la dignidad de la persona humana. La distribución fáctica del poder, sea sobre todo, político, económico, de defensa, tecnológico siempre debe estar regulado. El panorama mundial hoy nos presenta muchos falsos derechos, que sustentan el poder en algunos y a la vez, grandes sectores indefensos, víctimas más bien de un mal ejercicio del poder.

En este contexto, se vuelve indispensable la maduración de instituciones internacionales más fuertes y eficazmente organizadas, con autoridades designadas equitativamente por acuerdo entre los gobiernos nacionales, y dotadas de poder para sancionar. Sin embargo, al menos debería incluir la gestación de organizaciones mundiales más eficaces, dotadas de autoridad para asegurar el bien común mundial, la erradicación del hambre y la miseria, y la defensa cierta de los derechos humanos elementales.

En esta línea, considero que es necesaria una reforma. Sin duda, esto supone límites jurídicos precisos, que eviten que se trate de una autoridad cooptada por unos pocos ciudadanos, y que a su vez impidan imposiciones culturales o el menoscabo de las libertades básicas de los ciudadanos más débiles a causa de diferencias ideológicas.

Debemos recordar que los primeros artículos de la Constitución se siembra el desarrollo y la promoción de la soberanía del derecho, sabiendo que la justicia es requisito indispensable para obtener el ideal de la fraternidad ciudadana. Hacen falta valentía y generosidad en orden a establecer libremente determinados objetivos comunes y asegurar el cumplimiento en nuestro país de algunas normas básica, de manera que se evite la tentación del derecho de la fuerza, más que a la fuerza del derecho.

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