Despertar de la tierra

El amor hacia ti

No quiero morir antes de dejar un legado, no quiero morir sin antes dejar un camino por donde pasarán aquellos que abrirán nuevas rúas más adelante. Nuestros hijos deben empezar un escalón más allá de donde empezamos, no es que les vayas a hacer el trabajo, es que les vas a ahorrar un trecho de camino que ya está caminado, que no les hará más que perder tiempo experimentando lo experimentado. El camino de las cosas posibles está muy visto, no los entretengas, que no pierdan su vida recorriéndolo como aprendizaje cuando ya sabemos las consecuencias. El tiempo es valioso para su crecimiento y es poca una vida.

 Tampoco el darle dinero para que se sienta cómodo frente a sus amigos debe tomarse como predisposición a la maledicencia, es darle las herramientas necesarias para que se pueda defender ante los embates de una sociedad que quiere absorberle, comérselo y perderlo como servil proveedor. Con tu ayuda, con tu legado, tu hijo tiene que salir de tu casa confiado, tiene que salir de su caparazón fortalecido, debe salir preparado, listo, firme, con la finalidad de ser libre. Está obligado a tener libertad, debe morir en ello, no solo en materia, debe serlo también en el espíritu y la manera de lograrlo, es haciéndolos pensar, enseñándole a ser críticos y una herramienta poderosa es enseñarle el amor a sí mismo.

Vemos como la sociedad metida en sus problemas emocionales y materiales se ha olvidado de sí misma, en lo particular ha abandonado su atención, prestándole más atención a la necesidad grupal. No es malo en sí, sino fuese porqué la necesidad del grupo va en contra de la necesidad personal, el paradigma a cambiar es ese, se debe empezar a pensar en el sí mismo para que el grupo modifique su percepción, ¿Pero… será lo mismo? Suena a lo mismo, si cada uno en lo personal está ligado al grupo, si el grupo se mueve, se mueve la persona, si hoy las ideas se mueven hacia el grupo ¿Por qué tendríamos que regresar a la individualidad y después regresar al grupo? Ese es el dilema en el que estamos, esa subjetividad es la que nos tiene metidos en crisis, pero así se están presentando las cosas, las muchedumbres hoy no tienen la razón, se rigen por emociones y moralidades no personales, cuando se adentran en la persona se pierde la multitud, entonces se debe ahondar en la moral personal hasta que caiga en la sima de su propia vergüenza y adquiera la responsabilidad de sí, en ese momento, su conciencia individual se va a replicar para hacerla una conciencia social, integrará a la multitud. Al llegar a esas profundidades, hasta caer tan bajo, podrá amarse y empezará a amar a su entorno.

 Ese es el destino hoy para la tierra, aunque en ello se vayan dos terceras partes de la humanidad, al final quedarán aquellos que se encontraron en los bajos fondos del sí mismo, no es que aludamos a Zacarías 13:8, no, eso lo dejamos para los exegetas. Lo nuestro es más mundano, más simple, es solo una proyección subjetiva basada en acontecimientos, nuestra información aún se basa en mitos y patrones, la pandemia nos ha dejado esa enseñanza, que todo se puede trastocar con un simple paso hacia los lados, que un virus pequeño puede mover enormes cantidades de masa, que la muchedumbre nunca tendrá la razón y que nos siguen engañando para mantenernos vivos, debería habernos enseñado algo más, que el animal más propenso a la extinción ahora es el hombre, que el cambio climático ha sido superado, ya no es el malo de la historia, es el hombre que no piensa en su futuro como sociedad, sino como ente separado de ella.

 El hombre que no entiende que somos un ente vivo todos en su conjunto, que la tierra es solo un vehículo, que el cuerpo es solo un vehículo, que las herramientas que nos entrega la tierra son para vivir con ella, no para vivir de ella, eso es demostrar amor hacia ti, el amor que debes de generarte debe ser superior a todos los odios, y todas las justificaciones de la maldad, la fortaleza de los demonios tú se la das, si esos demonios dejan de gobernar tu mente, lograrás liberarte, podrás ser de aquellos que serán purificados por sí mismo, cuando tengas de ti la aceptación, el valor, el pensamiento positivo y te tengas consideraciones a la hora de la toma de decisiones. Si entendemos al amor propio según Fromm, es el amor que tienes hacia los demás es el mismo que te tienes a ti mismo. El amor está alejado de las pretensiones o fuera de los sentimientos que lo difuminan, el amarse se reflejará en el cuidado que tenga una persona de su entorno, si se ama, ama a la creación, la tierra estará en buenas manos, si esas manos son de un ser que se ama a sí mismo, este procurará cuidar su casa y templo, estará alejado de las pasiones que provocan los conflictos.

La tierra o Gea, diosa de la fertilidad ha sufrido de la ingratitud de las personas, la falta de amor, creemos que ha sufrido más por la ignorancia de las personas y de la falta de percepción de la creación. Las mentes malvadas que dominan a la mayoría de los hombres, los han cegado con el brillo de los espejos, mientras chupan sus energías para seguir viviendo cómodamente, sin importarle el mal que ocasione la acción que el hombre haga para satisfacer la necesidad que se le crea. El hombre cegado y obcecado no medirá consecuencias, pensará que la vida es una, que debe vivirla al filo de la muerte y que su pequeña acción no repercutirá en el universo. Desde luego está equivocado, su amor está destinado al fracaso y vivirá en constante fricción, su amor por sí mismo debe estar en comunión con la tierra, que es la dadora de vida, sin ello, la sociedad está destinada al fracaso, como lo estamos viendo ahora, que como sociedad somos un fracaso.

 Ese fracaso se ve en la forma en la que combatimos los desastres de salud, no sabemos cómo comportarnos ante ellos, no pudimos parar una pandemia, no hemos podido para un ciclón, ni un huracán, no hemos podido parar un sismo ni una erupción volcánica, no podremos para el ciclo de la tierra. Si nos resistimos a estos fenómenos, pereceremos. Los que han muerto, por las circunstancias que sean, han perecido por su propia mano, su acción o inacción demuestra que no somos capaces de amar a la creación, que no somos capaces de amarnos a nosotros mismos. Somos los amantes de la destrucción, seamos a partir de hoy, amantes de la creación y nosotros somos la más grande creación de la tierra, al igual que cada ser que vive en nuestro entorno. Amarnos a nosotros mismos, nos ayudará a amar a todos los seres, nos dará herramientas para vivir en paz.

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