Despertar de la tierra

El día cero ¡Ya llegó!

¿Es necesario repetir hasta el cansancio el diagnóstico de una enfermedad para que el paciente haga algo por sanarla? La lógica dice que no, que el paciente con la dolencia en ristre debería buscar la sanación por decisión propia; sin embargo, es una pregunta recurrente en mi mente, cada que veo o leo noticias donde la naturaleza se manifiesta de manera brutal, síntoma irrefutable de una enfermedad, y nosotros solo nos quedamos con la boca abierta un instante, vemos, decimos que es algo normal, que es algo natural, abrimos los ojos desmesuradamente, apechugamos, nos conformamos, después cerramos la boca una vez aceptado el cambio y seguimos con nuestras actividades cotidianas.

 Aceptamos la enfermedad como un designio divino, así justificamos nuestra inacción y nuestra forma de ver la destrucción del mundo por nosotros mismos y la razón más importante que aducimos, es que la fatalidad que provoca la naturaleza en el hombre no nos pasó a nosotros, le pasó a alguien lejano y no nos incumbe, deseamos parabienes, que dios los tenga en su gloria y los ayude. Hasta allí llega nuestro accionar. La otra razón, la más socorrida, si es que, si nos pasó, culpamos al dios de nuestra devoción señalando que así lo quiso y damos consejos a los demás de que se cuiden si sobrevivimos y seremos el ejemplo más claro de la misericordia divina, gritaremos que sé cuiden, porque a ellos también les puede pasar y que no es agradable vivir con el dolor toda la vida. Tendremos nuestro minuto de fama.

 Al poco tiempo dejaremos que la vida siga, al fin la naturaleza una vez despierta no hay fuerza humana que la detenga. Así nosotros podemos seguir nuestra vida, con la esperanza de que a nosotros no nos llegue y si nos llega qué no nos haga sufrir. Sin que reaccionemos sobre las cosas negativas que provoca nuestro sistema de vida, vemos como la naturaleza se manifiesta en su lenguaje y nosotros somo simples mirones, espectadores de papel. Nuestra conciencia algunas veces protesta, si vemos el maltrato de un animal, si vemos como asesinan a seres considerados indefensos, pero no reaccionamos cuando se destruyen enormes bosques, ni selvas, ni desiertos, ni ríos, ni canteras, considerados seres inanimados.

 La muerte de un perro y un gato nos hace reaccionar violentamente, la muerte de un humano ya no. La muerte de la tierra tampoco, porqué la vemos solo en una fracción de tierra, solo en nuestro entorno, solo levantamos las cejas ante un basurero, solo maldecimos ante una tala, ante un incendio provocado, pero no hacemos más, ¿Dónde queda nuestra conciencia? Dejamos que el hombre en su conjunto sufra su destino, que sufra las consecuencias de sus actos, aunque por tener la mente cerrada no se entere ¿Y las acciones de mitigación dónde quedan? ¿Dónde está la labor de concientización puesta en práctica?, ¿Todo se queda en consejos y buenos deseos?

Pareciera que sí, que efectivamente somos seres de costumbres y que la inercia nos gana, así que seguiremos actuado irresponsablemente hasta que el camino nos sea cortado, estaremos pues señalando la piedra que está en el camino, para que alguien, en algún lugar, en algún momento decida retirarla y actúe en consecuencia, mientras nosotros podemos verla y decir: ¡A mí no me corresponde moverla, que lo haga a quien le estorbe”, y la piedra seguirá entorpeciendo el libre tránsito, hasta que el atasco sea muy notorio y no tengan más opción que limpiar el camino, pero el hombre seguirá obsesionado con no asumir su responsabilidad y culpará a otros sin atreverse a quitar la piedra.

 De esa manera la tierra ha llegado al cenit, todo lo que queda ahora es de bajada. Para la tierra será un alivio, para el hombre será la prueba más dura, que los antes muertos serán la envidia de los vivos, porqué el día “cero” ¡Ya llegó! El punto de no retorno es hoy. Ya no podemos soslayar que el principio del fin de esta raza está en proceso y, aunque sientan repetitivo el tema, nadie puede negar que el mundo ha cambiado en escasos 3 años de manera brutal… cuando empezamos a referir en 2017 que algo no iba bien, no dimensionábamos que no tan bien iba, pero ya veíamos con preocupación el camino que llevaba y recomendábamos que debíamos recular, que debíamos modificar nuestros hábitos, si es que queríamos sobrevivir. El hombre debería de modificar sus patrones de consumo o su vida correría peligro.

 Sabemos que el hombre común, la muchedumbre, es muy fácil de manipular. Basta crearle una necesidad, modificarle una letra a una palabra, meterle miedo y sus pensamientos estarán enfocado en retirarse el miedo de encima, llámenle como quieran, miedo a la muerte, miedo al fracaso, miedo al cambio, miedo al sufrimiento, o miedo al miedo, pero retirarle el miedo al consumo no es la opción para los amantes del dinero y de vivir a expensas del trabajo de la muchedumbre. Por eso no se han producido cambios enormes, ni en sustancia. Lo que no ha entendido la humanidad en su conjunto, es que ese miedo o esa necesidad creada para su solaz, nos está matando, paso a paso, y aunque les hagan creer que a quien matan es a la tierra, que la que muere es la tierra, es una vil mentira para acallar mentes suspicaces y somnolientas, pero no, la que morirá no es la tierra, no son los animales, no serán las plantas, nos estamos matando a nosotros mimos, como humanidad, como sociedad libre.

 La condena de muerte es para el hombre en su conjunto, hecha por él mismo. Los animales, las plantas y los minerales no identifican el problema como tal, ellos están aquí para contribuir a la vida sin prometer ni esperar, para dar sin exigir algo a cambio, solo son, solo actúan, son naturaleza, el hombre si actuase en consecuencia, no estaría en este predicamento. Hoy, aunque cambie por completo sus hábitos de consumo, no se salvará de sufrir los embates de las consecuencias de sus actos, pero si podría reducir el daño a la raza humana, pero no lo hará, no hay un líder que los una, no hay una idea que los reúna. Para ponerse de acuerdo la mayoría se requiere un líder mundial, o la totalidad del planeta debería sufrir los mismos eventos a la vez, solo nos queda a los pocos que somos aún analizar los riesgos que estamos teniendo, para identificar el día “cero” y cómo llega a nuestra área de movimiento, y trabajar cada uno en las regiones donde nos desenvolvemos para minimizar los daños en nuestras personas.

 Debemos observar las líneas de los eventos, para poder sacarles la vuelta, por ejemplo: la zona de mayor riesgo de sismos ahorita es El Caribe, Turquía, China y el Mediterráneo. Las que le siguen de riesgo, son Japón, Perú, Centroamérica y la de la intensidad se ha reducido en México. Las zonas de mayor riesgo de inundaciones son el centro de China y Norte de Turquía; las zonas de mayor riesgo de incendios son Estados Unidos, Rusia y Grecia; riesgo de huracanes, Filipinas, Japón, Norteamérica y el Mediterráneo; riesgo de erupciones volcánicas en el Mediterráneo, Japón, Filipinas, México, Alaska y Kamchatka; riesgo de heladas extremas, norte de Estados Unidos, Sur de Argentina y Brasil, Europa, norte de Rusia y China; tormentas de arena en Rusia, Arabia y Estados Unidos; casi todos los puntos están siendo afectados entre el Ecuador y el trópico de Cáncer, eso nos da una idea de que los cambios geográficos, geológicos y topográficos se darán con mayor intensidad en esta zona, desde luego, cambiando una zona arrastra a las otras.

 Mientras que las zonas centrales o subterráneas no sufrirán los mismos cambios, y están a salvo de las inundaciones producto del deshielo de los polos y del cambio de las corrientes marítimas. En las costas podemos tener un caleidoscopio bastante preciso, en cuanto el agua entre en las zonas habitadas; el cambio de temperaturas en el polo norte, como está sucediendo, que se está haciendo más cálido, tiene por polaridad que modificar alguna zona cálida a fría, quizá por ello en las zonas más al centro de Brasil, Chile y Argentina empiezan a ver caer hielo.

 Así se presenta el escenario al día de hoy, y no vamos a dejar de repetirlo, hasta que un nutrido grupo de personas lo identifique y empieza a modificar sus hábitos y líneas de pensamiento, ya que solos no podemos cambiar mucho, y a cómo se ve la urgencia, ni con geoingeniería podrán cambiarlo de manera importante, ya que el tiempo de la naturaleza es distinto al del hombre y tendría que irse cambiando de manera paulatina. Lo que sabemos relajaría la presión sería reducir a la población a una tercera parte, algo que ya se viene observando, si es que la pandemia y las guerras son propias de la naturaleza, está siendo selectiva al eliminar seres negativos y enfermos, los cuales están muriendo de manera gradual.

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